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"Semana negra"
Berna González Harbour Escritora y periodista

“Al periodismo le cuesta hacer autocrítica”

“El público, la masa, quiere carnaza y linchamiento, pero el gremio es responsable de lo que publica; no debe justificarse con las audiencias”

Berna González Harbour, en Gijón. | Juan Plaza

Berna González Harbour, en Gijón. | Juan Plaza

Con la idea de rendir un homenaje y hacer autocrítica al mismo tiempo, la escritora y periodista Berna González Harbour presentará el próximo viernes 16 en la “Semana negra”, que arranca hoy, su novela “El Pozo”, en la que narra el dilema ético de una periodista que tiene que cubrir la historia de una niña que ha caído a un pozo y que, irremediablemente, recuerda a la historia del niño Julen.

–La inspiración de la novela está clara: el caso del niño Julen. El gremio intentó en su día reflexionar sobre el tratamiento de esa historia. ¿Hemos aprendido algo?

–Parece que no. Constantemente tropezamos con la misma piedra. Nos pasó con las niñas de Alcácer, con Sonia Carabantes, con Rocío Wanninkhof, que llegamos a mandar a una falsa culpable a la cárcel. Pasó otra vez con Julen y más recientemente con las niñas de Tenerife. Esto ha existido siempre, pero sí parece que seguimos yendo más allá por la presión de la audiencia y, ahora, por la presión de los clics, que nos comprimen. Las redes han impuesto una especie de prisa y voracidad por los tratamientos en tiempo real que hace más difícil la reflexión.

–Antes de internet ya había sensacionalismo, ¿qué ha supuesto el mundo digital?

–La presión de las redes sociales han generado muchísimo ruido, porque en ellas se mezclan los medios que lo hacen bien, que respetan a menores y publican acontecimientos de interés público, con otros que trabajan con rumores y “fake news” y el llamado periodismo ciudadano, que es falso. Está el factor internet, sí, pero también la precariedad de la profesión, que debilita a los periodistas a la hora de aplicar su ética.

–En la novela aparecen ambas posturas: el jefe sensacionalista y el cámara íntegro que apoya a una reportera que quiere contar bien una historia.

–Sí, la novela cuenta la historia de Greta, una periodista joven que está aprendiendo, aunque todos lo hacemos. Yo tengo 55 años y sigo aprendiendo cada día, caso a caso. Greta, en su caso, se enfrenta a la ambición lógica de cubrir una historia en directo y en “prime time”, pero se encuentra con la exigencia del jefe, que quiere carnaza. De su lado tiene al cámara veterano, que le va a ir contando la posición del verdadero periodista: no hacer el payaso y tratar las historias con seriedad. El resto son adornos. En este caso, la historia es una niña atrapada en un pozo.

Berna González Harbour, en Gijón. | Juan Plaza

–Decía Martín Caparrós que si acostumbras a la audiencia a consumir basura va a demandar cada vez más basura.

–Y tiene razón. Es así: el público, la masa, quiere carnaza y quiere linchamiento. Una parte de la audiencia quiere comprar esa imagen de plató convertido en tribunal. Pero la responsabilidad de lo que publicamos es nuestra, de los medios, y no podemos justificarnos en que damos lo que nos piden. Mucha gente quiere comida basura y hay gente responsable que se dedica a la nutrición y sabe que eso no puede ser.

–Otro periodista, Nacho Carretero, cuenta que el periodismo español podría sacar más provecho de su trabajo. ¿Está de acuerdo en que el gremio siente pudor por trasladar historias reales a novelas y series?

–Pues es verdad. Yo misma he lo he sentido con esta novela. Es mi sexta y siempre me había resistido. El mundo anglosajón está más desarrollado en este género, es cierto que podríamos sacar más partido. Tenemos una historia fascinante que podría traducirse en novelas y películas. Hay una gran fuente de noticias que pueden convertirse en novelas. Y es verdad que parece que no sabemos dar ese paso.

La profesión podría sacar más provecho de sus historias con más series y novelas

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–En estos casos protagonizados por menores, las familias, para bien o para mal, acaparan el foco mediático.

–A veces las familias son los peores enemigos de sí mismos, porque no saben, ni tienen por qué saber, lo que les conviene mediáticamente. Les reluce el brillo de la audiencia, de salir en la tele. Creen que les ayuda, y a veces es posible, pero no saben manejar los medios porque no son expertos en ello y se pueden volver en su contra. Somos nosotros, los periodistas, colegios de periodistas y asociaciones de prensa, quienes tienen que ejercer ese autocontrol y tomar conciencia de cómo estamos contando estas historias.

–¿Pecamos de camaradería?

–(Ríe). Somos corporativistas, sí. Y cuesta atacar, cuesta criticar, cuesta hacer autoanálisis. Este libro es una autocrítica y, al mismo tiempo, un homenaje al periodismo.

–¿Los muros de pago ayudarán a liberarnos de los clics?

–Ayudarán sobre todo a nuestra supervivencia, no queda otra. En medida que cae el papel tenemos que reforzar ingresos por otros lados. La gente, creo, ya es consciente de que tiene que pagar por lo que consume, como ya lo hace con las series y la música. Pero tampoco lo va a solucionar todo. Todavía mucha publicidad depende de los clics.

La “semana negra”, hoy

-Apertura de la feria del libro. A las 11.00 horas, en el muelle gijonés. 

-Exposición. “21 en el XXI. Cómic Noir en el tercer milenio”, en la buhardilla del Museo Barjola. 

-Presentación. “El asesino inconformista” de Carlos Bardem, con Ángel de la Calle, a las 21.15 en la Carpa del Encuentro.

-Concierto. David del Río actúa a las 22.30 horas en la Carpa del Encuentro.

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