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Paco G. Redondo

Cuestión de espacios

Entre El Musel desnortado y el “solarón” como erial

En Gijón tenemos muchos espacios, pero sin provecho. Un dato demoledor saltaba a la prensa estos días, el 60% de los jóvenes asturianos menores de 30 años ni trabaja ni busca trabajo, o sea tres de cada cinco ni están ni se les espera en el mercado laboral. La mayor parte de las veces que se ha avistado lluvia de millones se han lanzado proyectos de carácter cultural y museos. Siendo interesantes estas facetas en algunos casos, en la mayor parte se han revelado de poco interés o eficiencia. Y ahí está el quid de la cuestión, cómo plantear proyectos de contenidos productivos, no solo contemplativos. A muchos se les llena la boca con las palabras de moda, empoderamiento (¿impulso?), resiliencia (¿resistencia?) o hidrógeno. ¿Pero qué opciones tiene el hidrógeno? ¿Es rentable a corto plazo? ¿Se puede almacenar en los tanques de la regasificadora del Musel? Serían algunas de las cuestiones básicas para concretar.

Centrándonos en el gran puerto gijonés, su extensa y costosa ampliación sigue de momento bastante infrautilizada. Y ello no es solo por las coyunturas del pinchazo de la burbuja inmobiliaria hacia 2008 o la crisis del coronavirus este 2020. Hay también cuestiones de fondo: definir en qué sectores va a polarizar su actividad, si para el 2030 se tiene por objetivo descarbonizar la economía. No siendo tales los graneles sólidos, se puede pensar también en los líquidos (gas natural y/o hidrógeno), tráfico de contenedores, exportación de vehículos y/o cruceros turísticos entre otros. Si se plantea recuperar una autopista del mar a Nantes, Southampton y hasta Rotterdam, O bien en qué explanada separada se acondiciona una llegada atractiva para los turistas.

En el ámbito municipal debemos volver al “solarón”, que ahí sigue con su enorme cantidad de metros cuadrados muerto de risa. Lo sacaron a subasta dividido en grandes parcelas, para financiar con su venta buena parte del Plan de Vías, y quedó desierta. No han sido todavía capaces de adaptarlo, troceándolo en más parcelas de mediano tamaño, más fáciles de vender. Hay amplios espacios para múltiples usos: viviendas, zonas verdes y equipamientos. De momento sigue como mero “prao”, así va a quedar la economía y el empleo en Gijón y Asturias, si siguen sus dirigentes emulando a aquel famoso don Tancredo por sus alardes de quietud. La boca llena de palabras y proyectos sin obras, y en cuanto a los hechos, una región convertida en un erial verde sin jóvenes.

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