Opinión | Fútbol es fútbol

La opinión de Antonio Rico: Templos griegos, Pireo y campesinos saboyanos

1. Templos griegos. Eustacio de Sebaste se preguntaba en el siglo IV: "¿Cómo atreverse a encerrar a Dios, que es ubicuo, en los templos?". Buena pregunta. Pero la respuesta del Concilio de Cangras fue todavía mejor: "No encerramos a Dios en el templo, sino a los fieles". Sin embargo, y a diferencia de los templos cristianos, los templos griegos o egipcios no eran lugares para albergar a los fieles, sino a los propios dioses. El speaker (o sea, el presentador, o si se quiere el animador) del estadio El Molinón-Enrique Castro Quini saluda a los aficionados antes de los partidos y les da la bienvenida al templo. ¿Qué tipo de templo es un estadio de fútbol? ¿Es un templo cristiano, o más bien griego o egipcio? Sostengo que los estadios de fútbol fueron, en su origen, templos griegos que servían para encerrar a los dioses, es decir, a los futbolistas. Pero, en el fútbol moderno, los estadios son templos cristianos que no sirven tanto para encerrar a los dioses como a los fieles. Estadios que parecen discotecas, con diseños atrevidos y carísimos, tiendas y restaurantes, "complejos de ocio", palcos, animación en los descansos, asientos individuales… Estadios para los fieles, pero con poco encanto.

2. ¿Por qué Olympiakós? Los futboleros somos del equipo de nuestra infancia. Punto. Pero ¿cómo saber a qué equipo griego, francés, inglés, alemán, italiano o lunático animar cuando el corazón está con el Barça, el Atlético de Madrid, el Athletic Club o el Sevilla? Ahí van unas pistas. En Grecia, hay que ser del Olympiakós de El Pireo. ¿Por qué? Porque es el equipo de Illya, la maravillosa prostituta interpretada por Melina Mercouri en la película "Nunca en domingo", y es a los futbolistas del Olympiakós a los que Illya canta, en su habitación, "Los niños del Pireo". En Francia, hay que ser del R. C. Lens. ¿Por qué? Porque en su fantástico estadio Felix Bollaert (actualmente Bollaert-Delelis) es donde Phillippe Abrams, director de la oficina de correos de Berges, entiende qué es el fútbol en compañía de Antoine y Fabrice en la película "Bienvenidos al norte". En Inglaterra hay que ser del Liverpool. ¿Por qué? Porque Liverpool es la patria universal de los "Beatles", y no hay futbolero que quiera dejar este mundo sin probar la grada de Anfield. En Alemania, hay que ser del Bayer Leverkusen. ¿Por qué? Porque el Bayer fue fundado por empleados de la empresa farmacéutica Bayer, porque Bayer es la empresa de la aspirina y porque más allá de la oscuridad que envuelve el pasado y el presente de la empresa Bayer, la afición del Bayer Leverkusen entiende que el fútbol es una victoria sobre el dolor de muelas y el dolor de cabeza. En Italia hay que ser de la A. S. Roma. ¿Por qué? Caramba, porque en el escudo de la Roma aparece la loba capitolina y Rómulo y Remo, así que cuando vemos jugar a la Roma parece que va a salir Steve Reeves en el equipo titular para protagonizar un péplum. De la Luna no hay nada que decir porque en nuestro satélite no hay equipos de fútbol, y el único deporte que se practicó fue el golf cuando el astronauta Alan Shepard golpeó dos bolas en 1971.

3. Campesinos saboyanos. La detective Liz Danvers de la serie "True Detective: Noche polar" insiste en que lo importante en una investigación es hacer buenas preguntas. Y lo que vale para una investigación criminal, vale para el fútbol. ¿Saben qué pregunta un aficionado cuando no ha visto el partido de su equipo? No pegunta qué tal jugó, ni el sistema empleado por el entrenador, ni si el partido fue bonito, ni cómo estuvo el árbitro, ni siquiera pregunta por la inevitable cagada del VAR. Pregunta por el resultado. Así que todo ese rollo del ADN de un equipo, del estilo, de las formas y bla, bla, bla está muy bien, pero lo importante es el resultado. El filósofo Kant decía que el campesino saboyano era demasiado zafio para comprender la belleza de los glaciares, en los que solo ve peligro. Puede que los futboleros seamos como los campesinos saboyanos de Kant y por eso no comprendemos la belleza de un partido glacial porque solo vemos el peligro de perder. Pero los entrenadores deben saber, en las ruedas de prensa después de los partidos, que la primera pregunta que haremos los campesinos tendrá que ver con el resultado del partido.