El entrenador mierenses de baloncesto Arturo Álvarez: Un dulce sorbo de élite

El técnico hace un balance positivo de su breve paso por el banquillo del Estrella Roja con Dusko Ivanovic: "Fue un máster avanzado"

Arturo Álvarez, a la derecha, con Ivanovic, en el banquillo del Estrella Roja.

Arturo Álvarez, a la derecha, con Ivanovic, en el banquillo del Estrella Roja. / Javier Sámano Lucas

Javier Sámano Lucas

Duró poco. Desde luego, mucho menos de lo previsto. Pero nadie le va a quitar al mierense Arturo Álvarez los meses que pasó trabajando codo con codo con Dusko Ivanovic -actual entrenador del Baskonia y un tótem de los banquillos del Viejo Continente-. Álvarez fue, de agosto a octubre, ayudante de Ivanovic en el Estrella Roja de Belgrado. Después de una carrera de casi treinta años como técnico, pudo disfrutar de la oportunidad de entrenar en la máxima élite del basket, en la Euroliga, en un templo como el Pionir Arena que congrega en cada encuentro a veinte mil bulliciosos aficionados. "Antes de los partidos, el himno de la Euroliga ni se escucha, la gente no deja de cantar. No sé si volveré a vivir algo igual", admite.

Ivanovic fue despedido, para sorpresa del propio Álvarez ("no me lo esperaba, cuando un entrenador como Dusko es despedido tan rápido después de lo bien que lo hizo la temporada pasada es que hay algo más detrás de esa decisión, el club debería haber tenido más paciencia") el pasado 22 de octubre, con el equipo líder de la Liga Adriática (3-0), pero en una mala dinámica en Euroliga (1-3) que acabó con la paciencia del controvertido presidente del club y exalcalde de Belgrado Nebojsa Covic. Álvarez tuvo la oportunidad de integrarse en el staff del nuevo entrenador, Ioannis Sfairopulos, pero declinó la opción por una cuestión de "ética profesional": "Dusko fue quien apostó por mí, lo justo era salir con él".

Aunque efímero, el tiempo que pasó junto a Ivanovic resultó especialmente instructivo ("fue un máster avanzado") para Álvarez, que define al preparador serbio como una persona "educada y cercana, un auténtico caballero de los que quedan pocos en el baloncesto" y un jefe "exigente al máximo", como atestigua la estajanovista rutina de trabajo del asturiano bajo sus órdenes: "Yo me encargaba de trabajar con los hombres altos del equipo y de analizar la defensa de los equipos rivales, además de colaborar con el staff en otras muchas cuestiones. Un día normal me levantaba a las siete de la mañana, a las ocho ya estaba en las oficinas y hasta las nueve de la noche no volvía a casa".

Un ritmo frenético

Durante su tiempo en Serbia, Álvarez hizo de todo menos turismo. "La gente me pregunta qué tal Belgrado, pero prácticamente no he visto nada -cuenta-. Antes de empezar la temporada, hicimos tres giras de amistosos, por Alemania, Italia y Chipre. Luego, cuando empezó la temporada, teníamos tres o cuatro partidos por semana entre la Liga Adriática y la Euroliga. Para no saturar a los jugadores, intentábamos combinar sesiones cortas de vídeo con entrenamientos no muy pesados". El ritmo de vida que impone un calendario tan condensado es un condicionante decisivo tanto en la vida personal como profesional de un entrenador de Euroliga: "Por momentos, olvidas tu vida personal. Tienes que ir detrás del calendario. Un día desayunas en Bolonia y cenas en Belgrado y, al día siguiente, tienes que jugar en Mónaco. Eso te exige mucho como gestor de grupo".

En la plantilla del Estrella Roja se encuentran viejos conocidos del baloncesto español del pedigrí de Adam Hanga, Mike Tobey o Rokas Giedraitis ("da gusto trabajar con ellos, tienen una idea del juego similar a la nuestra y son personas excelentes, me sorprendió gratamente su comportamiento tanto dentro como fuera de la cancha") o de Milos Teodosic, exbase de Los Ángeles Clippers de la NBA y autor del triple con el que Serbia apeó a España del Mundobasket en 2010. "No había visto jamás un jugador con la capacidad de pase de Milos -relata Álvarez-. En los entrenamientos, veía cosas a una velocidad increíble, líneas de pase que no existían, te hacía disfrutar cada día con una jugada increíble". No obstante, dice, no recuerda un jugador del equipo con el que no resultase sencillo trabajar: "Los jugadores de Euroliga llegan a ese nivel por algo. Todos son tremendamente profesionales y muy inteligentes. Pueden asimilar muy rápido un libro de ochenta jugadas y aplicarlo en la cancha sin ningún error. Eso, para un entrenador, es una ventaja enorme".