Opinión

Unos ventanales con vistas

Conquistar lectores, mantenerlos y acrecentarlos no es tarea fácil

Paseantes por la calle Claudio Alvargonzález. | Pablo Solares

Paseantes por la calle Claudio Alvargonzález. | Pablo Solares / Xuan Xosé sánchez vicente

Lo primero que llamó mi atención al acceder a la redacción de LA NUEVA ESPAÑA en Xixón fueron los amplios ventanales que daban sobre la playa de Pando, lo que ahora llamamos Fomento, playa a la que alguna vez vino Isabel II a mojar sus reales, ardorosas y rubensianas carnes –en 1858, concretamente–, tal vez para apagar sus ardores, nunca bien satisfechos, según los maledicentes, por su marido, don Francisco, al que esas lenguas viperinas apodaban doña Paquita y vestían de puntillas. Y lo hacía, el enfriar sus carnes, desde una caseta coronada por banderas, donde se cambiaba y se acercaba a las cantábricas aguas. Y ahí mismo, casi ciento cincuenta años más tarde, otra mujer, doña Paz Fernández Felgueroso, erigió otro instrumento, de mayor empaque y de carácter, desde luego, más democrático, para el baño y la diversión ciudadana, la Talasoponiente.

Gozar de esa perspectiva del pasado y del presente, sin olvidar el largo período en que el puerto, también a la vista, fue el centro de una intensísima actividad industrial, comercial y pesquera, el centro de la vida de Xixón en su mismo centro, representó, sin duda, tanto un estímulo como un instrumento para un medio que pretendía ser, a la vez, el espejo, la memoria y el acicate hacia el futuro de la población, es decir, de sus habitantes.

Que la calle a sus espaldas viniese a ser Marqués de San Esteban, una calle donde históricamente hubo una larga tradición periodística, la del diario Voluntad, levantado sobre las propiedades de "La Prensa", y la "Hoja del Lunes", y, otra vez, pocos metros más allá, en la misma rúa, la efímera Prensa de Manuel de Cimavilla, confería, acaso, un asiento de tradición al nuevo medio xixonés.

Introducir un periódico en una ciudad, conquistar lectores –es decir, separarlos, en general, de su otro medio o hacer que dupliquen su gasto (los lectores somos, habitualmente, tan "adictos" a nuestra cabecera como los votantes lo son a sus partidos políticos)–, mantenerlos y acrecentarlos paulatina y progresivamente no es tarea fácil: los fracasos de tantas iniciativas lo prueban meridianamente. La NUEVA ESPAÑA en su edición xixonesa, que cumple hoy treinta años de existencia, lo ha logrado, y lo ha hecho porque ha conseguido ser, como decimos arriba, espejo, memoria y acicate del futuro de Xixón, de sus lectores y, en general, de sus habitantes.

Gracias, y a seguir creciendo y sirviendo. Que cumpla, por lo menos, tantos febreros como hoy cumple quien esto firma.

P.S. El señor Morgan Forster (o sus herederos) me perdonarán, sin duda, el hemiplagio del título.