El "cuello de botella" del hidrógeno verde

La Agencia Internacional de la Energía considera que el gas "está lejos de alcanzar su potencial", en parte por una regulación no unificada

El director de aceleración de proyectos de EDP España, Paulo Villamil, muestra un plano con el proyecto de hidrógeno verde de la central de Aboño, en presencia de Francisco Blanco, secretario de Industria, el pasado abril. | M. León

El director de aceleración de proyectos de EDP España, Paulo Villamil, muestra un plano con el proyecto de hidrógeno verde de la central de Aboño, en presencia de Francisco Blanco, secretario de Industria, el pasado abril. | M. León / Yago González

Yago González

Yago González

Expresiones como "el hidrógeno verde es el nuevo carbón" o "el hidrógeno es el gran vector energético del futuro" son ya lugares comunes en el ámbito de la industria. Y no cabe duda de que existen ambiciosos proyectos para descarbonizar los procesos fabriles con este gas, obtenido mediante electrolisis (separación de las moléculas de hidrógeno y oxígeno del agua) generada con energías limpias como la solar o la eólica. En Asturias destacan los proyectos de EDP para Aboño y Soto de Ribera (cuya primera fase está previsto que arranque a finales de 2025) y el HyDeal, que pretende alimentar las fábricas de ArcelorMittal y Fertiberia. Asimismo, se plantea que Gijón forme parte de la red española de distribución conectada con el futuro gasoducto H2Med entre Barcelona y Marsella. En total, en el Principado hay sobre la mesa 25 iniciativas para generar 170.000 toneladas anuales de hidrógeno de origen limpio en el horizonte 2030.

No obstante, el camino hacia esta fuente energética está aún sembrado de incertidumbres. Lo ha señalado en un reciente informe la Agencia Internacional de la Energía (AIE), organización con sede en París que busca coordinar las políticas energéticas de los principales países desarrollados. Si bien la entidad admite que "el hidrógeno puede jugar un papel esencial en la descarbonización de sectores como la industria pesada y el transporte de larga distancia, todavía aún está lejos de alcanzar su potencial". La AIE advierte de que "la demanda de hidrógeno aún está mayoritariamente relegada a unas pocas aplicaciones tradicionales", y que "la gran parte de la producción actual de hidrógeno se basa en combustibles fósiles, mientras que la generación de hidrógeno de bajas emisiones está todavía en una fase muy incipiente".

El informe señala que, de los 1.200 nuevos proyectos de gas renovable anunciados hasta la fecha en todo el mundo, tan sólo el 5% "ha concitado decisiones firmes de inversión". La Agencia destaca tres motivos principales de los "importantes cuellos de botella" que sufren esas iniciativas: las incertidumbres sobre la futura demanda, las "insuficientes" infraestructuras para transportar el hidrógeno a los clientes y la "falta de claridad" en la regulación y la certificación.

El análisis se detiene en este último punto, resaltando que "la ausencia de una terminología unificada es un gran impedimento a la inversión y al potencial comercio", y que "una metodología consensuada internacionalmente para calcular las emisiones podría rebajar los costes financieros, ofrecer más claridad a los inversores y potenciar mayores economías de escala".

Colores

Así, la AIE recuerda los diferentes términos que se están empleando para definir el hidrógeno en función de su método de producción, desde las palabras "sostenible" o "limpio" a diferentes colores como "gris" (el generado con gas natural), "azul" (incluye la captura de carbono), "rosa" (energía nuclear) o "verde" (energía renovable). El organismo remarca que "no existe un consenso sobre la definición de estos términos, lo que no ayuda a determinar los diferentes niveles de emisiones potenciales".

Para ilustrar el problema, el informe señala que "muchos electrolizadores funcionan con la potencia de la red eléctrica, cuyas emisiones pueden variar enormemente en función de cómo se genere la electricidad, pero a eso no se le ha asignado ningún color". Asimismo, en el caso concreto del hidrógeno azul, la Agencia sostiene que "las emisiones por kilogramo de hidrógeno producido pueden variar mucho dependiente de la tecnología utilizada y la cuota de dióxido de carbono capturado".

En esta línea, la AIE subraya que la ausencia de estándares universales o acuerdos internacionales "impiden el cumplimiento de los requisitos regulatorios y del mercado". Porque, si bien el documento afirma que en todo el mundo ya existen múltiples rutas de hidrógeno de baja emisión y que sus elevados costes actuales "está previsto que bajen significativamente" gracias a la innovación tecnológica y a las economías de escala, "si los potenciales inversores y consumidores no están seguros de si determinada ruta no se ajustará a las diferentes exigencias de emisiones de los países o regiones que atraviese, puede que tengan dudas para ejecutar sus proyectos".

A este respecto, la Agencia recuerda que la Asociación Internacional para el Hidrógeno y las Pilas de Combustible en la Economía (IPHE, en sus siglas en inglés) ha desarrollado una metodología para estandarizar la emisión de gases de efecto invernadero a lo largo de diferentes rutas, "lo cual podría mejorar la transparencia y facilitar el desarrollo del mercado". Dicha metodología está siendo evaluada por la Organización Internacional para la Estandarización (ISO), y está previsto que se publique a finales de 2024. A continuación, los operadores privados y los gobiernos habrían de asumirla.

Hasta entonces, según recuerda la AIE, muchos países y organismos regulatorios están poniendo en marcha diferentes sistemas de certificación y marcos regulatorios. Pero éstos, "aunque ofrecen puntos de unión, difieren en aspectos que pueden limitar la interoperabilidad". Por ejemplo, qué fases de la cadena de suministro están cubiertas, el margen de emisiones que contemplan, el tipo de tecnología que puede utilizarse o si caben los combustibles fósiles en algún momento de la producción. "Estas diferencias pueden suponer barreras para los desarrolladores de proyectos, que se ven obligados a encarar procesos de certificación de cada uno de los mercados nacionales a los que quieren acceder", advierte la Agencia.