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Los viajes de Jovellanos: Mes y medio en Salamanca

La visita del ilustrado a la ciudad universitaria y su paso por los Colegios de Órdenes, con algunos disgustos por su parte

Dibujo del arquitecto Gómez de Mora de la fachada del Colegio del Rey en Salamanca.

Jovellanos llegaba a Salamanca en el anterior capítulo y era el 3 de octubre de 1791, pero su estancia se prolongaría hasta el 14 de noviembre, con lo que debo añadir la razón de ser de aquella estancia más larga en la ciudad del Tormes.

En el verdadero plan de viaje, nuestro ilustrado tenía previsto haber llegado a Salamanca días antes, ya que la finalidad real de su viaje era continuar la visita de los colegios de Alcántara y de Santiago, pero Jovellanos ya conocía el paupérrimo estado en que se encontraba el de Alcántara, ya que en el verano de 1790 él ya había estado en Salamanca viendo in situ los Colegios pertenecientes a las Órdenes Militares. En ese verano anterior, Jovellanos había casi resuelto la cesión de una parte del llamado campo de San Francisco, en las cercanías del colegio del Arzobispo, para construir un edificio digno para el colegio de Alcántara cuya situación era absolutamente lamentable como dije. Las obras se iniciaron en el mismo verano de 1790 bajo planos de Pedro Durán, pero casi inmediatamente los franciscanos abrieron pleito contra esta cesión de terrenos y las obras se pararon.

Ante esta situación que estaba prolongándose en el tiempo, Jovellanos evitó llegar primero a Salamanca a sabiendas de la presencia en la ciudad de Vicente Peñuelas, que era oidor de Valladolid, y que se posicionaba a favor de los franciscanos. Don Gaspar no quería cruzarse ni coincidir con él en Salamanca y, por eso, permaneció más tiempo en Valladolid, desviándose incluso para conocer el canal de Castilla como ya vimos. Aún así cuando llega a Salamanca solo quería aplicar con rotundidad el Reglamento para el Colegio de Calatrava aprobado ya previamente por el consejo de Órdenes. Así pues, el 14 de noviembre reemprende su camino que es a donde nos ceñiremos nosotros.

De todos modos aún sabiendo su labor aquellos días en Salamanca, hizo y recibió muchas visitas, y creo que algún retazo de ellas es interesante, por ejemplo cuando los días 9 y 10 de octubre cita esto en el diario:

“Dia 9.-El marqués de Tolosa, que vino a los baños de Ledesma, y de ellos aquí, con la gota removida, muere este día al anochecer; su hijo único, D. Miguel Fernández Durán, es trasladado a casa del intendente; allí le acompañamos. Al anochecer entierro en la parroquia de San Martín; se deposita el cadáver en la capilla de San Blas, perteneciente a la familia de Santisteban; al abrir el sepulcro se halló el cadáver de un caballero enterrado en el siglo XIV, tiempo de los bandos y de doña María la Brava. Esta noche viene Meléndez con su mujer y sobrina; me avisan; voy a verlos después a casa”.

El marqués de Tolosa que fallece aquel día es Miguel Francisco Fernández Durán López de Tejada, fue el II marqués de Tolosa. Era el hijo de Miguel Fernández Durán Fernández de la Casa y de Isabel María López de Tejada Baíllo de la Beldad, I marqueses de Tolosa. Fue Caballero de la Orden de Calatrava y miembro de la Orden de Carlos III, mayordomo del rey, secretario de Estado y del Despacho de Guerra, Marina e Indias y Director del Banco de San Carlos.

Tuvo un hijo con Antonia María de la Concepción de Pinedo Velasco, hija de los I marqueses de Perales del Río, y es Miguel Antonio Fernández Durán de Pinedo, III marqués de Tolosa, que Jovellanos llama, en otra parte del diario, cariñosamente, Miguelito.

