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Filippo Priore

Por libre

Filippo Priore

Libertad para el orgullo

Por un sentirse libres en todos los casos y sin ningún tipo de censura

Han sido estos días pasados fechas donde, como cada año, las reivindicaciones y celebraciones (uno no sabe muy bien cuál de estas predomina o si conviven ecuánime y felizmente), por parte del colectivo LGTBIQ han cobrado especial protagonismo en los medios de comunicación.

Y créanme si les digo que me parece lo más normal del mundo que cualquier persona se sienta orgulloso de lo que es o siente que es, guste o disguste al resto del mundo mundial. Ya se sabe aquello de que “ande yo caliente, ríase la gente”. Aunque haya temas donde sobra cualquier tipo de risa o mofa.

Vaya por delante antes de meterme en terrenos donde atenerse a lo políticamente correcto puede ser más falso que un “no es no”, que para bien o para mal, mi educación tiene sello lacrado en el siglo anterior al presente, aunque les juro por todos los colores del arcoíris que mi mente abierta ha desprecintado cualquier creencia caduca.

Entrados en confidencia, les diré que en temas de entrepierna soy de los que considera que hoy en día, aquellos que rayan una cierta edad, sobrevaloran el sexo de manera casi psicótica, quizás por carestía, mientras que muchos de nuestros jóvenes lo infravaloran, tal vez por estar ‘refalfiáus’, que decimos por estos lares.

En un momento donde entre noticias del coronavirus y de goles en la Eurocopa, no ha pasado inadvertida la tramitación de la ley trans y LGTBIQ, sería de necios no abrir los ojos a una realidad como la que nos mostraba la noticia ofrecida por LA NUEVA ESPAÑA este lunes, en la que se atestiguaba que un total de 64 menores de edad habrían recurrido a la unidad de transexuales existente en Asturias.

Discursos partidistas aparte, pues bien parece que las personas pertenecientes a colectivos claramente discriminados hasta hace bien poco, necesariamente deben comulgar con una única ideología, siendo repudiados en caso contrario por quienes en teoría luchan por derechos universales, considero que en pleno siglo XXI, la libertad, que no el libertinaje, debería ser sinónimo de normalidad.

Dicho lo cual, lo que tampoco se puede es entrar en afirmaciones absurdas como las de una vicepresidenta que habla de un supuesto género masculino neutro. Si es masculino jamás podrá ser neutro. O de que a un profesor se le pueda suspender por afirmar que el ser humano nace genéticamente con un determinado tipo de cromosoma, que no obstante posibles intervenciones quirúrgicas u hormonales, permanecerá invariable.

Seamos por tanto libres de sentirnos orgullosos, sí. Pero en todos los casos y sin ningún tipo de censura ni reprobación. A ver por qué por ejemplo un jugador de fútbol de la conocida eufemísticamente como ‘La Roja’, no va a poder dedicar orgulloso un gol a su padre militar fallecido y a su hermana, miembro (que no miembra ni miembre) de la Guardia Civil, con un saludo marcial. ¿O es que al final lo del orgullo va reñido con la más pura y desnuda libertad humana?

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