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Javier Gómez Cuesta

Palabras con silencios

Javier Gómez Cuesta

¿Por qué no soy más feliz?

Sin amor no se puede vivir

Es una pregunta que nos debiéramos de hacer, una cuestión humana importante que nos debiéramos de plantear. Juntamente con el imperativo de vivir, la felicidad es uno de los impulsos más hondos y fuertes que sentimos todos. Cosa distinta es que lo logremos en la media que lo deseamos. No atravesamos tiempos de ideales espirituales. Ni los místicos, ni los filósofos, ni éticos y moralistas son ahora apreciados y escuchados. Tampoco los sociólogos-demógrafos que lanzan el grito de alerta por la baja de la natalidad. En el II Foro de la Familia, el papa Francisco ha dicho que “La natalidad es la verdadera emergencia social”. Es la mayor pobreza trágica que afecta a los seres humanos en su mayor riqueza: traer vidas al mundo. Uno de los momentos de amor más intenso de la pareja es la decisión de generar un hijo. El amor se hace vida. En España seguimos cegados, volvemos a la trampa del aborto más fácil todavía. Es imposible casarlo con el desafío de la natalidad. Nos engañamos en remediarla con los perros. La ideología contra la evidencia. Hay progresismos que recuerdan “Un mundo feliz” de A. Huxley.

La felicidad se basa en el amor que es la fuerza vital que nos mueve para todo. El amor es mucho más que un deber que debemos cumplir o una tarea moral que nos podemos proponer. Es la vida misma lograda o frustrada. Sin amor no se puede vivir. Estimula lo mejor de nosotros, genera los mejores sentimientos, acrecienta lo más positivo de nuestras facultades, nos abre a la claridad de pensamiento y discernimiento, despierta la creatividad, hace que lo cotidiano lo vivamos de forma positiva y ofrezcamos siempre lo primero la sonrisa.

En esta cultura del bienestar se exageran y se lamentan las exigencias y sacrificios que comporta el amor y sobre todo el generar y educar vidas humanas; se ocultan y pocovaloran sus efectos y consecuencias positivas. Vivir desde el egoísmo, el desamor, la indiferencia o la insolidaridad, esteriliza la vida. Lo que significa el amor lo estamos viendo en los sucesos de la invasión de Ucrania y lo hemos comprobado en muchos momentos difíciles de la epidemia del covid. ¡Qué gestos de heroísmo, de humanidad, de solidaridad! Se ha hecho verdad el axioma cristiano de que “el amor salva al mundo”. Muchas veces tenemos que vernos en el abismo para corregir la orientación de nuestro caminar. Es posible que vuelva a renacer en nosotros el deseo de fraternidad o, al menos, de “amistad social”, como se apunta en la “Fratelli tutti”

Siempre se pensó que el amor era cosa divina. Fue Jesús de Nazaret el que nos recomendó: “Amaos unos a otros, como yo os he amado”. La única forma de ser feliz.

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