Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Un accidente que conmociona a la ciudad | Las investigaciones

El tejado que mató a dos obreros en el San Vicente se reparó los dos últimos años por goteras

El colapso de cien metros cuadrados de la cubierta provocó el derrumbe mortal, según el informe realizado por los Bomberos

El colegio San Vicente de Paúl, ayer. Juan Plaza

El tejado del colegio San Vicente de Paúl que se desplomó en la mañana del miércoles sobre dos aulas matando a David y Andrés Velasco, dos de los cuatro obreros que estaban colocando pladur en el techo de una de ellas, fue reparado el verano pasado y en el de 2020, después de haber sufrido goteras en una de las clases de este edificio histórico, incluido en el Catálogo Urbanístico municipal. El informe sobre el siniestro elaborado por el servicio municipal de Bomberos y al que ha tenido acceso LA NUEVA ESPAÑA, señala que el siniestro se produjo por el colapso de cien metros cuadrados de cubierta sobre el forjado de la tercera planta, en la que estaba el espacio afectado. “El edificio no ha quedado apto para su utilización”, concluye este documento, que formará parte de la investigación.

Parte de la cubierta que se desplomó era tejado y otra parte de la terraza de las antiguas viviendas que ocupaban las monjas de la Congregación de las Hermanas de la Caridad, que ya no residen en el edificio desde hace años. Se trata de una zona en la que las fuentes consultadas señalan que se acumulaban bolsas de agua. La humedad, si se filtra, puede acabar dañando el forjado. Si bien en este caso aún se desconoce el motivo por el que cedió el forjado durante una obra consistente en la colocación de pladur (según explicaron los dos trabajadores de la empresa Solarina Construcciones y Servicios que sobrevivieron al siniestro) en el techo de un aula, algo que no afecta a la estructura. La colocación del pladur obedecía a que habían aparecido grietas en la escayola de este espacio.

Para conocer a ciencia cierta las causas del desastre que segó la vida de dos trabajadores de la construcción habrá que esperar a los resultados de la investigación que está efectuando la policía científica de la Comisaría de Gijón. En cuanto al informe de los Bomberos, se especifica que, en el rescate por las ventanas de los trabajadores que sobrevivieron y en la búsqueda de los dos que habían quedado atrapados bajo los escombros, participaron 15 efectivos del Sevicio de Bomberos de Gijón, se desplazaron en seis vehículos del cuerpo, en un dispositivo en el que también intervinieron agentes de la Policía Local y Nacional, sanitarios, además de técnicos municipales.

En una operación que se desarrolló durante cinco horas, los bomberos trabajaron a destajo para localizar a los dos obreros desaparecidos, en grupos de trabajo de cuatro personas para retirar los escombros con ayuda de herramientas manuales, eléctricas y de combustión, dándose relevos cada tres cuartos de hora. También fue necesaria una grúa de gran tonelaje para retirar un gran pieza del forjado y localizar el segundo de los cadáveres, algo que ocurrió a las cuatro menos cinco de la tarde. El primero se pudo recuperar a las dos y cinco de la tarde. El informe de los Bomberos señala que tras lo ocurrido acabó “no quedando el edificio apto para su utilización”, por lo que el área de disciplina urbanística del Ayuntamiento dejó a cargo de una empresa especializada la revisión y reparación del mismo.

Según las primeras indagaciones, cuando el forjado cedió, una ingente cantidad de escombros cayó sobre los trabajadores Andrés Velasco Díaz y David Velasco Velasco, de 39 y 40 años, naturales de Aller y vecinos de Mieres, que fallecieron. De los otros dos operarios que colocaban el pladur, Vicente Moirón resultó ileso al haberse acercado un momento a una ventana cuando se produjo el desastre, y el cuarto, Kamel A. fue trasladado al Hospital de Cabueñes con heridas en una mano.

Tras el derrumbe de la cubierta sobre las aulas, “quedaron en pie tabiques y los muros de la fachada”. Los bomberos derribaron tras recuperar los cadáveres “toda la parte de la fachada por encima del forjado afectado, en la zona de la curva del inmueble que hace fachada a las calles Caridad y Ezcurdia y que por el estado en el que se encontraba, había peligro de que cayera a la calle”. “Un turno posterior de bomberos apuntaló tres huecos de ventana”, indica el informe. Los bomberos volvieron a realizar una inspección al inmueble ayer por la tarde a petición de la Policía Local.

El tráfico de Ezcurdia se desvía por La Playa y Caridad, cortada

Pese a haber derribado toda la fachada que estaba por encima del forjado afectado, la que tenía un evidente riesgo de desplome sobre la vía pública, el Ayuntamiento de Gijón, por precaución, mantenía ayer acordonada la zona, por un lado en la calle Caridad y por otro, en la calle Ezcurdia, desviando el tráfico por la calle La Playa hacia el paseo del Muro.

En el edificio continúan las labores de desescombro, de las que ahora se ocupa la propiedad. También se decidió que la empresa en la que trabajaban los obreros afectados por el accidente apuntale determinadas zonas del inmueble para asegurarlo, también en este caso por precaución. Esto último se decidió tras la visita que hicieron al lugar a última hora del miércoles técnicos de Obras Públicas y de Urbanismo del Ayuntamiento, junto al jefe del Servicio de Bomberos.

El edificio del Colegio San Vicente Paúl acumula 132 años de historia como centro educativo. Según datos del catastro, su origen se remonta a 1890, cuando nació como Escuela de Comercio. En 1916 fue adquirido por las Hermanas de la Caridad que acabaron trasladando al mismo su residencia y el Colegio San Vicente de Paúl, que habían fundado en 1892 en el número 74 de la calle Ezcurdia.

Con las Hermanas de la Caridad, el edificio de la antigua Escuela de Comercio fue ampliado con sótano y tres plantas entre 1932, en una obra del arquitecto Miguel García de la Cruz, en un estilo racionalista y art-decó. Esa ampliación del colegio es la fachada que da a la calle Ezcurdia y la rotonda que la enlaza con la fachada de la calle Caridad, que es la parte del colegio donde se produjo el siniestro. La fachada de la calle Caridad y la capilla es una ampliación de 1957, proyecto de Juan Manuel del Busto y Miguel Díaz Negrete.

Aunque siguió con funciones formativas, durante un breve periodo de tiempo, en la Guerra Civil, el edificio dejó de estar en manos religiosas al ser “nacionalizado” por una asociación republicana. Las Hermanas de la Caridad ya no residen en el colegio desde hace dos año y el mismo ha pasado a manos de la Fundación Educere, vinculada a la Federación de Centros Católicos Fere. Toda la comunidad educativa está consternada por el fatal accidente.

Compartir el artículo

stats