Opinión

La Nueva España, Grado y yo mismo

Desde estas líneas quiero celebrar y dar la bienvenida a la edición digital de La Nueva España de Grado, un proyecto que, como los buenos guisos, se ha cocinado a fuego lento. Que el periódico asturiano de referencia dedique una edición a nuestro concejo servirá, como es obvio, para que la información sobre Grado sea más amplia, con mayor número de noticias y más extensas, pero también como escaparate ideal para difundir las muchas cosas buenas que ofrecen estas tierras mosconas, desde su patrimonio, gastronomía o naturaleza, a los servicios, recursos, oferta turística, comercial, cultural, deportiva, festiva o de ocio. En definitiva, servirá para que tanto la actualidad como la realidad de Grado sean mucho más accesibles y conocidas para todos los asturianos o para cualquier persona que en cualquier lugar del mundo consulte online La Nueva España.

Desde el periódico me han invitado a colaborar con esta edición digital con una sección fija de opinión y como Cronista Oficial de Grau/Grado es casi una obligación aceptar, pero es que además me unen vínculos afectivos hacia este periódico para el que trabajé como corresponsal comarcal desde enero de 1995 a junio de 1998.

La primera noticia que publiqué fue el viernes 27 de enero de 1995 y trataba sobre una recogida de firmas de comerciantes moscones contra la subida del IAE. Han pasado nada menos que 29 años, por aquel entonces estaba yo aún tan verde que le tuve que preguntar a mi padre lo que era exactamente aquello del IAE, que resultó ser el Impuesto de Actividades Económicas.

Mi segundo artículo fue al día siguiente, el sábado 28 de enero, y se hacía eco de la inauguración en Yernes de un área recreativa. El mítico alcalde tamezano Valeriano Lorenzo tuvo a bien agasajar a los asistentes con un pincheo y yo me demoré en demasía tomando un poco de vino aquí y un trocito de tortilla allá. En la redacción del periódico estaban desesperados, de aquella yo no tenía teléfono móvil así que cuando llegué por fin a casa me dijeron que me habían llamado varias veces para preguntar por el artículo, que les corría mucha prisa porque cerraban la edición y me habían reservado media página. Las noticias las redactaba entonces con una vieja máquina de escribir francesa de mi madre que no tenía la tecla “ñ”. Enviaba mis textos a la redacción por fax, que yo tampoco tenía en mi casa pero sí había en varias librerías y otros comercios locales.

Lo de las fotos era una odisea aún mayor, los carretes eran de 24 o 36 fotografías y si sacabas sólo una parte para ilustrar una noticia, había que aprovechar el resto para otra ocasión. Para eso tenía que apañar un cuarto oscuro en el baño de casa, tapando con toallas cualquier rendija de la puerta por la que pudiera filtrarse luz que velara las fotos. Totalmente a oscuras (y por tanto a tientas) sacaba el carrete de la cámara fotográfica y cortaba la parte usada que envolvía con mimo en papel de aluminio. Lo introducía luego en un tubito de plástico y en un sobre para enviarlo por el ALSA a Oviedo, donde un empleado del diario lo recogía en la estación de autobuses.

Mucho ha evolucionado el periodismo en estas tres décadas, ahora el formato digital convive y amenaza con sustituir definitivamente al papel. Pero es que todo ha cambiado de forma vertiginosa, lo digital y lo virtual han facilitado en muchos aspectos el trabajo y la vida en general, pero a la vez han acaparado en demasía nuestro tiempo de ocio y transformado radicalmente nuestra forma de socializar.

En el año 1998 dejé de ejercer como corresponsal al aprobar una plaza de funcionario, pero continué en distintas épocas colaborando altruistamente con La Nueva España mediante artículos de opinión y reportajes que se publicaron siempre bajo la cabecera “Crónicas Mosconas”, título que bien pudiera reutilizarse en esta nueva etapa.

Repasando mis recortes de prensa, que conservo en unas cuantas carpetas, recuerdo con orgullo que por una de estas crónicas mosconas titulada “El mercado de Grado en peligro” recibí en 2005 el premio del I Certamen Periodístico Moscones en Xixón. Me hace gracia también ver que estas colaboraciones mías sobre Grado se publicaban primero en el suplemento de los sábados “Occidente Semanal”, pero con la apertura de la nueva autovía A-63, de repente, como por arte de magia, pasaron a aparecer en las páginas de “Oviedo y Centro”. Sin habernos movido de sitio, la nueva infraestructura viaria nos había acercado al centro de la región tanto en tiempo de desplazamiento como en la percepción del resto de asturianos.

Bajo Nalón, suroccidente, Grado y Valles del Trubia, centro… La información sobre el concejo moscón en La Nueva España ha cambiado de encabezamiento varias veces a lo largo de estos años. Las distintas ediciones en papel no le sientan demasiado bien a Grado cuyas noticias se ubican en la del centro, mientras que en lugares limítrofes y con los que compartimos tantos vínculos como Trubia o Cornellana se distribuyen respectivamente las ediciones de Oviedo y Occidente, donde muchas noticias de nuestro concejo no aparecen, o al revés, nosotros no leemos las suyas.

Ahora esta flamante edición digital de La Nueva España de Grado supone un nuevo hito para la historia periodística tanto de este diario, como del concejo y, si me lo permiten, también para mi labor como cronista oficial.