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De viaje con Jovellanos | Gran viaje de 1791 (XXX)

Los viajes de Jovellanos: Un paseo por el arte de Vitoria

Jovino demuestra en sus diarios su pasión por el arte clásico entre pinturas de Juan Carreño de Miranda y Gaspar de Crayer

“Lamentación sobre Cristo muerto”, de Gaspar Crayer.

“Lamentación sobre Cristo muerto”, de Gaspar Crayer.

Era 29 de agosto de aquel año de 1791 cuando en el capítulo anterior Jovellanos nos contaba que llegaba a Vitoria y nos describía con gran lujo de detalles la llamada Plaza Nueva. Pero tras la comida y la pertinente siesta, también visita otros lugares de la capital alavesa, siempre con ese afán de aprender y conocer.

Así nos cuenta a continuación: “Es bellísima una Concepción de Carreño que hay en la capilla de la enfermería de San Francisco, cuyo colorido puede competir con lo mejor de Tiziano. De aquí fuimos a la colegiata, que es una bella iglesia gótica de tres naves, con aires de catedral (pretende serlo)”.

Menciona Jovino en este pequeño fragmento lugares clave de la ciudad, incluso hoy, desde el punto de vista monumental. Uno es el convento de San Francisco, auténtico epicentro de la vida en Vitoria y lugar que no sólo tuvo actividad eclesiástica, sino también política, ya que fue sede de sesiones de carácter municipal e institucional. El convento fue creado por el propio San Francisco de Asís en 1214, tras su retorno por el Camino de Santiago. La historia de su derribo en 1930 es un auténtico despropósito, ya que tras siete siglos de historia, ni siquiera a día de hoy se sabe por qué fue dinamitado. Pero el colmo de aquella aberración fue que justo después del derribo llegó la orden de declararlo edificio protegido, esas cosas surrealistas que ocurren en la historia. El caso es que el edificio fue eliminado.

A nivel arquitectónico, constaba de una sola nave, sin crucero, en estilo gótico tardío. Contaba con un espléndido ábside poligonal que tenía bóveda de crucería. Además, tenía un claustro superior y uno inferior, de gran calidad artística. El primero era gótico con bases románicas y el segundo, del siglo XVII.

Como dije, fue lugar de hechos importantes y trascendentes en la historia de la ciudad, como cuando en 1331 el convento fue protagonista en las conversaciones con los regidores alaveses que dieron origen a la llamada «Voluntaria Entrega» de Álava a Castilla, en tiempos del rey Alfonso XI. Aunque es cierto que más que una entrega fue un pacto. También fue casa consistorial, sede de juntas generales e incluso en su espacio sacro se dio la primera misa del Papa Adriano VI el 4 de febrero de 1522.

Cita Jovellanos la existencia en una de sus capillas de una obra de Carreño, una Inmaculada Concepción. Se refiere, por supuesto, al gran pintor asturiano Juan Carreño de Miranda, y su visión artística, una vez más, es bien certera porque tal obra aún se conserva, aunque se guarda en la sacristía de la catedral vieja de la ciudad.

La Colegiata mencionada después por nuestro viajero es precisamente la catedral vieja, construida a principios del siglo XIII, aunque en el solar ya existió un precedente eclesiástico desde el XI. En 1498 pasa de ser iglesia parroquial a Colegiata y así será hasta 1862, cuando es declarada catedral. Se explica así porque Jovellanos usa el término Colegiata, añadiendo desde su visión que ya la construcción tenía ‘aires de Catedral’. A nivel constructivo es la típica planta de cruz latina estructurada en tres naves con girola y capillas adosadas, pero si algo debe ser destacado es el pórtico occidental, auténtica obra maestra, dividida en tres portadas: la central dedicada a la Virgen, la de la izquierda a San Gil y la de la derecha al Juicio Final y al apóstol Santiago. Es de una extraordinaria calidad. El otro aspecto a destacar hoy, y con claro cariz turístico, es la restauración llevada a cabo por la Fundación Catedral de Vitoria que gestiona además las visitas guiadas al templo, donde los visitantes tienen una oportunidad única, la de poder contemplar los trabajos arqueológicos que se desarrollan en la misma y ver, como quien dice, el esqueleto de una catedral. Esto inspiró al famoso Ken Follet para su “best seller” de “Los Pilares de la Tierra”.

