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Antonio Rico

Fútbol es fútbol

Antonio Rico

En la azotea con Clint Eastwood

Buscando la manera de evadirse de los fichajes millonarios y de los culebrones de traspasos frustrados

Cuando el forastero del poncho, sombrero y cigarro interpretado por Clint Eastwood en “Por un puñado de dólares” llega al pueblo de San Miguel, lo primero que hace es subirse a una azotea para echar un vistazo porque, según dice, las cosas vistas desde arriba causan menos impresión. Y así es. La brutal disputa entre la familia Rojo y la familia Baxter para hacerse con el control de un pueblo polvoriento de hombres muertos y mujeres viudas, que terminará en una masacre a la altura de la Boda Roja de “Juego de tronos”, es todavía más ridícula, pequeña, absurda y sin sentido vista desde arriba que contemplada desde la taberna de Silvanito o desde el taller del fabricante de ataúdes. Los futboleros necesitamos con urgencia una azotea como la de Clint Eastwood en un “Puñado de dólares” o como el globo aerostático inventado por el Mago Morgano con el que el Capitán Trueno, Goliath y Crispín viajan por el mundo obteniendo desde arriba una visión más exacta y medida de las cosas.

Paseando por San Miguel, la disputa entre los Baxter y los Rojo tiene talla universal y una magnitud épica comparable a la disputa entre griegos y troyanos después del rapto-huida de Helena. Lo mismo ocurre con el no-fichaje de Mbappé, el trasvase Tajo-Segura de Messi o el regreso al pasado de Cristiano Ronaldo. Desde una azotea o desde un globo, la disputa entre el PSG y el Real Madrid para hacerse con el control del fútbol mundial se parece bastante a la disputa entre los Rojo y los Baxter para dominar las calles de San Miguel. No necesitamos a un pistolero con poncho y mirada gélida o un caballero medieval con buena espada y mejores puños que impongan el orden en este fútbol desquiciado. Solo nos hace falta la azotea o el globo. Nada más. El fútbol es una diversión maravillosa. Pero si los dueños del negocio del fútbol insisten en dispararse en plena calle e invertir más tiempo en intrigas para conseguir los servicios de los mejores pistoleros que en resolver los inquietantes desafíos filosóficos provocados por el VAR, entonces el balompié ya no es un deporte maravilloso sino una vulgar competición entre coleccionistas de cromos.

Como los Baxter y los Rojo, y sus innumerables réplicas aquí y allá, van a seguir matándose y contratando pistoleros, la única manera de que los futboleros podamos seguir viendo partidos de fútbol en San Miguel sin que las náuseas ante esos traspasos millonarios, sueldos sin honor, intermediarios psicópatas y representantes codiciosos nos impidan ver el sol es contemplar los partidos de fútbol sentados en la azotea con Clint Eastwood o subidos en globo con el Capitán Trueno. El fútbol, desde arriba, es menos miserable. Desde arriba, los duelos entre los pistoleros a sueldo de los Rojo y los Baxter se ven de otra manera. La “trilogía del dólar” que forman Messi, Mbappé y Ronaldo y el espagueti wéstern en que se ha convertido el tira y afloja entre el Real Madrid de Florentino Pérez y el PSG de Nasser Al-Khelaïfi se contemplan de forma diferente si tenemos al lado a Clint Eastwood o al Capitán Trueno.

El fútbol moderno es “Por un puñado de dólares” pero con VAR. Desde la azotea, sigue siendo fútbol.

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