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Segunda vuelta de Egocheaga

El alpinista asturiano, que completó los 14 ochomiles del planeta en 2014, repite en el Manaslu junto al zamorano Martín Ramos

Jorge Egocheaga, al fondo, y Martín Ramos, durante su ascensión al Manaslu. | M. R.

“Al completar mi última cumbre elevada más allá de los 8.000 metros concluyo un ciclo vital que nunca creí llegar a completar”. Las palabras de Jorge Egocheaga Rodríguez (Oviedo, 11 de julio de 1968) en mayo de 2014, pocos días después de hacer cumbre en el Kangchenjunga (8.598 metros) y entrar en el selecto grupo de los alpinistas con los catorce ochomiles del planeta, parecían indicar que sus inquietudes se dirigirían hacia otros retos en las montañas. Así ha sido durante siete años, pero el martes, sobre las 7 de la mañana en España, volvió a pisar la cima del Manaslu (8.163 metros) junto a su amigo zamorano Martín Ramos, que va por su décimo ochomil.

Fiel a su costumbre, Egocheaga no ha difundido su nueva aventura. Los detalles se conocen por las publicaciones de Martín Ramos en sus redes sociales. En ellas, el zamorano fijó en las 11 del martes, hora nepalí, el momento de la cumbre en el Manaslu. Y añadió: “Como no habíamos pasado del C3, nos sorprendió la dureza del tramo entre el C3 y el C4, y al bajar decidimos quedarnos en el C3 para desmontarlo y bajar hoy (por ayer) tranquilamente hasta el CB después de desmontar el C1, con lo que tenemos todo en el CB para empezar a organizar la vuelta”.

Pese a la satisfacción por convertirse en el quinto español en completar los 14 ochomiles, Egocheaga siempre relativizó la importancia del reto más mediático del mundo de la montaña. “Quiero reiterar que mi aportación al alpinismo ha sido insignificante y, por ende, no me considero merecedor de aplausos ni reconocimientos”, declaró a LA NUEVA ESPAÑA en 2014. Precedieron al ovetense en la relación escaladores españoles tan prestigiosos como Juan Oiarzabal, Alberto Iñurrategi, Edurne Pasaban y Carlos Pauner.

Desde 2008 (Gasherbrum II), Martín Ramos y Egocheaga han compartido numerosas expediciones, alguna problemática como la del Kangchenjunga en 2011, truncada por una avalancha que les provocó heridas leves. Volvieron dos años después para que el ovetense completase su serie de ochomiles, momento en el que Martín Ramos escribió: “Me considero un privilegiado por tener como compañero, como amigo, como hermano, alguna vez casi como padre... a Jorge. Sé que es una persona que provoca, en igual medida, admiración y desesperación, pero cuando se es fiel a uno mismo de la manera que lo es Jorge con sus principios, uno está muy por encima de opiniones, estereotipos, modas u otros convencionalismos superfluos y transparentes”.

Martín Ramos se refiere a la particular forma que Egocheaga tiene de relacionarse con la montaña. Una filosofía con la que el zamorano coincide plenamente y que volvieron a poner en práctica en el Manaslu: con una gran rapidez, sin oxígeno artificial, sin sherpas de apoyo y sin grandes despliegues de material. El plan de los dos españoles comenzó el 26 de septiembre, con la salida de Martín Ramos hacia el campo 1. Al día siguiente lo hacía Jorge Egocheaga, con la intención de encontrarse en el campo 3. Una vez allí, la idea era descansar unas horas e hidratarse bien para continuar hacia la cumbre el 28 de septiembre. Todo salió a la perfección, a pesar de las dificultades que se encontraron entre los campos 3 y 4, zona en la que se produjo el fallecimiento de una alpinista estadounidense.

“Vi la muerte muy cerca”, reconocía Egocheaga en 2014, al hacer un repaso a los doce años que habían pasado entre su cumbre en el Everest (2002) y la del Kangchenjunga (2014). El ovetense tuvo la suerte o la pericia para volver de las montañas, pero allí dejó a dos personas muy importantes en su vida: el vasco Iñaki Otxoa, “mi hermano y amigo”, y su novia, Joëlle Brupbacher. Por y para ellos fueron los catorce ochomiles, como explicó entonces: “Ahora, como prometí, solo me queda dedicar estas cimas a Joëlle, a Iñaki, a Nancy, a Jose. Suyas son, y espero que allá donde estén sientan que su ilusión se ha llevado a cabo. Mientras, yo me desprendo de una mochila que realmente nunca deseé portear”.

Fiel a su filosofía del alpinismo, Jorge Egocheaga nunca ocultó que en una de las montañas más peligrosas del planeta, el K-2, se quedó al borde de la cumbre. “Me di la vuelta cuando estaba a catorce metros de la cima, donde había una plancha de hielo. Hay cumbres de ocho mil metros en las que no se puede pisar el punto más alto”, explicó sin dar importancia a las valoraciones ajenas.

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