Drogas, navajas, peleas y billetes falsos: así se vigila la noche de Gijón

El dispositivo de vigilancia de la Policía Nacional en zonas de ocio, más intenso tras la muerte de José Antonio Justel, incluye controles de tráfico y en pubs con antidisturbios

Drogas, navajas, peleas y billetes falsos: así se vigila la noche de Gijón

VÍDEO: Pablo Palomo/ FOTO: Ángel González

Pablo Palomo

Pablo Palomo

El reloj de la comisaría del El Natahoyo marca las 00.26 horas de la madrugada del sábado cuando la voz distorsionada de un policía suena por la emisora. Los más de treinta agentes que van a participar en el dispositivo especial de vigilancia de las zonas de ocio nocturno de Gijón, un operativo que se mantiene activo desde la paliza que segó la vida de José Antonio Justel, apuran los preparativos para controlar una noche de cielo despejado y fría. Muy fría. El aviso de la radio hablaba de una pelea en la calle Marqués de San Esteban que queda en nada, pero la calma tensa se mantiene. Las inmediaciones del viaducto de Carlos Marx están casi a oscuras hasta que los reflejos de las luces azules oscuras de los furgones las encienden. LA NUEVA ESPAÑA acompaña a la Policía Nacional a un dispositivo que durará casi hasta el amanecer y que incluye patrullas por las zonas calientes de la noche, controles de tráficos y dos redadas en dos pubs, uno en la calle Trinidad y otro en Gaspar García Laviana. El saldo queda en 13 actas por drogas, dos navajas incautadas, una sanción por enfrentarse a los agentes y cinco billetes falsos de 20 euros fuera de la circulación.

"La Policía tiene tolerancia cero con los violentos", explican las fuentes que acompañarán a este periódico durante la noche. "El operativo que vamos a hacer, ya lo hacíamos antes. Pero a raíz del incidente –la muerte de José Antonio Justel– hemos intensificado nuestra presencia", añaden. "Llevamos así todos los fines de semana desde que pasó lo que pasó y seguiremos haciéndolo hasta que se considere oportuno, pese a que la situación vuelve a ser tranquila", concretan. El dispositivo tiene un objetivo doble. Hay una parte preventiva, relacionada con la seguridad ciudadana, y otra administrativa, en lo que tiene que ver con el control de los establecimientos. El dispositivo lo conforman más de tres decenas de agentes. Participan el Grupo de Atención al Ciudadano, radiopatrullas, policías de paisano, la Unidades de Intervención Policial (UIP), guías caninos, Extranjería y Seguridad Privada. Todo ello, complementado con la colaboración de la Policía Local, con competencias para tramitar las sanciones por temas de licencias de los pubs. "La colaboración con ellos es estrecha", reconocen estas fuentes.

Los dos furgones que iluminaban Carlos Marx circulan por la avenida de José Manuel Palacio pasada la una y media de la madrugada. Se colocan en paralelo en los dos carriles a la altura del Museo del Ferrocarril y dejan encajonados varios coches. La mayoría, taxis. La conductora de un Guppy con cuatro ocupantes baja la ventanilla y pregunta qué sucede. Se entera en pocos segundos, lo que tardan una docena de agentes, algunos con fusiles, en montar el control de tráfico. La acción dura un cuarto de hora. Paran a un BMW con dos pasajeros. Todo en regla. La noche se presume rutinaria. Pero rutinaria para la Policía no es sinónimo de inactividad.

El operativo incluye controles en el interior de dos pubs. El primero, se lleva a cabo en la calle Trinidad, en un local subterráneo en el que para llegar a la pista de baile hay que bajar un puñado de escalones. Varios agentes de paisano esperan en las inmediaciones, al pie del antiguo Banco Urquijo, para poder entrar. Aguardan a la UIP, que, llegan y aparcan sus furgones. De los vehículos salen varios policías protegidos con casco de antidisturbios y las porras enfundadas. "Vamos, vamos, entramos", se les oye gritan, con prisa. Su número parece elevado, pero dentro se encuentran más de 40 clientes. Y no todos se toman su presencia igual de bien.

"Id a los locales donde rompen cabezas", espeta a los agentes un hombre al que tienen que sacar fuera antes de que se ponga más nervioso. Detrás de la UIP entraron dos perros antidroga, que, nada más poner un pie en la pista de baile, comienzan a ladrar en todas las direcciones y a subirse a los pantalones de algunos clientes. Los agentes separan a los presentes por sexo para los cacheos. Los policías de paisano van de un lado a otro del local, bastante amplio. Lo registran todo, también los baños.

El pub queda cerrado al público. La madrugada ya está avanzada y en algunos clientes se notan ya los efectos del alcohol y de las drogas. Nadie puede entrar a la discoteca a partir de ahora, ni tampoco salir salvo que tengan un permiso expreso de los agentes. No todos se lo toman igual de bien. Un chaval que dice venir del Casino insiste en pasar al interior del local. Intenta explicar, arrastrando las palabras, que si no va a tener que pagar 40 euros de taxi para volver a Lugones. Los policías que custodian la puerta le piden que se aleje para no entorpecer el operativo. Se lo tienen que repetir varias veces, elevando la voz. Otras dos chicas quieren entrar a por su cazadora. Una fuma un pitillo de liar y la otra tiene una botella de agua abierta en la mano. Otro grupo, que va la discoteca a hacer promoción de una conocida marca de bebidas, se tiene que dar la vuelta.

Pasado el tiempo, los clientes, algunos de malas maneras, empiezan a salir. Un hombre con una gorra en la cabeza y en manga corta se enciende un cigarro y hace una llamada. Habla con una joven que llegará minutos después. "Que no, que no puedo entrar a por mis cosas porque está la puta Policía", cuenta. Dos agentes de paisano de la Policía Local le fulminan con la mirada, pero lo dejan estar. El hombre salta de frío mientras el reloj de la farmacia marca cinco grados y el relente casi se mastica.

El control dura una hora y media. Entraron con las luces de Navidad encendidas y salieron con ellas apagadas. Los agentes destacan "la buena colaboración" de casi todos los clientes. Levantaron actas por posesión de drogas, sobre todo por cocaína y hachís. En el suelo, destacaron, había buena cantidad tirada. Los trapicheos, los hurtos y peleas menores, explican, suelen ser los incidentes más comunes de la noche. "Gijón es una ciudad segura. ¿Pasan cosas? Sí, pero como en todos los sitios", argumentan. El mismo procedimiento se sigue en Gaspar García Laviana y se seguirá las próximas noches de los fines de semana para arrinconar a los violentos y seguir manteniendo a la ciudad entre las más seguras del país.