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ADRIÁN ARIAS | Abandona la presidencia de la Federación de Asociaciones de Vecinos

"El movimiento vecinal tiene que estar en la protesta y en la propuesta"

"El trato de la Federación con la política fue de tú a tú, y eso hubo gente a la que no le gustó; no rendimos pleitesía a nadie, solo a los vecinos"

Adrián Arias, en la calle Marqués de San Esteban.

Adrián Arias, en la calle Marqués de San Esteban. ÁNGEL GONZÁLEZ

"Pensaba que dejando la Federación iba a tener más tiempo, pero al contrario". Fue complicado encontrar un hueco para sentarse con Adrián Arias Mieres (Gijón, 1989) para hablar de su etapa como presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de la zona urbana de Gijón (FAV), que ahora toca a su

- ¿Cómo se siente con el cambio?

-Uno de los elementos claves es el vértigo. Es pasar de jugar en Tercera División a jugar la Champions League. En la Federación, en los últimos años dimos un salto cualitativo en cuanto a interlocución política, llegando a estar en una mesa de negociación con un ministro de Fomento, pero no era lo habitual. Ahora doy el salto a Bruselas, a los pasillos del Parlamento Europeo, donde se está cociendo el futuro a nivel político y social. Por eso siento vértigo, pero también ganas por hacer lo que mejor se me da, intentar que avancen las políticas que favorezcan a la mayoría social. Y por ello daré mi cien por cien.

- ¿Cómo puede ayudar a Gijón desde Bruselas?

-Teniendo una visión muy clara de que Gijón y Asturias necesitan un impulso. En el movimiento vecinal lo he aprendido prácticamente todo, como la lucha contra la contaminación y por el medio ambiente, cuya normativa pivota totalmente desde Europa. También en lo relativo a las políticas de movilidad, cuyos ecos salen de Bruselas antes de concretarse en Gijón. Y otros temas como la igualdad de género o la transición justa para no dejar atrás a la mayoría social. Ese es uno de los retos que tengo por delante, el ser capaz de hacer oír la voz de Gijón y Asturias en el Parlamento Europeo. Como ciudad tenemos retos importantísimos y tenemos que saber engancharnos a lo que ocurre a nuestro alrededor. También tenemos que luchar contra los discursos de odio que están surgiendo y aumentar la participación.

- ¿Qué balance hace de su tiempo en el cargo?

-Para los balances están los informes de gestión, que en estos dos mandatos se aprobaron todos por unanimidad. Ese sería el balance formal. A nivel personal, creo que podemos estar contentos todo el equipo por lo logrado. Conseguimos una Federación unitaria, cohesionada, que iba a una en todos los temas y con una gran influencia en el día a día gijonés. Hemos conseguido un elemento muy claro de referencialidad colectiva, no queriendo destacar ni tener más protagonismo, sino que fueron las entidades las que te sitúan en esa posición. Es muy importante que la Federación esté en ese lugar, y lo logró gracias al trabajo, la perseverancia y la constancia. También hemos cometido nuestros errores, pero me quedo con el buen ambiente de la Federación, con un gran sentimiento de fraternidad, refrendado por el encierro en el Ayuntamiento de Gijón, que quedará para los anales de la Federación.

- Pero sí que se le llegó a acusar de querer tener excesivo protagonismo.

-Sí. Cuando uno ejerce una actividad de este tipo, perseverando en sus convicciones, es a lo que te atienes. Soy una persona muy vehemente, sobre todo cuando defiendo las creencias de la colectividad. He perdido muchos debates en la Federación, pero como la mayoría decidía otra cosa, yo defendía con vehemencia la postura que había votado la mayoría, aunque no fuera por la que yo abogaba. Pero sí que asumo una autocrítica, porque han sido dos mandatos donde he tenido una gran exposición pública, aunque llegase por el trabajo hecho. Me duele que se haya unido el protagonismo de Adrián Arias y el protagonismo de la FAV, porque el día 29 se elegirá a otro presidente y la Federación seguirá ahí otros 30 años más.

- ¿Cuáles son los retos de futuro de la Federación vecinal?

-El primero y fundamental es mantener la cohesión y la unidad interna y evitar repetir modelos de injerencias partidistas, haciendo respetar la autonomía del movimiento vecinal, que nos costó sangre, sudor y lágrimas conseguir. Estos últimos ocho años ha sido un ejemplo de que el movimiento vecinal tiene que ser autónomo e independiente para conseguir sus objetivos.

