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Veterano de pedigrí

A cuantos le conocimos nos resultará imposible olvidar la sonrisa de Miguel Montes y ese optimismo de quien transitó por la vida librando mil batallas como sportinguista. Como la de los difíciles años que le llevaron a viajar de urgencia desde su destino militar africano para poder tomar parte en el Torneo de Palma, el de las tres cruces en Mallorca.

Incluso ya apartado del fútbol activo, siguió batallando en la vida como veterano de pedigrí: rotundo, categórico y siempre sensible, hasta que su corazón se cansó. Pero realmente esa última batalla también la ganó, porque a esa inolvidable sonrisa de persona cabal, sincera y fiel a sus propios sentimientos, añadió el recuerdo imperecedero que supo labrar en vida y que nos ha dejado en herencia.

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