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Sariego

Nuevas epístolas a "Bilbo"

José Manuel Sariego

Otra pizca de optimismo

Si calibráramos nuestro tiempo de vida en décadas, "Bilbo", la tuya, que agotarás en dos años, no está resultando precisamente propicia. Creciste en medio del fiasco de la globalización. El año 2020 pasará a la historia de la humanidad como uno de los más nefastos, culminando una década marcada por la doble crisis económica y la desigual recuperación. Ha sido la década del Brexit, del regreso de los regímenes autocráticos, del auge de los populismos, de la victoria de Trump; la década en la que la desigualdad se expandió sin remisión, como una mancha de lava incandescente.

No obstante, "Bilbo," si ampliamos el foco de la perspectiva, comprobaremos que el ser humano lleva apenas diez generaciones disfrutando de una era de prosperidad sin precedentes, cuyos principales hitos te recuento al hilo de las anotaciones de José Moisés Martín Carretero en su libro "El futuro de la prosperidad":

1. Un desarrollo tecnológico que hubiera sido considerado poco menos que brujería hace 200 años, un apunte contable apenas en la historia de la humanidad.

2. La extensión de la democracia (aún escasa), hasta entonces arrinconada en los libros de historia como experimento político de la antigua Grecia.

3. La consolidación de un sistema de derechos y libertades (imperfecto, eso sí) con una fuerza política y social que desconocíamos.

4. Nuestra esperanza de vida se ha multiplicado por dos. La mortalidad infantil, azote de nuestra especie, se ha reducido hasta cotas inéditas.

5. La mayoría de la población mundial tiene acceso a niveles de educación y formación que asombrarían a los sabios del pasado.

6. Más de 6 de cada 10 personas están conectadas al mundo a través de internet.

7. La pobreza absoluta, que asolaba a cerca del 40% de la población mundial hace solo medio siglo, se sitúa por debajo del 8%.

A pesar, "Bilbo", del asombroso avance de la especie humana en los últimos 200 años, nos invade un sentimiento de zozobra, proliferan los mensajes negativos sobre el futuro, se abren paso en la opinión pública profecías o futuribles sobre apocalipsis tecnológicos, quiebras sociales, acechantes desastres ecológicos o el derrumbe de las democracias. La sensación de miedo ante el futuro se multiplica en sociedades que miran al pasado en busca de una arcadia que nunca existió, ese lugar inexistente donde todo era sólido.

Puesto que nada está escrito, quizá la opción más positiva, más constructiva, más esperanzadora consista en buscar una oportunidad de cambio real, en conseguir que fragüe un nuevo contrato social que nos permita superar esta década de decadencia y oscurantismo y avanzar sin dejar a nadie atrás.

Di algo, "Bilbo", no me dejes a solas con este ramalazo coyuntural de optimismo.

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