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Jesús del Campo

Alivio

Sobre el Gobierno de Sánchez y los políticos profesionales

Andábamos preocupados por el destino de aquellos integrantes del gobierno que dejaron de serlo; qué haría esa gente lejos de su vocación y de su capacidad- y de su sentido profético: a mí no me echa nadie, dijo Ábalos antes de que lo echara alguien. Fue una preocupación sin fundamento y, desde luego, sin tiempo siquiera de forjarse como tal preocupación. Quienes se fueron del gobierno se pasaron a la sección de opinión en horas veinticuatro; cómo no se nos había ocurrido que caerían en algo tan tentador. Destaca -es un decir- la versatilidad de la exministra Calvo, de quien uno pensaba que, cuando afirmó que gobernar ahora era muy complicado, había tocado techo y dejado listas sus Obras Completas.

Estando como estamos en una especie de post zapaterismo, hay que recordar con admiración aquel tiempo en el que Zapatero echó la caña en el socialismo andaluz y la sacó convertida en joyería. Aquellos fichajes no defraudaron a los fichados, y tacita a tacita se hicieron un curriculum. Vino después Sánchez, que además es escritor y políglota: qué hace un lander alemán, dijo el presidente no hace tanto sin duda víctima de un despiste. La palabra justa sería land; länder es el plural de land, y lander no pinta nada. Pues eso, vino Sánchez y creó un estado de confusion. Al hacerse con todos los resortes de su partido, juega una táctica que tiene su puntito de graciosa. Por una parte, nada en el PSOE es lo que fue; ni su concepción territorial ni su antigua fortaleza doctrinal ni su compromiso con la Constitución resistieron al virus que le aqueja. Pero por otra, Sánchez juega al ser y no ser y, no queriendo él que su partido sea como fue, sí pretende al mismo tiempo que el electorado mantenga el respeto y la lealtad a lo que fue y ya no es; Sánchez quiere que el antiguo prestigio del PSOE siga teniendo recorrido con otra sustancia, o sin ninguna. Y se le han ido grandes mentes.

Vi a las mejores mentes de mi generación buscando tertulia, diría un Allen Ginsberg de nuestro tiempo. Nos dieron mucha lata con la maldad de las puertas giratorias, pero lo cierto es que los políticos profesionales no suelen ir a peor. En el futuro, los medios perderán fuerza. Se extenderá entre la gente la percepción de que hay un patio de amigos en el que siempre se resuelven los problemas de banquillo dándole mucho micrófono a una mediocridad. No te preocupes si el gobieno no sabe decir bien un participio; son profesionales y se saben buscar la vida en las letras. ¿España multinivel? Sin duda; tomar el cuarto poder después de tantos líos con el tercero es toda una ocurrencia. Obviamente, nos quejamos de vicio.

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