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Cate estudiantil a los viales del campus

“Llevan así desde que empezamos”, lamentan los estudiantes de Marina Civil e Ingeniera sobre el mal estado de las carreteras de la Universidad

El estudiante Rubén Freile, en su moto, por la calle Blasco Garay, con el edificio polivalente de la Escuela Politécnica al fondo. | Juan Plaza

Dice Álvaro González, un joven de 23 años que estudia el grado en Náutica y Transporte Marítimo, que en sus cinco años en el campus de Gijón ha visto “de todo”. Pero que no recuerda ni una sola actuación para corregir el mal estado de los viales. Los baches, las grietas y los socavones de algunas calles, especialmente en Blasco Garay, los conoce como la palma de su mano. Acude de media unas tres veces por semana al campus, lo que le equivale a un total de seis viajes en coche. “Provocan muchos desperfectos. Hay carreteras que no deberían parchearse, sino hacerse otra vez desde cero”, critica.

Como González, otros muchos estudiantes suspenden el estado de las carreteras del campus gijonés y exigen un urgente arreglo de los viales que se encuentran en peor estado. Lo hacen justo después de que la alcaldesa, Ana González, invitara a la Universidad de Oviedo a pedir el permiso de obra para arreglarlos. “Son suyos y la solución está en sus manos. Solo tienen que pedir el permiso”, explicó la primera edil, tras recordar que Gijón es “la única ciudad” que da dinero a la institución académica. La Universidad, que el martes había instado al gobierno local a hacer las obras, optó ayer no hacer declaraciones.

Blasco Garay es la que más centra las críticas de los estudiantes por ser una de las arterias principales de esta parte del campus. Guillermo Nosti tiene 21 años y está en primero de Ingeniería Mecánica. Ayer decidió ir a pie a sus clases, a pesar de que tiene coche, para evitar problemas con los socavones y las grietas. “Hay partes muy descuidadas. No costaría prácticamente nada volver a asfaltarlas”, declara. Nosti es en la jerga universitaria un “novato” en el campus. Todo lo contrario que Pablo Luis Cuervo, un veterano de 32 años que cursa su cuarto año Náutica y Transporte Marítimo, uno de los dos grados que ofrece Marina Civil. Es usuario de patinete eléctrico, pero no se le ocurre circular con este vehículo por los viales del campus por si se le estropea. “Esto lleva así bastante tiempo ya. Debería hacerse algo”, concreta.

Un ciclista por un vial lleno de baches. | Juan Plaza

Muchos estudiantes temen que los socavones y los baches provoquen algún día algún accidente grave. Los que acuden con regularidad al campus ya conocen por qué partes de las vías no deben circular si no quieren tener que acudir más pronto que tarde a un taller. No sucede lo mismo con la gente menos habituada a desplazarse a esta parte de la ciudad, cuya inexperiencia se traduce en frenazos y a veces hasta volantazos. Lo cuenta Martín Álvarez, estudiante de Náutica y Transporte de 24 años. “Puede haber un accidente, porque mucha gente se echa a otro carril y por aquí hay mucho tráfico”, destaca. “Pasan muchos ciclistas y de noche, que es las siete de la tarde, es todavía peor porque encima no se ve nada”, desgrana Javier Gancedo, que cursa el máster en Náutica.

Esta zona ya soporta mucho tráfico, pero es de esperar que crezca en los próximos años con la ampliación del Parque Científico y Tecnológico y la ansiada residencia universitaria. Por eso, los daños en los vehículos es otra de las principales preocupaciones de los estudiantes. Así lo cree Ismael Carretero, de segundo de Ingeniería Mecánica. “Hay puntos donde es imposible que el parachoques delantero no pegue en el asfalto. Si no te fijas muy bien, puedes provocar un destrozo serio”, indica. Alejandro Martínez, compañero de este joven, experimenta precisamente este problema a diario. “Tengo un coche bajo con la suspensión muy dura. O me cambio de carril o me caigo al pozo”, lamenta en referencia al bache que hay en la calle Blasco Garay justo a la altura de la senda peatonal del Peñafrancia.

Inés García, Álvaro González y Martín Álvarez, ayer, en el campus.

Además de los 3.400 alumnos y el medio millar largo de profesores que aportan Marina Civil y la Politécnica de Ingeniería, hay que sumar aquellos estudiantes que emplean los viales interiores del campus para acudir a la Universidad Laboral, donde está la Facultad de Comercio, Turismo y Ciencias Sociales, y hacia el Hospital de Cabueñes, donde se encuentra la facultad de Enfermería. Por estas carreteras pasan además una buena cantidad de líneas de transporte público, lo que aumenta el deterioro de estas vías. Una de las jóvenes que va a clase en autobús es Inés García, que a sus 18 años se matriculó el grado de Náutica y viaja todos los días desde Avilés a Gijón para acudir a sus clases diarias. “Aún cuando vas subida en el autobús se notan los golpes de los baches. Se deben arreglar los viales con urgencia”, zanja una joven, que como muchos otros, suspenden el estado de las carreteras universitarias.

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