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El arquitecto Mariano Marín publica sus vivencias: “Me gustaba más el Gijón antiguo”

El autor, que en febrero cumplirá 96 años, recopila en un libro sus recuerdos tras “una vida llena, con tragedias, angustias y alegrías”

Mariano Marín, en su estudio de la plaza de Europa, con su libro.

Mariano Marín, en su estudio de la plaza de Europa, con su libro. Juan Plaza

“Me gustaba más el Gijón antiguo, que urbanística y arquitectónicamente era más interesante que el Gijón Actual. Desgraciadamente, los arquitectos no acertamos. No conseguimos crear la ciudad moderna y rica industrialmente, la imagen de esa ciudad no se planteó bien”. Esta es la reflexión vital que firma el arquitecto Mariano Marín Rodríguez-Rivas (Gijón, 1926), que el próximo 26 de febrero cumplirá 96 años, a la hora de hablar de “Teselas de un tiempo ido”, el libro sobre sus vivencias de niño a adulto a modo de autobiografía en formato reducido. “Tiene algo de carácter biográfico, todo cierto en lo dicho, pero no riguroso en la continuidad de lo dicho”, reflexiona Marín, arquitecto por la Escuela de Madrid desde 1957.

Estación  de servicio “Mayfer”, en la avenida de Portugal.

Estación de servicio “Mayfer”, en la avenida de Portugal.

La obra “va recorriendo lo que vi desde niño a adulto”. “Mi vida ha sido una vida llena, muy llena de cosas. De tragedias, como la revolución de octubre o el 18 de julio; de angustias durante la Guerra Civil, que viví muy de cerca porque entonces ya tenía 14 o 15 años. También ha habido momentos de mucha alegría”, reconoce Marín, distinguido en 2017 por el Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias con el premio “Castelao” “por su trayectoria y búsqueda de la excelencia”. También están presentes su visitas familiares al teatro. “Teníamos acceso todos los meses a la obra que se representaba en el María Guerrero, aunque la mayor parte de las veces íbamos de gorra (risas) porque sus directores tenían con nosotros una amistas propia de una familiaridad”, recuerda.

Edificio  ubicado en la plaza de  Europa, 14.

Edificio ubicado en la plaza de Europa, 14.

En el libro no faltan capítulos para sus años de estudio en Madrid, muchos en compañía de su familia, que “a mi juicio todos tenían una vida muy interesante”. Y, por supuesto, su Gijón natal. “Hablo del muelle, porque me atraía mucho personalmente. Siempre alquilaba una lancha de remo. También los días que había temporales y subíamos a Cimadevilla para ver los rescates. Era una escena con carácter dramático, viendo como los familiares miraban emocionadamente e identificaban a los suyos”, rememora Marín, que también deja hueco a la playa de San Lorenzo, “donde muchos aprendimos a jugar descalzos al fútbol”.

Mariano Marín, que lleva a gala su paso por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (EE UU) en 1962, deja también espacio para otros momentos de su vida en un libro “lleno de cosas” y en el que reconoce desde el inicio que lo suyo es la arquitectura. “Jamás fui escritor, aunque siempre tuve interés por conocer los trucos de los que se sirven los que escriben para propiciar la curiosidad de las gentes, y llegué a la conclusión de que la imagen parecía la fundamental virtud de la que carezco”, reconoce en el prólogo.

Sede del Club de Tenis,  de 1963, en Somió.

Sede del Club de Tenis, de 1963, en Somió.

El arquitecto gijonés pasa de puntillas por su dilatada obra que en no pocos espacios puede contemplarse en Gijón. Suyos son la sede del Club de Tenis (1963), la estación de servicio “Mayfer” de la avenida de Portugal (1960), el edificio de la calle Ramón y Cajal 38 (1961), o el edificio de la manzana de Los Campos. “Pero del que más orgulloso estoy es de este (en referencia al edificio en el que se ubica su estudio, en la plaza de Europa 14) que no le gusta a nadie (risas). Es mi mejor obra, sobria, disciplinada, rigurosa, con unos aparejos estudiados hasta lo más profundo”, matiza.

En toda su trayectoria, igual que en este libro, siempre ha sido Mariano Marín de hacer balance y examen. Es por ello que sufre con esa imagen de Gijón actual cuando recuerda al de su niñez. “Se hizo un crecimiento monstruoso con algunos edificios y eso es muy difícil de recuperar. No voy a citar fracasos personales, de citar citaría los míos”, bromea. “Bueno, tuvimos muy malos arquitectos municipales, eso sí se puede citar como responsables”, resuelve Mariano Marín.

La sede del Club de Tenis en Somió, la estación de servicio “Mayfer”, en la avenida de Portugal, o el edificio de la plaza Europa 14, donde el arquitecto tiene su estudio desde hace años son algunas de las obras que Mariano Marín Rodríguez-Rivas, guarda con especial cariño dentre las muchas construcciones que le valieron el reconocimiento y respeto de sus colegas arquitectos.

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