La figura de la semana | Julián Jiménez López Exdirector de la Fundación de Cultura e impulsor de la nueva asociación de Amigos de los Museos Arqueológicos

Julián Jiménez, exdirector de la Fundación de Cultura, un maestro de vocación atávica

Viajero y amante de la naturaleza y el mundo grecolatino, integró el primer equipo que impulsó la política cultural local en los años ochenta

Julián Jiménez

Julián Jiménez / Mortiner

A una ciudad cuyos yacimientos arqueológicos demuestran un proceso de romanización a la altura de ciudades como León y Astorga le faltaba, desde hace años, un sector asociativo que potenciase la labor municipal para su explotación y difusión. En la Fundación Municipal de Cultura, y en especial en la red de museos arqueológicos, llevaban tiempo pensando que una agrupación de aficionados ayudaría a trasladar mejor a pie de calle un tipo de turismo que muchos consideran aún complejo o, al menos, menos atractiva. La idea estaba clara, pero la oportunidad de sacarla adelante se ha visto posible hasta ahora y ha sido gracias al profesor Julián Jiménez, prejubilado hace un lustro tras toda una vida laboral dedicada a la misma Fundación de Cultura para la que seguirá, a partir de ahora de otra manera, trabajando. Jiménez, presidente de la flamante asociación de Amigos de los Museos Arqueológicos, tiene fama de ser un hombre inquieto y extrovertido, con una gran disciplina de trabajo, y afronta esta nueva etapa con un objetivo principal: acercar los museos arqueológicos a la ciudadanía y divulgar, para todos los públicos, la importancia de los yacimientos locales.

Jiménez, en realidad, nació en un pueblo sevillano, en el año 1958, pero se vino a la región con apenas tres meses de vida y, por tanto, se considera asturiano de pleno derecho. Su infancia, tras la precoz muerte de su padre, la marcó su progenitora, una mujer fuerte que crio a tres hijos sin apenas ayudas. Emigró con su familia, como tantas hicieron entonces, hasta la cuenca minera. Recalaron en Sama de Langreo como enfermera de Hunosa.

En apenas dos meses de vida, la nueva asociación cuenta ya con medio centenar de socios

Aquel niño, después, creció y se licenció en Magisterio, en la Universidad de Oviedo, en 1981. Fue entonces cuando su titulación facilitó su asentamiento en Gijón, ciudad a la que se siente estrechamente ligado. Lo hizo a través de la Casa del Maestro, una institución que surgió a inicios de esta misma década y que sembró el germen de lo que son hoy los centros de recursos del profesorado. Era, en esencia, un centro para formar a quienes formaban. Jiménez participó muy activamente en aquel proyecto, que en Gijón fructificó con éxito y por el que pasaron miles de profesores locales. Eran años en los que la enseñanza primaria vivía una época de especial efervescencia, casi todo estaba aún por hacer, y las ciudades empezaron a crear manuales educativos más propios y ligados al territorio.

Con el maestro trabajando ya en la ciudad, surgió en 1982 la Fundación Municipal de Cultura, en aquella época aún desligada de la Universidad Popular, pero con una vocación por crear nexos con el mundo educativo ya muy clara. Jiménez integró un reducidísimo equipo fundacional de la mano de nombres conocidos como Jorge Fernández León, que sería el primer director de la entidad, el escritor Paco Abril y la historiadora Pilar González Lafita.

Estaba, también, todo por hacer. El único equipamiento cultural público era la biblioteca de Roces y la ciudad gozaba ya de un buen caldo de cultivo para promocionar la cultura, pero carecía por completo de una política pública que la canalizase. La figura de Jiménez fue en aquellos años clave para sentar unas bases que, a juicio de quienes lo conocieron en aquellos años, siguen bastante vigentes hoy en día. La Fundación de Cultura, a nivel estructural, no ha cambiado tanto su modelo de trabajo de entonces. Y la Universidad Popular, aunque en los años 80 se dedicaba a tareas más básicas como la alfabetización de cientos de gijoneses, también mantiene una esencia similar a la de su nacimiento. Sus compañeros entienden que el trabajo de Jiménez, que siempre mostró una pasión especial por impulsar una educación que fuese más allá de las aulas y que se sirviese de la ciudad, de sus equipamientos y bibliotecas, para poder aprender.

Fue tanta la implicación del maestro en esta primera etapa de la Fundación que no hubo que pensar mucho a la hora de elegir a un sucesor para Fernández León. Jiménez fue director de la fundación desde 1997 –contaba entonces con tan solo 39 años– y durante una década. Durante unos años, también, fue responsable de la oficina de comunicación, que abandonó definitivamente en 2017 alegando motivos personales. Lo que quería, y eso lo tenía claro, era terminar su etapa profesional en un espacio más similar al de sus inicios. Y el lugar elegido fue la dirección de programas de los museos arqueológicos, donde pudo aunar su trabajo con la que desde hace tiempo es una de sus grandes pasiones: el mundo grecolatino. El maestro es un apasionado de la historia en cualquier temática, pero le fascina especialmente la influencia de la cultura griega y romana que sigue vigente en nuestros días.

De ahí que, cuando decidió adelantar su marcha y prejubilarse, un paso que dio algo antes del estallido de la pandemia, la directora de los museos arqueológicos, Paloma García, se dio cuenta que aquel profesional que llevaba toda la vida en los despachos de la Fundación bien podría ser el promotor asociativo que ella llevaba años buscando. No fue muy difícil convencer a un Jiménez que se mantiene muy activo y que logró, en apenas dos meses de recorrido de la asociación, convencer a medio centenar de socios para sumarse a la aventura. El equipo prepara, ahora, un ciclo de ponencias sobre los yacimientos gijoneses que se desarrollará en los próximos meses. La primera charla, celebrada este mes, la protagonizó la propia García. Jiménez, a partir de ahora, compaginará su nueva condición de presidente con su tranquilo retiro en Peñaferruz –en Cenero, una parroquia llena de tesoros arqueológicos–, donde reside junto a su marido, Álvaro Bueno, y con quien comparte el amor por el entorno rural, la historia y los viajes.