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Cuando un café y un pincho es la tabla de salvación: así aguantan los hosteleros el cierre de sus locales

Las pequeñas ventas para llevar son para el sector "una tirita para detener una sangría" económica y también una forma de "mantener la cabeza ocupada"

El hostelero avilesino Alejandro Haro sirve un café para llevar a José Manuel Menéndez

El hostelero avilesino Alejandro Haro sirve un café para llevar a José Manuel Menéndez

El café y el pincho entretienen el hambre de la hostelería, pero no es una dieta con la que resistir mucho tiempo. Cientos de locales capean el agujero económico que les supone el cierre de su actividad a causa del covid con la venta de cafés para llevar y bocadillos

Jorge Zapatero, en su local de Oviedo.

Oviedo: quinientos cafés al día para cubrir gastos

Según las cuentas de Jorge Zapatero, tendría que vender alrededor de quinientos cafés diarios en su negocio de Oviedo, el Qué me das, sólo para cubrir los gastos que le genera mantenerlo abierto. Es decir, que eso de “abrir a medio gas”, lo de servir a la puerta en vez de detrás de la barra, es como utilizar una tirita para tratar de frenar una gran hemorragia.

“Eso es el chocolate del loro, sólo hay que sacar la calculadora y saber que un café cuesta un euro con veinte céntimos. No deja de ser un parche que ponemos para intentar que el negocio siga vivo y para que los clientes sepan que tenemos ganas de trabajar, pero tenemos que pagar a nuestros empleados y también muchas facturas”, explica Zapatero.

En su local de la calle Marqués de Pidal trabajan ocho personas, pero cinco de ellas están de ERTE. “Yo todavía tengo la suerte de tener el tipo de negocio que tengo y de que llevaba tiempo vendiendo comida a domicilio, pero hay otros que no están enfocados a eso y que todavía lo están pasando peor”, añade el hostelero.

Y es que eso de reinventarse no es tan fácil. “Ese término se ha puesto de moda y queda muy bien decirlo, pero no es tan fácil llevarlo a cabo por muchos motivos, entre ellos por falta de personal, porque tu local no está adecuado o por los gastos que supone darle un giro al negocio”, señala Jorge Zapatero, que por eso entiende como “vitales” las ayudas económicas para el sector. “El ser humano es capaz de aguantar mucho y los hosteleros estamos acostumbrados a luchar, pero está claro que esto va a afectar a muchos locales y que va a haber bastantes que no puedan volver a abrir las puertas. Lo que se necesitan son ayudas económicas directas, pero ayudas de verdad, no de esas que nos cuentan y que aún no han llegado”, subraya. 

Zapatero considera que la hostelería es el sector que está pagando los platos rotos de esta crisis. “Lo que no puede ser es que haya negocios abiertos que están a reventar y que nosotros, que siempre hemos cumplido a rajatabla la normativa sanitaria, estemos cerrados. Tenemos muy claro que lo primero es la salud, pero lo que hay que hacer es medirnos a todos por el mismo rasero”, explica.

Un grupo de gijoneses, con el café para llevar en la calle

Gijón: “Un café es la tabla de salvación”

El pequeño Guillermo García apura el currusco de una napolitana de chocolate en la plaza del Instituto, en Gijón. Mientras, el niño termina su merienda, su madre, Lorena Martínez paladea un café en un vaso de cartón. Lo acaba de comprar para hacer tiempo hasta que su hijo entre a clase de música. Como ella, decenas de gijoneses la imitan con el café y el pincho de la mano. El salvavidas de muchos establecimientos hosteleros para sobrevivir al cierre decretado por el Principado. “Es nuestra tabla de salvación”, apunta Pepe Abad, el dueño del Bariloche, un local con 28 años de historia.

Jorge Zapatero, hostelero: "Tendría que vender 500 cafés al día para que esto sea rentable" Amor Domínguez

La plaza del Instituto, conocida popularmente como la del Parchís, es uno de los espacios favoritos de los gijoneses para degustar el café y el pincho. No es el único lugar. La plazuela de San Miguel también tiene muchos seguidores, y sobre todo los fines de semana, el muro de San Lorenzo se llena de paseantes y deportistas que aprovechan el paseo marítimo para desayunar. “Es uno de los pocos alicientes que nos quedan”, comenta Emina Cureteu, que ayer, junto a su amiga, Magali Jara, degustaban un té en la plaza del Parchís a última hora de la tarde.

