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GEORGE PEREZ | Dibujante norteamericano y uno de los "grandes" del cómic internacional

"Los superhéroes nos dicen que, pese a la miseria y el dolor, vencer al mal es posible"

"Superman es único porque es alguien que teniendo el poder para gobernarnos decide servirnos, eso es lo que hace a un héroe"

"Los superhéroes nos dicen que, pese a la miseria y el dolor, vencer al mal es posible"

"Los superhéroes nos dicen que, pese a la miseria y el dolor, vencer al mal es posible" Ricardo Solís

El dibujante y guionista norteamericano George Perez (Nueva York, 1954) toma asiento en el vestíbulo del 40 Nudos, el hotel en el que se aloja estos días en Avilés. Atiende a un aficionado y después a otro y, más adelante, a un tercero. Saca el lápiz, el rotulador, se cambia de gafas y se pone a dibujar. La Mujer Maravilla, Superman, alguno de los Nuevos Titanes... Perez lleva más de cuatro décadas dedicado completamente al mundo de la historieta y los superhéroes, y eso, su pertinacia, le ha convertido en una verdadera leyenda; de ahí el círculo de aficionados que se ha formado en torno a él. Y es que las leyendas no siempre están tan a mano como en las Jornadas del Cómic "Villa de Avilés". La de ahora ha sido la quinta visita al longevo salón de la historieta asturiano que despidió ayer su vigésima primera edición: todo un logro. Diego García Cruz, el intérprete oficial del encuentro, se lleva al dibujante a la cafetería. Ha quedado con LA NUEVA ESPAÑA. Comienza la conversación.

-Su padre, carnicero; su madre, ama de casa. Y usted dibujante de cómic.

-La verdad es que no sabía muy bien qué esperaban de mi decisión de ser dibujante. Realmente, no conocían los entresijos de esta industria. No sabían demasiado de ella. Lo que sí que conocían era mi pasión por el dibujo. Y es que dibujar me mantenía fuera de las calles, hacía que no entrara en bandas... Vengo de un barrio bastante pobre, con muchas pandillas. Ellos eran conscientes de que el dibujo me mantenía más o menos a salvo. Y, además, hacía que leyese. Fui muy buen estudiante, así que todo lo que tenía que ver con el dibujo terminó pareciéndoles bien.

-Es usted puertorriqueño. ¿Se notaba entonces?

-Lo cierto es que formo parte de la segunda oleada de puertorriqueños en Estados Unidos, pero yo ya nací en Nueva York. Tenga en cuenta que Puerto Rico ya era un protectorado de Estados Unidos; aunque hubiera nacido en la isla, hubiera tenido la nacionalidad norteamericana. Lo que quiero decir es que, aparte del hecho de que mis padres hablaran en español en casa, no veía ninguna diferencia con el resto de la gente que me rodeaba en aquel entonces. Vivíamos en viviendas de protección oficial donde todos los demás habitantes del bloque eran negros o puertorriqueños. En este marco, convendrá conmigo, uno no podía ser consciente de que viviera en la diferencia. Hasta que no fui al instituto no comencé a estar rodeado de otro entorno, de otros grupos raciales o de personas de procedencias lejanas. Se mencionó mucho al principio que yo era el primer dibujante puertorriqueño de cierto éxito. Bueno, para mí eso no es importante, no es un elemento del que fuera consciente. Siempre me he considerado, desde el principio, como alguien a quien le gusta dibujar. Nada más.

-Lo que le iba a preguntar es si su origen marca su obra, pero me va a decir que no.

-Pues no se crea. Mi visión de la vida estuvo marcada por la televisión y en aquella época no solías ver en la televisión cosas distintas a familias blancas.

-¿Cómo se llama por primera vez a las puertas de una editorial?

-Leía un montón de cómics en aquella época. En los tebeos de Marvel siempre veía la dirección. En todos ellos. Stan Lee te hacía sentir como si fueras bienvenido. Si eras un lector de cómics de Marvel, eras bienvenido a las oficinas de la editorial. Claro, antes tenías que pasar por la secretaria y por todos los demás, pero se mostraban muy abiertos a la novedades. No fue difícil.

-¿Cómo fue el tránsito de ser un dibujante más a uno de la relevancia que tiene actualmente?

-La verdad es que nunca me he sentido un dibujante relevante: hoy en día me tienen que convencer de la importancia de lo que hago. Mi mujer se mete conmigo: "Venga, George, que eres famoso, acéptalo de una vez", pero me cuesta. Lo que sí recuerdo fue la sensación que tuve cuando vi mi nombre impreso en un cómic. Ahí sí que me sentí un dibujante profesional. Ver mi nombre impreso es algo que hoy en día me sigue sorprendiendo. Recuerdo también, con cariño, la primera vez que me invitaron a una convención en un Estado distinto al que vivo. Pensar que alguien estaba dispuesto a pagar dinero para que yo fuera como invitado a otro Estado me dejaba, realmente, alucinado... No crea que fue un sitio superespectacular y chic. Hablo de Columbus, en Ohio, una ciudad normal y corriente. Lo singular es que de allí vino la primera invitación para que fuera a otro Estado. También me sorprende y me gusta que me inviten a ir a otros lugares del mundo. Y todo por este trabajo que tengo, porque me sigo considerando un chaval que nació en el sur del Bronx.

-¿Para qué sirven los superhéroes?

