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Ciclismo: La burbuja que protege a la Vuelta a Asturias del covid

Un estricto protocolo sanitario blinda a los corredores del contacto con personas ajenas a su equipo

La presentación del equipo Gios sin presencia de aficionados.

La presentación del equipo Gios sin presencia de aficionados. Miki López

El covid 19 impidió la celebración de la Vuelta a Asturias de 2020, pero en esta edición la burbuja sanitaria puesta en marcha por la organización para blindar la salud de la cita asturiana permite afrontar con garantías la carrera, que ayer afrontó su primera etapa, con salida en Oviedo y final en Pola de Lena, marcada por las restricciones y con un estricto protocolo sanitario cuyo objetivo es minimizar los riesgos ante la pandemia.

Un grupo de corredores en el control de firmas Miki López

Las medidas adoptadas, siguiendo un estricto protocolo estipulado por la Unión Ciclista Internacional, comienzan con la burbuja de los ciclistas. La intención es que tengan el menor contacto posible con personas del exterior. En este sentido, ayer no se realizó el clásico control de firmas de los ciclistas, quedando reducido a una presentación de los equipos, sin la presencia de público a su alrededor. Los aparcamientos destinados a los autobuses, que son un habitual punto de contacto entre los ciclistas y los aficionados, estaban delimitados y sin acceso para los espectadores. Los ciclistas, siempre con las mascarillas puestas: solo se las pueden quitar cuando estén en carrera o en su habitación de hotel.

Miki López Diferentes espacios delimitados en la zona de meta y podio de Pola de Lena

El jefe de los servicios médicos de la Vuelta a Asturias y responsable del protocolo del covid-19, Santiago Zubizarreta, que lleva casi cuatro décadas como médico en la Vuelta a Asturias, desde 1984, señala que “todos los corredores de los equipos presentes tuvieron que presentar una PCR negativa, realizada con 72 horas de antelación, una prueba que también tendrán que hacer a la conclusión de la Vuelta para poder regresar a sus respectivos países”. Para el resto de personal presente en la Vuelta, Zubizarreta indica que “se les realiza un test rápido de diagnóstico, independiente de que estuviesen o no vacunados. Realizamos más de 200 test, todos ellos negativos”. Los análisis se realizaron en un autobús acondicionado para ello y en tres carpas situadas en la salida de la etapa. El responsable médico señala que “el protocolo de seguridad exige cambios en todo lo que conlleva la relación con los corredores y debemos adaptarnos a ellos y cumplirlos”.

uno de los integrantes de la Vuelta recogiendo la documentación para la realización del test de antígenos. | Miki López

En el entorno de la salida, 30 voluntarios desplegados por la organización fueron los encargados de que los espectadores cumpliesen las distancias de seguridad, evitando la formación de grupos, y que las personas estuviesen en circulación en caso de no mantener la distancia de seguridad.

Durante la carrera no hubo aglomeraciones de público, a pesar de que en los puertos hubo bastante presencia de aficionados. No ocurrió así en la llegada a Pola de Lena, con una gran afluencia de espectadores en la recta de meta. En la entrega de premios se volvió a poner en práctica un estricto protocolo de seguridad, con zonas perfectamente acotadas para los patrocinadores, autoridades, prensa y ciclistas. La entrega de los premios también fue distinta, sin ningún contacto con los corredores. Las autoridades encargadas de realizarla entregaban el trofeo al corredor y se retiraban a un segundo plano, manteniendo siempre la distancia. Es el ciclismo del covid-19, en el que no hay espacio ni para los autógrafos ni para los ‘selfies’ de los aficionados.

El médico Santiago Zubizarreta y la enfermera Laura Alonso Buitrón, en el autobús, realizando una de las pruebas de test rápido Miki López

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