Y nos dice Jovellanos que el entierro fue en San Martín, y es evidente que se debe hacer una pequeña reseña de esta importante iglesia románica ubicada en un lugar muy estratégico del centro salmantino, al lado de la famosa plaza Mayor. La iglesia es del siglo XII aunque tiene zonas muy camufladas por las transformaciones que el entorno tuvo y las añadiduras de la propia iglesia. Conserva una portada del siglo XVI en su lado sur, mientras que la del lado norte, que da a la muy transitada plaza del Corrillo, conserva perfectamente las trazas románicas. Es siempre una iglesia de recomendable visita para conocer en la actualidad, y sus sepulcros góticos interiores son también del máximo interés, como los mencionados por Jovellanos de la familia Santiesteban. Eran estos, señores de Torrebermudo, y tienen sus tumbas en esta iglesia Diego de Santisteban, fallecido en 1488 y su hijo Roberto, con la esposa Isabel Nieta. Este sepulcro es conocido como “El doncel de Salamanca”. Es de gran riqueza y belleza artística.

Y nombra también a Meléndez, que es Juan Meléndez Valdés el gran poeta del XVIII español sin duda. Gran amigo de Jovellanos y que desarrolló importantes cargos al lado de su faceta poética, como Alcalde del crimen en Zaragoza, oidor en Valladolid, fiscal en Madrid, o presidente de la Junta de Instrucción Pública.

Visitas, lugares o conversaciones curiosas tuvo Jovellanos aquellos días que creo son dignas de mención aquí. Por ejemplo, cuando dice esto en el diario: “Día 20.-Fui al Colegio del Rey a las diez; me recibieron abajo dos colegiales en balandrán, y en la anterrectoral la comunidad lo mismo; indiqué al vicerrector cuánto lo extrañaba y les mandé vestir los mantos; lo hicieron; se juntó la comunidad; leyó los despachos el colegial librero; se besaron y pusieron en la cabeza; siguió un discurso que les hice sobre los objetos de la visita; el vicerrector, luego que hube acabado, indicó que tenían hecha una representación a Su Majestad acerca de esta visita, y que querrían resolver sobre ella, y que les diese tiempo; les dije que, leídos como estaban los Reales despachos, debían dar una respuesta decisiva sobre su obedecimiento, y al mismo tiempo les hice entender que considerasen lo que hacían sobre este punto; resolvieron admitir la visita con protesta; les volví a amonestar sobre esto, indicando que no tenía por mí reparo alguno en extender esta protesta; insistieron; se extendió; firmaron todos y se procedió a la formación de los inventarios por el de la rectoral, que se concluyó. Vine por casa de don Santos, a quien hallé en cama y con gentes. No le hablé, por lo mismo, como pensaba; y me alegro, porque iba enfadado y hubiéramos rifado: él es el autor de todas estas monadas”.

Curiosa narración de un Jovellanos que nos imaginamos enfadado por algunos asuntos que no le gustaban cuando hacía aquellas visitas a los Colegios de Órdenes y que veía fuera de su lógica, pero menciona aquí y en esos días salmantinos, de un modo recurrente el Colegio del Rey. Este lugar es importante en la historia de los colegios de órdenes militares en Salamanca, y pertenecía a la Orden de Santiago, cuya fundación religiosa se atribuye al rey Alfonso VIII, y a la aprobación por bula de 1175 del papa Alejandro III. En la ciudad salmantina, la Orden se estableció en una casa que se situaba en el llamado Patio Chico y otra en la calle Balmes. Estás dos casas se unieron en una junto al Hospital de Expósitos. Así, en este lugar, la orden se estableció en el llamado ya para la posteridad Colegio del Rey.

Un par de anécdotas más de aquellos días salmantinos es cuando escribe esto: “Hoy falleció en esta ciudad Don Pascual Real, famoso labrador de Salamanca. Labraba los términos de once lugares; cogía de catorce a diez y ocho mil fanegas de grano, veinte mil cántaros de vino, y tendría más de trescientas vacas de vientre”.

Datos que se salen de su trabajo en sus visitas a los Colegios y que nos deja como anécdotas de sus días allí, o como cuando paseando en carruaje oye algún refrán llamativo, nos lo cuenta así: “Paseo después de comer con el intendente, su hermana y Meléndez en coche; allí oí esta cantiña arrefranada:

De gorriones, curas y frailes,

Líbrenos Dios de estas tres malas aves.

Los gorriones se comen el trigo,

Y los curas se beben el vino,

Y los frailes retozan las mozas;

Líbrenos Dios de estas tres malas cosas”.

El día 14 de noviembre Jovellanos salía de Salamanca tras casi mes y medio de estancia en la ciudad, pero ese recorrido lo vemos ya en próximo capítulo.

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