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JAVIER DÍAZ | EMPRESARIO DE ORGANIZACIÓN DE EVENTOS

"La palabra que cada vez me gusta menos es 'reinventarse' y ahora hay que esperar a ver"

"En Asturias hay poco que hacer y actualmente no veo adónde se puede ir, ni siquiera fuera de España"

Javier Díaz, en Oviedo. IRMA COLLÍN

Javier Díaz (Oviedo, 1959) lleva 27 años en la agencia Evento -fundada por su mujer, Patricia Olalla- que organiza actos públicos. Se gana la vida desde los 18 años.

-Empecé ayudando en el negocio familiar de máquinas de coser Singer, mientras estudiaba en los Maristas, y luego estuve en la hostelería con Pachu Rovés, en el inicio de los Yuppi, que fueron una referencia. Soy de calle, de relaciones sociales, me vanaglorio de tener muchos y buenos amigos y eso vale para empezar a trabajar.

- ¿Qué tal está usted?

-Asustado: le tengo miedo a la situación, a mi salud y a la de mi familia y al futuro profesional cuando se salga de esto. Pasé de vivir en libertad, disfrutando de la vida y del trabajo a estar encerrado, con el futuro pendiente de un hilo y sin saber cómo reaccionar. Me preocupa que los que tienen que coordinar la salida de la situación y paliar los efectos no lo sepan hacer ni lo quieran hacer.

- Usted trabaja en reuniones.

-Sí, donde hay público, eventos, en el que ha sido el sector más castigado por la pandemia y el más olvidado. Respecto al año pasado hemos perdido un 75% siendo generosos. Entiendo que prima la salud, pero, consciente de ello, se pueden hacer cosas. Nuestro papel puede salir reforzado como responsables de que se cumplan los protocolos, de las mediciones, ubicaciones, aforos, entregas, mascarillas...

- El verano fue bueno.

-Vi las playas llenas por el efecto de paraíso sanitario de España, pero de eventos es mejor no hablar, empezando porque el más importante del verano no se celebró: la Feria de Muestras. También se perdieron los eventos deportivos.

- ¿El mejor momento en su sector?

-Hace 15 años hubo un boom de eventos deportivos en general y estuvimos en los inicios: carreras de running, duatlones, triatlones, ciclismo de montaña... Coordinamos la imagen de los patrocinadores de esas pruebas. Había fiestas de imagen de marcas de alcohol, congresos cuando abrió el auditorio Príncipe Felipe.

- Y llegó la crisis de 2010.

-El primer gran golpe. Las empresas tuvieron que ajustar costes y prescindieron de nosotros. El dinero de promoción de imagen se redujo y no se recuperó. Lo de ahora no es económico sino de forma de vida... y la vida tiene que volver, aunque aquella alegría económica no va a volver. Las empresas que sobrevivimos, con gran esfuerzo, no acabamos de recuperarnos y cae esta pandemia.

- Dicen que lo propio de los empresarios es ser flexibles...

-La palabra que cada vez me gusta menos es "reinventarse". Es complicado. Hay que esperar a ver en qué queda todo esto -poca gente, separados, con mascarilla- que parece "Blade Runner". Los que somos de estrechar la mano y abrazar vamos con el paso cambiado. Espero que acabe la distancia social y recuperar la cercanía. Sería dramático pensar en un mundo sin reuniones. El carácter de la gente de aquí no va a cambiar.

- ¿En qué cambiaron los actos desde sus comienzos hasta hoy?

-En los inicios éramos delegados en Asturias del certamen de Miss España, que si lo hiciésemos hoy probablemente nos quemarían en una hoguera en la plaza de la Escandalera. Lo hacíamos con mucha dignidad y respeto a las chicas que se presentaban y fue cantera de modelos, chicas y chicos, y entrenamiento intensivo en la organización de eventos multitudinarios. Ahora, bajo el paraguas de organización y protocolo cuelgan muchos servicios.

- ¿Lo más raro que ha hecho en eventos?

-Buf, después de tantos años no veo raro nada. En este trabajo cada día hay nuevos retos, pero está todo inventado. Aprendes con la experiencia y copiando bien.

- ¿Su pesadilla?

- Hay que estar pendiente de todo. El detalle más nimio puede tirar abajo la imagen de un acto, el micrófono o la proyección que no funcionan, el arco de meta que se deshincha cuando van a llegar los corredores.

Está casado, desde 1995

-Con Patricia Olalla, uní la vida personal y la profesional. Después de tantos años, pese a las crisis económicas soportadas, es más positivo que negativo. Hay que tratar de no llevar problemas de trabajo a casa. Tenemos dos hijos, Jorge, de 21 años, que hace Magisterio y está de "Erasmus" en Rumanía, y Paula, de 16. Me preocupa que se formen como personas, son buena gente y estoy muy orgulloso.

- ¿Está preocupado por ellos?

-Hay una generación que ha sufrido un parón en su vida formativa que se va a notar. Antes, ante la falta de expectativa, se decía "pues te vas fuera". Ahora no veo adónde se puede ir, ni siquiera fuera de España. En Asturias hay poco que hacer. Poca población, envejecida, sin la base industrial... Afortunadamente hay un turismo que no hace falta que sea de sol para ofrecer muchas cosas, aparte de que, además, hay sol. Es fácil vender Asturias, su gastronomía, su paisaje y el carácter de los asturianos, pero para que vengan tiene que dejar de ser una pesadilla llegar.

- Usted presidió la asociación de su sector.

-Fui de los fundadores de Oviedo Congresos y estuve muchos años en la junta directiva. Hasta hace 4 años. Tenía otras expectativas en el asociacionismo profesional. Deberíamos beneficiarnos todos, pero hay empresas más beneficiadas que otras cuando el esfuerzo está repartido.

- ¿Cuántas empresas hay en su sector?

-Cuando empezamos, media docena; luego hubo un boom en que ponías una placa de agencia de organización en el portal y ya valía y eso hizo daño. Ahora nos perjudica internet, que da un número indeterminado.

- ¿A ustedes, tan presenciales?

-Hay agencias sin oficina que contratan personal en toda España sin saber lo que mandan a los eventos, ni adónde. Son más baratos porque tienen menos estructura. Los grandes eventos no se pueden hacer así, pero los menudos, sí. Ya no hay grandes eventos.

Se define como pasional. Dos de sus pasiones son la pesca de caña en el mar, que le relaja, y el Real Oviedo, con el que, además, "tengo la suerte de trabajar".

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