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Un compañero que deja huella

Adiós a un hombre entusiasta, optimista y que luchó hasta el final por Gijón y por Asturias

La tristeza por el fallecimiento de Manolo García Santoveña, cuyo funeral se celebrará esta tarde a las cinco en la parroquia de su queridísimo Jove, no nos ha impedido a sus amigos y compañeros recordar muchos momentos políticos compartidos con él. Debutó en la segunda Corporación democrática (1983-1987), dentro de

Las generales de octubre de 1982 habían aclarado el escenario político nacional con la arrolladora victoria del PSOE de Felipe González y la estruendosa derrota de UCD que colocó a Alianza Popular como principal partido de la oposición. Unos meses después, tras las segundas elecciones municipales democráticas, Santoveña ocupaba escaño dentro de un grupo en el que, además de Álvarez-Cascos, también estaban José Ramón Enguita, Gerardo Álvarez Valdés, Juan Campos, el que subscribe y, como nuestra única concejala, una jovencísima Mercedes Fernández, que ya entonces apuntaba maneras para desarrollar una brillante carrera que ahora perdura en el Senado. Aquella Corporación gijonesa estuvo presidida por José Manuel Palacio y su gobierno arropado por 17 concejales socialistas y 3 del Partido Comunista. Los de AP éramos 7.

"Santo" -como así lo llamábamos- era una persona dicharachera que derrochaba simpatía y una irreductible moral de victoria. Debía ser cosa también de su fe sportinguista. Trabajador de la antigua Junta de Obras del Puerto, se enorgullecía constantemente de su condición y en las campañas electorales nos animaba: "Estaros tranquilos; con el apoyo de los funcionarios, arrasamos". Luego, cuando las cuentas no salían, lo achacaba al clima o a cualquier pretexto banal. "Lo importante es que estamos ahí y en las próximas, ganamos", repetía. Tras doce años como edil, el tiempo le dio la razón, porque en 1995, ya como diputado autonómico, el Partido Popular -tras refundar la vieja AP- ganó las elecciones en Asturias con Sergio Marqués de presidente.

Muy casquista, Santoveña no titubeó para apoyar al entonces secretario general del PP en la defensa de los zarandeados postulados del partido. A repetir legislatura en la Junta General del Principado le llevó, además de una acreditada experiencia, su fidelidad a Álvarez-Cascos y una relación personal que venía de antaño porque ambos habían sido compañeros de trabajo. De hecho, pasados los años, también iniciarían juntos el trayecto de Foro, cuando la salud ya empezaba a darle los primeros problemas.

Al despedirlo ahora, emocionadamente, somos muchos los que compartimos con Violeta, su viuda, y con sus hijos, María del Mar, Jesús y Roberto, y con toda su familia, la gratitud por tantos y tantos buenos momentos que el gran Manolo García Santoveña nos regaló. Le recordaremos con cariño y con el deseo de que su huella sea recordada en Jove, Gijón y Asturias, los lugares próximos por los que luchó para tratar de hacer mejor la vida de los demás.

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