Condenado a once años de cárcel por secuestrar, vejar, golpear e intentar violar a su expareja

El procesado, de origen argelino, empujó a su víctima sobre la cama, se colocó encima de ella y le puso un cojín en la boca para que no pudiera pedir auxilio

Un juez.

Un juez. / Juan Plaza

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Once años de cárcel, dieciséis años de alejamiento de su víctima y el pago de una indemnización de más de diez mil euros es la condena impuesta a un hombre de origen argelino y nacido en 1984 que intentó violar a su expareja sentimental, la retuvo contra su voluntad encerrándola en su piso y, además, la vejó y la golpeó físicamente provocándole distintas lesiones por todo el cuerpo. La intervención de la Policía Nacional permitió que la mujer pudiera recibir ayuda. El caso se instruyó en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Gijón y la sentencia, contra la que cabe recurso, lleva la firma del tribunal de la sección tercera de la Audiencia.

El procesado y la afectada habían mantenido una relación sentimental durante alrededor de siete años que terminó en 2019. No obstante, según se expresa en la sentencia, siguieron manteniendo contacto, así como encuentros sexuales esporádicos. Así las cosas, en junio de 2021, la mujer instó a su expareja a que se llevara sus pertenencias personales y el juego de llaves del domicilio que habían compartido. Para ello, los dos quedaron para comer juntos en el piso, y después estuvieron tomando bebidas alcohólicas juntos. Pero en un momento dado, cuando estaban ya cenando en la cocina, comenzaron a discutir. «Hija de p., solo quieres andar con otros tíos», gritó el ahora condenado a su exnovia, lo que motivó que ella se fuese a su habitación. El conflicto fue a más poco después.

El condenado se fue hasta la habitación y le lanzó una copa de vino a su expareja, lo que motivó que ella se fuera al baño a quitarse la camiseta mojada. Ella volvió, y este individuo, con antecedentes ya cancelados, la estaba esperando desnudo en la habitación. Al verla, se le acercó, le quitó la ropa interior que llevaba y la empujó sobre la cama, «tumbándose sobre ella e intentando con ánimo libidinoso» mantener relaciones sexuales completas por la fuerza. Ella trató de escapar, empujándole, pero no logró. Este hombre la cogió por el pelo, la arrastró y la volvió a empujar sobre la cama, agarrándola por el cuello y poniéndole un cojín en la cara para que no pudiera gritar. Su actitud cesó cuando la víctima, según se recoge en la declaración de hechos probados de la sentencia, le advirtió de que no podía respirar.

Las claves

  • El implicado. Un hombre de origen argelino nacido en 1984. Cuenta con antecedentes penales, pero ya cancelados.
  • Cargos. Un delito de agresión sexual en grado de tentativa, otro de detención ilegal y otro más de lesiones en el ámbito de la violencia de género. Por esos tres delitos ha sido condenado, además de por otro de injurias leves. De los cargos de allanamiento de morada fue absuelto. 
  • Condena. Cinco años de cárcel por el intento de agresión sexual, otros cinco más por la detención ilegal y un año por las lesiones. Se suman otros 16 años de prohibición de acercarse a menos de 500 metros de su expareja ni comunicarse con ella.

Tras este episodio, la mujer intentó huir de la vivienda, pero estaba cerrada con llave y las llaves no estaban en la cerradura. Tampoco en el mueble cercano donde solían estar. Él las había cogido. Igual que el teléfono móvil de la afectada. La víctima optó entonces por coger la cartera de su expareja y la tiró por la ventana. Eso motivó que este individuo saliera del piso para ir a recogerla a la calle, pero dejando antes encerrada en el piso a la mujer, que se acercó a la puerta para golpearla y pedir ayuda por si algún vecino la escuchaba.

El ahora condenado regresó y la golpeó en el costado, cayendo ella al suelo, «donde nuevo la golpeó». En un momento dado, la mujer logró activar un teléfono móvil sin que él se percatara. Llamó a su madre para pedir auxilio, pero al darse cuenta de la comunicación, este hombre cogió el teléfono y dijo a su exsuegra que no pasaba nada. Pero la ayuda ya iba en camino, Además, un vecino del inmueble, al escuchar los gritos, también alertó a la Policía Nacional.

Los agentes desplazados hasta la vivienda pudieron hablar con la afectada, que les relató los hechos ocurridos. Ella presentaba contusiones en ambas rodillas, en los muslos, los brazos, en el cuello, en la mandíbula y en os ojos. Además, por los hechos, la víctima precisó atención psicológica.

En la vista oral, la mujer, que ejerció la acusación particular, volvió a relatar lo ocurrido aquella noche. Una versión que el tribunal ve «firme» y que también se apoya, para enervar la presunción de inocencia, en los testimonios de los padres de la víctima, así como lo que presenciaron los agentes de la Policía Nacional que acudieron al domicilio. Ellos escucharon gritos, vieron a la mujer con los ojos llorosos y la casa revuelta. En cambio, el hombre negó los cargos y solicitó por mediación de su defensa la libre absolución. Finalmente, ha sido condenado a cinco años de cárcel por tentativa de agresión sexual, otros cinco por detención ilegal y uno más por lesiones.