Armando Rodríguez es otro de los gijoneses que se ha apuntado al café para llevar. Aguarda a que llegue su hija, que viene en autobús desde Oviedo. “Para estar así, valía más que abrieran las terrazas otra vez”, reflexiona Rodríguez. Esa opinión la defiende Pepe Abad, el dueño del Bariloche, justo mientras sirve otro aperitivo a una cliente. “Que estemos cerrados es lamentable, porque hemos cumplido con las medidas de seguridad. Esto de los cafés para llevar, nos sirve para salir del paso”, zanja el hostelero.

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Café y pincho en Mieres David Montañés

Mieres: “Para la cabeza es mejor trabajar”

El Palau es un bar de Mieres con encanto añejo. Dispone de robustas mesas de madera. Ahora sólo se utiliza un frágil tablero de color rojo atravesado en la puerta. Sergio Rodríguez va y viene desde la barra con cafés para llevar mientras sus clientes esperan pacientemente turno en la puerta: “Fui de los que inicialmente no tenía pensado abrir en estas condiciones y, de hecho, me quedé la primera semana en casa. Pero las paredes se me vinieron encima y asumí que para la cabeza era mejor trabajar, estar ocupado”.

Sergio Rodríguez regenta desde junio uno de los bares más populares del centro de Mieres. Está ubicado en la calle Manuel Llaneza, con mucho comercio, bancos y colegios en su radio de influencia. Al final trabajamos para cubrir gastos, nada más”. Este hostelero está hecho a la nueva rutina y sus clientes también. “Sólo vendo cafés y pinchos. En casos especiales me piden algún refresco y normalmente lo entrego, aunque lo que no hago es vender bebidas alcohólicas. Me han pedido en alguna ocasión un licor para llevar y les he dicho que no. No me preguntes porqué, pero no me sentía cómodo”.

Rodríguez espera con desazón el momento de poder normalizar su actividad. El término “abrir” no le convence: “No se trata de abrir, sino de ver en qué condiciones lo podemos hacer. Ahora llega el frío y tener cuatro mesas en la terraza no sirve de nada si dentro te reducen la capacidad a un tercio”. Mientras llegan noticias, se pasa las mañanas preparando cafés y recorriendo los diez metros que separan la puerta de la cafetera que tienen en la barra: “La situación en muy complicada y lo estamos pasando mal. Apenas hay ingresos y las facturas no dejan de llegar”.

Avilés: “Vamos sobreviviendo”

La posibilidad de acudir a un establecimiento hostelero a comprar un café y, en algunas ocasiones un pincho, es un alivio tanto para los profesionales del sector como para los ciudadanos pese a que, como en otros negocios tengan que hacer cola para conseguir su consumición. En Avilés, los vecinos agradecen la apertura de algunos negocios que sirven cafés. “Salgo todos los días a pasear y estos bares que abren es la única posibilidad que tengo para tomar un café, lo agradezco mucho”, señala José Manuel Menéndez, mientras espera que Alejandro Haro le sirviera un café desde la puerta de Prestoso, un negocio instalado en el Parche. “Con la venta del café y el pincho vamos sobreviviendo”, asegura Haro.

Las jóvenes Amanda Alonso y Lidia Arias, pasaban el miércoles por la mañana un rato en los bancos junto a la fuente de los Caños, en la calle San Francisco. “Salimos a hacer unas compras y nos hemos comprado un café en un bar para pasar un rato. Cuando los bares están abiertos solemos tomar café casi todos los días pero ahora lo hacemos de vez en cuando. No hay mucho más que hacer con el cierre perimetral que tenemos”, señalaron las jóvenes.

Otro de los negocios que atiende a los avilesinos estos días de pandemia es Mis Dulces 26, en la calle Julia de la Riva. “Vender el café y los pasteles para llevar lo hacemos durante todo el año. La única diferencia es que ahora los clientes lo piden desde la puerta y no pueden quedarse dentro del establecimiento ni en la terraza”, señalan Rosa Rodríguez Entrialgo y Sandra Menéndez, dos de las trabajadoras de las tres que atienden el local. “En total trabajamos tres mujeres y hasta ahora nos vamos arreglando porque no hemos tenido que recurrir a los ERTE (expediente de regulación temporal de empleo). No nos quejamos”, aseguran.

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