- ¿Y mirando hacia afuera?

-La lucha por la atención primaria y la sanidad pública es totalmente estratégica. Es un momento absolutamente crítico, el más peligroso de los últimos 15 años por la falta de médicos y de recursos y la mala planificación. También todo lo que tiene que ver con contaminación y medio ambiente, impregnado en los últimos seis años de actividad federativa. En cuanto a la participación, tenemos por delante el reto de recuperarla. En el primer trimestre del año el equipo de gobierno ha de dar respuesta a la reivindicación realizada el 5 de diciembre en el primer consejo de distrito del centro. Si no vemos visos de que el Ayuntamiento quiera mover ficha, al movimiento vecinal nunca le ha temblado la mano a la hora de construir fuera de la institución. Si no se quieren poner las pilas, lo haremos nosotros. No es la primera vez que el movimiento vecinal convoca un consejo de ciudad. La Federación pretende igualmente construir un modelo de ciudad en lo relativo a la movilidad o el reto demográfico.

- ¿Cómo ha sido la relación con la política local?

-Ha sido una relación de tú a tú y eso hay a quien no les ha gustado, como a organizaciones políticas o incluso políticos concretos. Pero es como tiene que ser. No somos súbditos de nadie, no rendimos pleitesía a nadie más que a nuestros vecinos, que son quienes nos eligen y delegan en nosotros una acción comunitaria. Ha sido apasionante y me llevo excelentes amigos de la política local, además de distinto signo.

- Parece que siempre están en pie de guerra. ¿Es importante también esa presión?

-Sí, es fundamental. Sin eso, podemos cerrar la Federación. El movimiento vecinal surge de la reivindicación y la crítica. Cuando llegué a la FAV a mí me enseñaron que tenemos que estar en la protesta y en la propuesta. Tenemos una pata siempre en la guerra, pero la otra en la negociación y la mejora de las condiciones de los vecinos. Los barrios tienen necesidades y la lucha es la única vía que nos han dejado las administraciones para poder conseguir cubrirlas. Si no mantienes engrasada la maquinaria, no logras nada: 'si vis pacem, para bellum'. Lo que hoy se firma y se acuerda, mañana la administración te va a hacer sudarlo hasta que se complete. No nos dejan otro método y, por qué no decirlo, nos encanta ese método porque nos activa como ciudadanos críticos.

- ¿Preocupa la falta de relevo generacional en la FAV?

-El movimiento vecinal está sufriendo un proceso social natural: la gente joven, por su situación socioeconómica y vital, no puede dedicarse a una actividad colectiva como esta. Este mundo lleva mucho tiempo y sacrificios en lo personal, familiar, sentimental, e incluso económico. Es una actividad altruista por la que tienes que sacrificar mucho. Hay que confiar en que esa situación se puede revertir, porque el movimiento vecinal tiene que seguir, pero sin despreciar la veteranía, que es totalmente complementaria. Eso sí, una vez que entras en el movimiento vecinal, no sales nunca de él, porque no quieres escaparte ya. Toda mi vida va a estar marcada por la pertenencia al movimiento vecinal.

- ¿De qué se siente más orgulloso en su paso por la Federación vecinal?

-De la cohesión interna de la Federación que conseguimos. Las asociaciones se sintieron orgullosas de su trabajo en los barrios y también de formar parte de la FAV como algo colectivo, grande, con fuerza e importancia. También de haber sido capaces de generar actos que nadie se esperaba, como el encierro en el Ayuntamiento, que dejó fuera de juego a todas las organizaciones políticas, empresariales, sociales y sindicalistas de la ciudad. Esa capacidad de imaginación, ingenio y frescura fue muy positiva.

- ¿Qué cambiaría?

-Seguramente muchísimas cosas, porque seguro que hemos cometido muchísimos errores. Tengo una espina clavada que es el no haber sabido explicar, en ocasiones, esas acciones imprevistas, con lo que muchas personas se enfadaron. También quizá no haber sabido delegar mucho más tanto la exposición pública como la propia acción de la Federación. Yo tuve un equipo detrás impresionante, que me llevaba en volandas y del que aprendía, y quizá mi figura les escondió y les tapó un poco. Me da pena que no se haya visibilizado su trabajo por haber asumido una gestión demasiado presidencialista.

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