-En un mundo ideal los superhéroes representan el bien. Son los que nos dicen que el bien puede prevalecer, los que nos recuerdan que da igual la miseria y el dolor que haya en el mundo porque ellos vienen y lo solucionan. Vencer al mal es posible. La fantasía nos presenta ejemplos de héroes que superan las dificultades porque sus propósitos, sus objetivos, son puros. Da igual los problemas que haya en el mundo, ya digo, hay una solución. También es cierto que los personajes de fantasía están condicionados por la realidad, es decir, no se puede esperar que Superman gane la Segunda Guerra Mundial porque no fue así. Lo que sí podías esperar es que pudiera ganar alguna batalla de esa guerra. Los superhéroes son un ejemplo extremo de lo que podría haber sido lo bueno. Una vez me preguntaron qué hacía que Superman fuera único para mí. La respuesta que di fue clara: siendo alguien que tiene el poder para gobernarnos, decide servirnos. Eso es lo bueno, eso es lo que hace a un héroe.

-¿Los superhéroes nacen para solucionar el miedo?

-No sé yo si los superhéroes o los dioses mitológicos nacen para eso: para solucionar los miedos. Me da la sensación de que el motivo principal de los superhéroes es la esperanza: da igual lo mal que estén las cosas porque al final se puede ganar. Podría decir usted que esa sensación, en el fondo, no deja de ser otra cosa que miedo a lo desconocido, a lo que te pueda hacer daño... pero no estoy de acuerdo. Los superhéroes nos dicen que, por mal que estén las cosas, éstas tienen solución.

-Hace unos días se cumplieron quince años del ataque a las Torres Gemelas. ¿Los superhéroes dónde estaban aquel día?

-No sé cuál es el impacto del 11-S en el mundo del cómic. Llevo veintitantos años sin leer nada nuevo. Lo que sí que le puedo decir es que sí, que hay un momento de crisis. En el mundo del cómic tratamos de analizar los problemas de la realidad y buscar una solución verdadera. Es imposible detener el impacto directo de la realidad: detener el ataque a las Torres Gemelas. Da igual lo bien que planteemos nuestras soluciones cuando la realidad es que las torres al final cayeron. Una de las cosas más difíciles para mí -cuando trabajaba con la Mujer Maravilla- fue pensar que el personaje es una embajadora de la paz. Ella tiene que llevar la paz al mundo. La realidad es que esta mujer está condenada al fracaso. Sé que hay muchos lectores que creen en los cómics desde niños. Espero que los tebeos se conviertan en un incentivo moral para enseñar a los lectores a hacer las cosas de una manera totalmente distinta.

-Cambiemos de tema. ¿Qué queda de uno mismo en la obra que finalmente se edita?

-Al ser el encargado de hacer el dibujo a lápiz, tengo una responsabilidad enorme. El guionista, a todos los efectos, lo que hace es enviarme un conjunto de palabras. Yo soy el que transforma esas palabras en un cómic de verdad. Sin mis dibujos no existiría el cómic: habría una historia, un relato, pero nada más.

-No le voy a pedir que me diga cuál es su personaje preferido.

-No le iba a poder responder como usted espera. ¿Cuál es mi personaje favorito? Pues es como si me preguntara cuál es mi hijo predilecto. En muchas ocasiones me he encargado de colecciones de grupo porque así no tengo que elegir. Trato a todos los personajes por igual, les tengo a todos el mismo cariño. Si le dijera el nombre de uno sobre el de cualquier otro, sería como faltar al respeto a los demás. Con todos ellos tengo una relación de amor.

-Pero, bah, seguro que los Nuevos Titanes...

-Sí, los Nuevos Titanes son especiales para mí porque creé muchos de ellos, les di a luz y no sólo los adopté. Pero esto no quiere decir que quiera menos a mis hijos adoptivos. Tengo muchos en mi familia. Es cierto que los Nuevos Titanes, en cierta manera, me cuidan: generan derechos de autor que no cobro por otros personajes con los que he trabajado, como la Mujer Maravilla.

-Hábleme de ella, usted la resucitó.

-Una de las buenas cosas que me han ocurrido en mi trabajo como dibujante ha sido meterme con la Mujer Maravilla. Sólo conocía la obra de William Marston, su creador, de oídas. Marston había muerto cuando me encargaron este personaje y también el dibujante original de las aventuras. La Mujer Maravilla se había convertido en una versión diluida de sí misma. En los años 50 y en los 60 -cuando yo leía cómics- lo que había de la Mujer Maravilla no era lo que había inventado Marston. Me dieron la oportunidad de revivir al personaje y decidí que no iba a leer las historietas originales, las de los años cuarenta. El plan que tenía DC Comics -la editorial para la que trabajaba entonces- era cambiarlo todo: mantener el nombre y poco más. Me negué. Les dije que había que volver a los elementos básicos del personaje, aunque, ya digo, no había leído los primeros tebeos. Había que respetar a Marston, pero, insisto, desde un punto de vista renovado: recuperar el espíritu original, su feminismo, su deseo de búsqueda de la paz. Uno de los mayores elogios que he recibido por mi trabajo vino de una de las nietas de Marston. Me dijo: "Has honrado la obra de mi abuelo". La Mujer Maravilla había sido un personaje que había sido muy popular durante muchos años y la pregunta que me formulé fue clara: ¿qué fue lo que había hecho que funcionara? Y a ello me apliqué.

-Y una curiosidad. ¿Le gustan las películas de superhéroes?

-Me gustan más las de Marvel que las de DC. Tienen mejor sentido del humor y los héroes hacen lo que tienen que hacer: solucionar problemas.

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