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TSK desarrolla 7 almacenes de energía en España con una inversión de 820 millones

La ingeniería gijonesa, aliada con la británica Highview, tiene proyectos de respaldo a renovables en Asturias, Cantabria, Castilla y León y Canarias

Planta de almacenamiento criogénico desarrollada por Highview, el socio de TSK.

Planta de almacenamiento criogénico desarrollada por Highview, el socio de TSK.

La ingeniería gijonesa TSK se está posicionando como un referente en almacenamiento de energía para dar respaldo a las renovables. Junto a la firma británica Highview Power, la empresa familiar asturiana está desarrollando en España siete proyectos de plantas para acumular energía con tecnología de aire líquido que supondrán una inversión aproximada de 820 millones de euros. Las plantas se ubicarán en Asturias, Cantabria, Castilla y León y Canarias.

Hace dos años, TSK y Highview Power constituyeron una sociedad conjunta para desarrollar sistemas de almacenamiento masivo de energía. Por entonces ya se preveía un despliegue rápido de las energías renovables (principalnente de la eólica y de la solar fotovoltaica) que precisarían de respaldo para salvar su intermitencia en los momentos que no hiciera viento o sol.

Lo que no contaban por entonces los miembros de la alianza británico-asturiana es que llegaría la pandemia del coronavirus y tras ella un plan de recuperación con una lluvia de millones de fondos europeos que deben destinarse preferentemente a iniciativas vinculadas con la lucha contra el cambio climático. En ese contexto, los proyectos de energías renovables se han disparado y con ellos la búsqueda de sistemas de acumulación para dar respaldo. Además, el Gobierno español planea establecer un mercado de capacidad y una estrategia para llegar a 2030 con 20 gigavatios (GW) de capacidad de almacenamiento.

Los proyectos

Highview anunció que ya está desarrollando hasta 2 GWh de proyectos de almacenamiento de energía de aire líquido de larga duración para diferentes puntos de España con una inversión estimada de 820 millones de euros que ayudará a avanzar hacia el objetivo de cero emisiones netas. La compañía británica informó que, además de su socio asturiano TSK, en los proyectos también participa el Centro de Investigación Energética, Ambiental y Tecnológica (CIEMAT).

El plan de esta alianza prevé el desarrollo en España de hasta siete proyectos con la tecnología CryoBattery, que utiliza aire líquido como medio de almacenamiento de energía y brinda servicios críticos de estabilidad de la red como inercia síncrona, cortocircuito y control dinámico de voltaje. Las plantas van desde 50 a 300 MWh y su emplazamiento se sitúa en Asturias, Cantabria, Castilla y León y Canarias. “A medida que España agregue más energías renovables a la red, el almacenamiento de energía de larga duración jugará un papel fundamental para permitir la estabilidad de la red y ayudar al país a lograr los objetivos de descarbonización establecidos por el Plan Nacional de Energía y Clima”, señaló Javier Cavada, director ejecutivo (CEO) y presidente de Highview Power, que junto a TSK también desarrolla plantas de almacenamiento en Oriente Medio y Sudáfrica.

En la última ronda de financiación de Highview para sostener su crecimiento, la compañía asturiana TSK, presidida por Sabino García, entró como inversor.

Criogenización para salvar la intermitencia de la eólica y la fotovoltaica

Las plantas que desarrollan Highview Power y TSK utilizan la tecnología de almacenamiento criogénico, con la que se logra acumular la energía de origen renovable durante los periodos de sobregeneración y utilizarla en las horas pico de demanda y de intermitencia de los parques eólicos y solares. Durante los periodos de baja demanda y bajo precio de la energía, se utilizan las renovables para enfriar aire y obtener nitrógeno líquido a través de un sistema de almacenamiento criogénico. Durante los periodos de alta demanda y alto precio de la energía, el criógeno se somete a presión y se calienta para obtener un gas que se bombea y que mueve una turbina para generar electricidad, pudiendo así devolver la energía a la red. Para calentar el criógeno se utiliza calor ambiental y la eficiencia puede elevarse con una fuente externa de calor como puede ser un captador solar. Además, el frío generado en el proceso se puede utilizar como sistema de refrigeración.

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