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La matrona Helena Eyimi: "Aquí también mueren embarazadas, pero no se estudia"

La experta, trabajadora en el Hospital de Cambridge, califica de "escándalo mundial" el caso de la mujer obligada a dar a luz en el HUCA en abril

La matrona Helena Eyimi, ayer, en el centro municipal de El Llano. ÁNGEL GONZÁLEZ

El paternalismo histórico de la medicina sigue siendo el gran foco de debate en todo lo relacionado con la maternidad. La denominada "violencia obstétrica", término que designa a los tratos abusivos por parte del personal sanitario hacia los procesos reproductivos de las pacientes, se ha convertido en una lucha más del movimiento feminista y busca empoderar y profesionalizar el trabajo de las matronas, invisibilizado en parte por las categorías facultativas. La matrona y enfermera Helena Eyimi, una profesional toledana que trabaja desde hace ocho años en el Hospital Universitario de Cambridge, participó ayer en la jornada sobre maternidad organizada por la asociación Amamantar en centro municipal de El Llano para explicar cómo el modelo sanitario inglés ha sabido ceder el protagonismo a sus matronas y para criticar la falta de estadísticas oficiales en el sistema español. "Ochocientas mujeres embarazadas se mueren cada día en el mundo. Aquí también pasa, pero nadie nos da información al respecto; no se estudia", aseveró.

La escasez de auditorías independientes en hospitales públicos y de estadísticas oficiales sobre los posibles fallos en la atención al paciente provocan, a juicio de la experta, que muchos casos de violencia obstétrica pasen desapercibidos. "Por eso el caso de Oviedo fue un escándalo mundial, aunque aquí no lo parezca. Yo fui a congresos internacionales y me moría de vergüenza cuando los expertos nos señalaban", lamentó Eyimi en referencia a la mujer que fue obligada a dar a luz en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) el pasado mes de abril. La embarazada tenía la intención de dar a luz en casa y tenían contratada a una matrona particular que la supervisaba, pero el personal del hospital consideró que el avanzado estado de la gestación (42 semanas) ponía en peligro la vida del niño y pidió la intervención de una jueza, que falló a su favor. "Si renunciamos al derecho a decidir sobre nuestro cuerpo estamos perdidas. El Supremo le dio la razón a una mujer que sufrió algo similar en Reino Unido en 1998 y espero que aquí pase lo mismo", razonó.

La joven decidió dedicar su carrera a la matronería tras sufrir una "pésima" experiencia con el personal sanitario que atendió en España su primer parto. "Ya han pasado hace casi veinte años, pero por entonces no me dejaron decidir nada. Me chillaron, me trataron fatal y hasta me obligaron a ponerme un edema. En otros países las madres ya podían dar a luz en el agua si querían. Todo estaba muy atrasado", lamentó. Consciente de que la formación que recibiría en el territorio nacional no estaba a la altura de sus expectativas, se marchó a Londres y descubrió una forma de trabajar que, a su juicio, debería tomarse como ejemplo. Trabaja en el hospital inglés junto a otras 230 matronas que atienden, de media, una veintena de partos al día. "La madre decide cómo y dónde va a dar a luz y el sistema público se encarga de todo. Las profesionales, además, redactamos al detalle cada caso, hasta el número de vasos de agua que bebe la paciente, por eso tenemos estadísticas muy precisas. Debería ser así en todas partes", explicó.

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