Opinión

Alma moscona

Existen tantos Grados en mi corazón que son imposibles de enumerar. Está el Grado de la familia y las amistades del alma; el de las calles y lugares de la infancia; el de la fiesta, el bullicio y los mercados; el de la añoranza en la distancia y el que ya viven y disfrutan los que nos van relevando en el camino de la vida. Por encima de todos se alza el Grado al que nos llena de orgullo pertenecer. Un lugar de Asturias que desde su modestia ha hecho numerosas contribuciones al mundo. Economía, política, arte…no hay faceta en la que no surja un moscón o moscona. Algunos forman parte de la historia de España como Ramón Areces, cuyo busto aparece entre los valiosos documentos y testimonios históricos que guarda el Archivo de Indias de Sevilla. Otros como Manuel Pedregal Cañedo, que además de ministro cofundó la Institución Libre de Enseñanza, dejaron su huella en la política.  

Grado, que nació en pleno Camino de Santiago, es desde hace siglos pasión por el comercio y la empresa, pero también por la cultura en su más variadas manifestaciones. En 1931 Lorca eligió la villa como primera parada en Asturias de La Barraca. Sí, antes de llegar al Fontán el poeta actuó en Grado. En la villa lo recibió su buen amigo Valentín Andrés, que lo llevó a dormir al palacio familiar de Doriga. En Grado conoció Federico a Pedro Meleiro, célebre por llevar la gaita colgada de un palo. De su boca escuchó las nanas asturianas que tanto le gustaban.

La función, un viernes dos de septiembre, culminó con una cena en la sidrería El Cabaño, en la calle Alonso de Grado. Seguro que el empresario quesero Pascual Fernández conoce esta historia cercana a su familia. Muchos la hemos escuchado de boca de nuestros mayores. También hemos oído contar otras no tan alegres. Pero de eso está hecha la vida, de blancos y negros que se alternan como la niebla que en las mañanas sube del Cubia y se arrastra hasta el Nalón en su camino a la desembocadura. Algo tiene este pueblo que siempre te hace volver, y hasta querer quedar.