El prócer visitó el viejo convento de San Francisco, que fue derribado en 1930, tras siete siglos de historia

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Dentro de la catedral hace esta interesante anotación: “En la sacristía hay un bellísimo cuadro que me pareció de Rubens, y dicen ser de Van Dyck: representa a la Virgen con el Hijo muerto en los brazos; San Juan, a un lado, sostiene la mano y brazo izquierdo del Redentor; al otro se ve la Magdalena, llorosa, con una rodilla en tierra y otra levantada, que abraza con sus manos cruzadas, inclinada profundamente la cabeza; dos ángeles niños debajo del brazo que sostiene San Juan y en el primer término, y otro detrás de la Magdalena, tienen en sus manos instrumentos de la Pasión. El colorido es prodigioso, de un tono tristísimo y un acuerdo exacto; tanto ambiente como en los cuadros de Velázquez, y carnes, paños, dibujo, expresión, todo es estupendo. Tiene este cuadro tres varas y media de alto y dos y media de ancho, con un marco de buen gusto y adorno y en perfecta conservación, aunque dos o tres quemaduras de una vela en parte no principal, prudentemente conservadas. Este cuadro, que, según tradición, vino de Sevilla, se hallaba en un altar con poca luz y mal cuidado, y el haberle sacado de allí, limpiado y adornado, se debe al gusto del sabio marqués de Montehermoso; es digno de la mayor recomendación”.

Las descripciones de carácter artístico que nos deja Jovellanos en su diario son siempre dignas de consideración, y como vamos viendo no suele ir muy desencaminado en sus apreciaciones. Esta Piedad a la que se refiere nuestro ilustre viajero aún se conserva “in situ”, en la propia catedral vieja, y es obra del pintor flamenco Gaspar de Crayer. El estilo es cercano a la obras de Rubens o Van Dyck, como menciona Jovellanos, de ahí esas referencias. Cita don Gaspar que vino de Sevilla y tal vez por esa alusión a la ciudad del Guadalquivir, su amigo Ceán Bermúdez indicó en alguna de sus obras que tal vez este cuadro fuese de Murillo.

Este Gaspar Crayer había nacido en Amberes en 1584, aunque su vida artística había estado más ligada a la ciudad de Bruselas. Fue pintor de corte y representó en alguno de sus cuadros a personajes españoles como el conde-duque de Olivares, al marqués de Leganés o al mismísimo rey Felipe IV. También hay que destacar su labor artística dentro de la Contrarreforma en Flandes.

El cuadro visto por Jovellanos, y bien explicado por él en la iconografía, es obra de nivel artístico. Cita nuestro viajero a Velázquez en este fragmento, y no es de extrañar, ya que obras de este pintor flamenco fueron confundidas con obras del genio español.

Añade don Gaspar a continuación: “Fuimos a casa del conde de Villafuerte (Mendoza), donde hay un cuadro de Leonardo da Vinci, que representa a Santa Catalina; alguno dijo ser de Corezzo y ciertamente que los niños parecen suyos por la gracia con que están pintados; pero el colorido, a mi ver, desmiente esta conjetura; júzguenlo otros. Frente al cuadro dicho de la colegiata hay una Cena que parece copia del Tintoretto”.

La casa a la que se acercó Jovellanos era la propiedad de Joaquín María Hurtado de Mendoza, conde de Villafuerte y marqués de Miraval, que años después fue el alcalde del primer ayuntamiento de Vitoria tras la guerra de la Independencia, en 1813.

El supuesto cuadro de Leonardo no está identificado hoy día, aunque la referencia de los niños que nos da Jovellanos y la mención de Corezzo han hecho pensar que tal vez el cuadro era “Los Desposorios de Santa Catalina” de Antonio Allegri “El Correggio”. Este pintor era de Correggio, cerca de Parma, de ahí su apodo artístico, y había nacido en 1494. La influencia de la obra de Mantegna y sobre todo de Leonardo siempre le acompañaron en su producción. Con todo esto, volvemos a comprobar el gran conocimiento sobre el arte que nuestro Ilustrado tenía.

Las visitas de Jovellanos en Vitoria no terminan aquí ni mucho menos, su afán de conocimiento estaba siempre latente, y los lugares más emblemáticos de cada lugar siempre despertaban interés en él.

Su próxima visita fue el convento de Santo Domingo, pero esta y otras que aún quedan para cerrar el día las vemos en el próximo capítulo.

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