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La canasta más valiosa de Paula Ballvé: consigue un autobús y trae a 38 refugiados

l “Están aterrorizados”, cuenta la exjugadora ovetense de baloncesto tras poner a salvo a los desplazados | “Ahora me doy cuenta de que nada tiene mucha importancia”, confiesa

Ballvé, con material sanitario, cerca de la frontera ucraniana.

Paula Ballvé (Oviedo, 1983) estaba en su casa de Logroño saturada por las noticias de la guerra de Ucrania en televisión y decidió hacer algo. “Me producía mucha tristeza”. En vez de lamentarse, esta exjugadora de baloncesto asturiana, actual coordinadora del Club Promete (Logroño), actuó. “Pasé por un concesionario y pregunté que por cuánto me dejaban una furgoneta para ir a la frontera con Ucrania y poder ayudar a los refugiados de la guerra con Rusia. Me dijeron que me la dejarían gratis”. Finalmente, no fue una furgoneta, sino un autobús.

En él, Ballvé y sus colegas trasladaron 500 cajas de material sanitario para asistir a los ucranianos. “Nos pusimos en contacto para saber qué necesitaban y nos dijeron que la gente no estaba muriendo de hambre, sino desangrados”, explica la ovetense, que ya está en Logroño tras una experiencia de siete días en la frontera ucraniana con Polonia. En el viaje de ida a Ucrania organizado por la exjugadora de baloncesto viajaron ocho personas. En la vuelta iban a bordo 46: 38 de ellas refugiadas, que están lejos de su hogar pero al menos a salvo de las bombas. Se reparten entre Francia, Barcelona, Pamplona, Logroño y Madrid. La mayoría eran madres con hijos pequeños, aunque también había algún anciano.

Ballvé describe lo vivido en el centro de refugiados de Przemysl (Polonia). “Es una especie de parque comercial, como Parque Principado, en el que van entrando todos los refugiados. Les ponen una pulsera y con eso pueden tener acceso a los lugares y también pueden comer caliente. En el centro se respiraba cierta tranquilidad, no había un ambiente bélico, pero sí mucha tristeza. Los refugiados son personas que acarrean con toda su vida en dos bolsas de plástico”, asegura Ballvé. Los ucranianos, cuando llegan al centro, rellenan un formulario en el que exponen sus preferencias para irse a algún país en base a sus amigos, familiares o contactos.

Ballvé, con una niña ucraniana refugiada.

Los voluntarios intentan trasladarlos al lugar que ellos escogen. Eso fue lo que hicieron Ballvé y sus colegas, en un viaje de vuelta muy triste, en el que apenas hablaba nadie. “Los refugiados están ausentes, casi no se comunican. Nosotros estábamos pendientes de ellos por si necesitaban cualquier cosa, pero preferimos no agobiarles. Ellos eran conscientes de que se iban de su país y que quizá nunca más van a volver. Su realidad es que se van porque les echan las bombas. Según iban pasando las horas me di cuenta de que estaban aterrorizados”, detalla la asturiana sobre una experiencia que le ha marcado para el resto de su vida. “Cuando regresas a casa te das cuenta de que nada tiene mucha importancia. Tú vuelves a tu realidad, pero ellos ya no la recuperarán”, expresa. Ballvé lleva diez años en Logroño, aunque hizo una gran carrera como baloncestista en Asturias. Militó en el Aucalsa, Vetusta, Universidad de Oviedo, ADBA y Expobasket. El Badajoz y el Promete, donde es directiva en la actualidad, fueron sus equipos de fuera de la región. La ovetense agradece a su actual club la libertad que le dio para su viaje humanitario: “Nunca lo olvidaré”.

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