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Un paso crucial para la regasificadora

La autorización de la planta de El Musel para activar sus dos tanques solo está pendiente del Ministerio tras el visto bueno de la CNMC

Los dos tanques de la regasificadora de El Musel, con el cabo de Torres al fondo y con la terminal de minerales y un barco delante. | Marcos León

Los planes del Ministerio para la Transición Ecológica de acelerar la puesta en servicio de la regasificadora de El Musel, como mero punto intermedio de almacenaje de gas natural licuado para su posterior reenvío a otros países de Europa, acaba de dar un paso crucial con el informe elaborado por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) que, pese a sugerirle al Ministerio la incorporación de algunos matices, ha dado el visto bueno al otorgamiento de la autorización administrativa previa y aprobación del proyecto de ejecución de la obra de la regasificadora. La planta de El Musel acabó de construirse a finales de 2012, pero un año después una sentencia judicial declaró nula su autorización, con lo que para poder comenzar a operar ha tenido que volver a repetir toda la tramitación administrativa desde cero. Algo que tras el informe de la CNMC ya solo está pendiente de la resolución por parte del Ministerio, previa incorporación de las modificaciones sugeridas.

Se trata de un trámite que previsiblemente irá rápido, dado el interés gubernamental en activar la planta antes de que finalice este año. Calendario que otras fuentes consultadas consideran muy optimista para una instalación que antes de la invasión rusa de Ucrania se contaba con que comenzara a almacenar gas licuado avanzado el año 2023. Enagás está por “abrir lo antes posible”, pero sin concretar una fecha, según explicó su director general, Claudio Rodríguez Suárez, en Gijón el pasado 25 de mayo.

Ya habían pasado seis días desde que la CNMC había emitido su informe sobre la autorización administrativa de la planta, que no trascendió públicamente hasta esta semana. Ese informe da vía libre a regularizar la situación de una infraestructura que no solo había quedado en el limbo tras la nulidad de su primera autorización administrativa en junio de 2013, si no que ni siquiera llegó a ponerse en servicio antes de esa sentencia debido a que en 2012 el Gobierno central decidió hibernar la planta ante el exceso de capacidad de regasificación existente en España, que cuenta con otras seis regasificadoras operativas.

Ahora Enagás promueve la activación de parte de sus instalaciones de El Musel no para regasificar y bombear combustible al sistema gasista español, si no para almacenar el gas natural licuado en los dos tanques de El Musel que suman una capacidad de 300.000 m3 de gas licuado, equivalentes a 174 millones de m3 de gas. Es precisamente el menor volumen que ocupa el gas natural en estado líquido el que hace rentable licuarlo para su transporte por barco, a temperaturas inferiores a 160 grados bajo cero. No obstante, este método incrementa su coste respecto al transporte de gas en su estado natural por gasoducto, como el que venía enviando Rusia a países del norte de Europa hasta que ha empezado a cortarles el grifo o el que llega a España de Argelia, ahora en medio de tensiones diplomáticas por el cambio de postura respecto al Sahara occidental. Una regasificadora, en cambio, puede recibir barcos de cualquier país productor del mundo.

Además de emplear los tanques de la regasificadora de El Musel como punto intermedio de almacenamiento –con contratos a largo plazo con empresas gasistas– para su envío a otros países. Enagás ha venido sosteniendo que la activación de los tanques de la regasificadora también contribuirá a la seguridad de suministro para el noroeste peninsular, en una instalación diseñada para recibir buques metaneros de entre 65.000 y 260.000 m3 de capacidad de carga.

La posibilidad de activar la regasificadora de El Musel solo para servicios logísticos de gas licuado, sin acceso al sistema gasista nacional, es posible tras una ley de 2014 que permite establecer retribuciones económicas singulares para regasificadoras ya construidas y que se destinen a ese fin. El único caso posible, entonces y hoy, es el de El Musel. Precisamente en 2014 Enagás elaboró un proyecto, pendiente de ejecutar, para invertir 89,25 millones de euros adicionales de los de entonces en mejorar la capacidad de recarga de buques metaneros en El Musel, entre otras cosas, ampliando su actual pantalán de atraque de barcos y construyendo uno nuevo, lo que posibilitaría incluso el trasvase de gas licuado de un metanero mayor a otro más pequeño sin ni siquiera pasar por los tanques de la regasificadora. Una cantidad, que de ejecutarse esa obra, se sumaría a la inversión ya acometida por Enagás en El Musel, que la CNMC cifra en 318,71 millones de euros, sin aclarar si dicha cantidad incluye el IVA.

Enagás ya solicitó el pasado abril a la CNMC que autorice la retribución singular para la planta de El Musel como almacén de gas licuado, distinta de la que reciben las regasificadoras que bombean a la red nacional, con cargo al recibo del gas. La decisión de la Comisión de los Mercados al respecto será vinculante. Hasta que no la dicte, el Gobierno no podrá otorgar el acta de puesta en servicio de la regasificadora, que será el último trámite para que pueda comenzar a operar, tras la autorización administrativa que ya tiene vía libre.

Eso en el caso de que no se vuelva a torcer la situación con nuevos recursos contra su apertura, como el que ya está estudiando plantear Ecologistas en Acción, que opina que la planta no es necesaria, y que también baraja solicitar que Enagás devuelva los 282 millones de euros que ha cobrado hasta ahora del sistema gasista como retribución a la inversión en El Musel y por sus gastos de operación y mantenimiento.

Por contra, la activación de la regasificadora goza de un amplio respaldo político. El Congreso aprobó en mayo una moción para agilizar su puesta en marcha con 291 votos a favor, 41 en contra y 4 abstenciones, ante la situación derivada del la guerra de Ucrania.

Aunque este conflicto podría acelerar su puesta en marcha, el Gobierno ya abrió la mano a la activación de los dos tanques de la regasificadora en 2018. En aquel año levantó la moratoria que la había hibernado en 2012. Reganosa, sociedad que explota la regasificadora de Mugardos, en la ría gallega de Ferrol, intentó bloquear judicialmente la decisión, pero el Tribunal Supremo acabó por rechazar en 2020 su recurso.

El 6 de agosto de 2018, Enagás, ya había solicitado a Transición Ecológica la tramitación de la nueva autorización administrativa y autorización del proyecto de la planta gijonesa. Tramite a punto de culminar, tras el visto bueno de la CNMC. La activación como un mero almacén de gas licuado tendrá un carácter temporal, sin concretar. En el caso de que Enagás quisiera en un futuro reconvertir la instalación para su uso con hidrógeno, requeriría de más inversiones.

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