Entrevista | Manolo García Cantante, actúa este sábado en Gijón en la Laboral

Manolo García: "Hace falta comer, pero no tanto, la vanidad, fama y dinero hay que mirarla lo justo"

"Sufrí una miocarditis y tuve que parar, ahora voy tranquilín y toco en teatros; no me cuesta adaptarme a la situación y forma física que tengo"

Manolo García, en un imagen promocional.

Manolo García, en un imagen promocional. / Pablo Antuña Gijón

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Manolo García (Barcelona, 1965) actúa este sábado en Gijón en el teatro de la Laboral (21.00 horas), dentro de su gira "Teatros 2023", con la promoción de sus dos últimos trabajos.

–Gijón, última parada ante el público del año.

–Sí. Cierro en Xixón, es un sitio genial, una ciudad que conozco perfectamente, la habité y ella a mí durante un año. Es una alegría enorme a volver.

–¿Alguna parada obligada?

–Más que ver algo me apetecen los restaurantes, comer fabes, regalar el paladar con el recuerdo del tiempo, con ese Muro de San Lorenzo cuando salía a dar un paseo, y esa discoteca Cuprum que ya no existe pero que me encantaba.

–¿Por qué la gira en teatros?

–Por prescripción facultativa. Estaba afrontando los diez últimos conciertos en recintos grandes, tuvo una miocarditis, y tuve que parar con todo el dolor y tristeza de mi corazón. No era nada grave, pero tuve que reposar. Y al volver a la carga los médicos que me atendían decían "empieza piano y suave". Les hice caso, voy tranquilín, para ampliar el año que viene otra vez recintos grandes. Pero confieso que los conciertos en teatros me entusiasman, el sonido es impecable, está muy cerca y la emotividad aflora. Se ve muy claro si la gente lo está pasando bien.

–Se definía como un "animal de escenario", que a veces extralimitaba fuerzas. ¿Se toma ahora la vida de otra manera tras el susto?

–No ha sido tanto eso el causante de lo que me ha pasado. Hay otros motivos más misteriosos, te vas esterando que gente joven también está teniendo problemas de todo tipo que nadie se esperaba. Se habla mucho en las barras de bares de los problemas de covid o vacunas. Nadie sabe nada, seguramente los científicos sí. Pero no me cuesta nada adaptarme a la situación que tengo y la forma física en la que me encuentras. Mick Jagger no corre lo mismo con 70 y muchos que cuando tenía 30 años. Un concierto tampoco es una carrera ni demostrar que el gimnasio al que acudes te pone perfecto. La clave es la actitud. He visto a Eric Clapton, que casi ni se mueve ni abre el pico, y luego toca como los ángeles. Es lo que me interesa.

–25 años de carrera en solitario y 40 si sumamos formaciones como "El último de la fila". ¿Cuál es el secreto para seguir ahí?

–La pasión por lo que haces, la curiosidad por ver qué te espera detrás de la esquina, en forma de concierto y canción. Y el respeto por el público, que es lo que te hace estar 62, 42 ó 2 años. A partir de esa pequeña fórmula se puede ir tirando dignamente.

–¿Le ha costado adaptarse a cada tiempo?

–Soy como el picapedrero o el artesano que trabaja con mimo y paciencia su obra vas aprendiendo a tomar atajos, a no fatigarte ni fatigar. Tambén he aprendido que a veces la vehemencia demasiado salvaje no es conveniente, que hay que domesticarla un poquito. O que las canciones tienen que venir de un pozo muy sincero, de un lugar oculto y muy inexistente. Pero sigues picando piedra porque te gusta el oficio, eso se va a aprendiendo. Y que si pones velas al altar de los dioses de la música del arte, la emoción y la poesía, como la vanidad, fama y dinero, hay que mirarlos lo justo, hace falta comer, pero no hace faltar comer tanto.

–¿Que tiene de especial estos dos últimos trabajos que acercará a su concierto de Gijón?

–En el segundo, "Desatinos desplumados", he dejado ver mi vena más sureña, en la que el actor principal, aparte de voz y mis textos, es la guitarra española. Y en el primero, "Mi vida en Marte", el actor principal es la guitarra eléctrica. En esa dualidad me he movido siempre, pero esta vez lo que he hecho es separarlas de una manera notaria. En uno estoy más rockero y en otro más melódico, más flamenquito de rumbita, porque ya quisiera cantar unas bulerías en condiciones...

–¿Le queda algo por probar y atreverse?

–Todo. Desde la ilusión y curiosidad todo está por inventar. Nos nutrimos de lo que viene de antes, pero el mundo avanza a través de lo que vas aprendiendo de otros. A partir de ahí está todo por hacer. Las posibilidades son infinitas.