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Mujeres enterradas en San Pedro del Vaticano

Carlota de chipre, matilde de canosa, cristina de suecia y maría sobieska reposan en la basílica romana

Mujeres enterradas en San Pedro del Vaticano

He visitado muchas veces, sola y con guía, la basílica de San Pedro del Vaticano y nadie me ha dicho nunca que, entre las tumbas de los papas, están las de cuatro mujeres.

La verdad es que el dato resulta cuando menos sorprendente y lo primero que piensas es que habrán sido santas o monjas. Y también que su enterramiento será relativamente reciente pues la oficialidad de la Iglesia ha tardado siglos en reconocer, dentro de ella, algún tipo de protagonismo a las mujeres. No olvidemos que fue en 1970 (hace cincuenta años) cuando el papa san Pablo VI se armó de valor y se atrevió a nombrar a Teresa de Jesús y Catalina de Siena, doctoras de la Iglesia. Desde entonces se han producido dos nuevas incorporaciones. En 1997, san Juan Pablo II, declaró doctora de la Iglesia a Teresita de Lisieux y en 2012, Benedicto XVI, le otorgó este grado a Hildegarda de Bingen.

A pesar de estos datos históricos, que dan pie a mis elucubraciones, debo reconocer que me he equivocado, porque las mujeres enterradas en la basílica de San Pedro, ni fueron santas, ni sus enterramientos son recientes. Eran mujeres laicas inmersas en las sociedades de las distintas épocas en las que vivieron. Muy distintas entre sí, estas cuatro mujeres, solo tenían en común su buena relación con los pontífices de su tiempo y su ayuda a la Iglesia.

La primera mujer enterrada aquí fue la reina Carlota de Chipre. Con solo catorce años, Carlota había sido coronada como reina en la catedral de Santa Sofia. Solo dos años permaneció en el trono. Su hermanastro le arrebató la corona.

Roma fue la ciudad elegida por ella para vivir el exilio. Contaba diecisiete años cuando llegó. Estaba casada en segundas nupcias, con Luis de Saboya. El primer marido de Carlota, el duque de Coimbra, murió envenenado a los pocos meses de haberse casado.

Mujeres enterradas en San Pedro del Vaticano

Desde el momento de su llegada a Roma las relaciones de la reina en el exilio fueron excelentes con el papa Sixto IV y su sucesor Inocencio VIII.

Carlota que no renunciaba a recuperar lo que era suyo estableció una pequeña corte en la isla de Rodas. Su marido, ayudado por su hermano Amadeo IX de Saboya y con la colaboración del papa intentaron a través de una intervención militar recobrar el trono de Chipre, pero fracasaron.

Murió en Roma en julio de 1487. Fue enterrada por expreso deseo del papa, Inocencio VIII, en la basílica de san Pedro del Vaticano. El pontífice se encargó de financiar los gastos del funeral de la reina Carlota de Chipre. Su cuerpo reposa en las criptas de la Basílica de San Pedro.

Matilde de Canossa, fue una interesante mujer que vivió en el siglo XI y XII. En aquel tiempo eran frecuentes los enfrentamientos entre los reyes del Sacro Imperio Romano Germánico con los papas. Ella fue la mediadora en la conocida como “querella de las investiduras” entre el rey Enrique IV y el pontífice Gregorio VII. Los dos luchaban por conseguir un mayor poder en la Iglesia. Y es en esos momentos cuando la condesa Matilde de Canosa, noble italiana, poderosa señora feudal se pone del lado del papa. Su influencia y poder fueron decisivos para que el enfrentamiento se solucionase a favor de los intereses del pontífice. Se cuenta que el rey Enrique IV se presentó en pleno invierno, descalzo sobre la nieve, ante la casa de Matilde para suplicar la clemencia de su Santidad que lo había excomulgado.

Vida apasionante la de esta mujer que se ponía al frente de sus ejércitos y que prestó su apoyo incondicional a la iglesia. Por ello cinco siglos después de su muerte, en 1645 el papa Inocencio X mandó trasladar los restos de Matilde de Canossa a la basílica de san Pedro.

Lorenzo Bernini es el autor de su preciosa tumba. El gran maestro italiano no pudo esculpir la de la tercera mujer enterrada en San Pedro, y de la que era buen amigo, porque había fallecido unos años antes que ella. Será su discípulo, Carlo Fontana, el encargado de realizar el monumento a Cristina de Suecia.

La reina sueca que había abdicado y convertido al catolicismo, siempre mantuvo excelentes relaciones con el Vaticano.

El papa Alejandro VII ordenó a Bernini la remodelación de la fachada interior de la puerta Flaminia, en la Plaza del Popolo para dar la bienvenida a la soberana sueca que llegó a Roma en diciembre de 1655.

Cuatro mujeres, no muy conocidas, que, independientemente de su personalidad, han pasado a la historia por el lugar de su enterramiento

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Cristina de Suecia, fue una reconocida mecenas. Los más destacados artistas de su tiempo se relacionaban con ella. Poseía importantísimas colecciones de arte. A su muerte y aunque pidió ser enterrada humildemente, el cardenal Azzolino (a quien había nombrado heredero) y el papa Clemente XI decidieron para ella, un entierro fastuoso.

Las tumbas de estas dos mujeres flanquean la capilla de San Juan Pablo II.

La cuarta y última mujer enterrada en la basílica vaticana (siglo XVIII) es la princesa polaca, María Clementina Sobieska, una de las herederas más ricas de Europa. Pese a la oposición del rey de Inglaterra, Jorge I, María Clementina se casó con Jacobo Estuardo, Príncipe de Gales, que reivindicaba el derecho al trono de los Estuardo. Algunos en Europa los reconocieron como auténticos reyes de Inglaterra en el exilio. Entre ellos el papa Clemente XII que los invitó a vivir en Roma.

María Clementina Sobieska, murió con solo 32 años. Clemente XII le organizó un entierro estatal y decidió que fuera sepultada en San Pedro, encargando a Pietro Bracci su mausoleo.

Cuatro mujeres, no muy conocidas, que, independientemente de su personalidad, han pasado a la historia por el lugar de su enterramiento, aunque bien es verdad que una de ellas, Cristina de Suecia, ha gozado de gran protagonismo en el cine. A los que tenemos cierta edad nos resulta difícil, al escuchar su nombre, no recordar la imagen de Greta Garbo en la secuencia final de la película “La reina Cristina de Suecia”, en la que la soberana afronta decidida nuevos horizontes.

Pero confieso que quien me ha impresionado y deseo conocer mejor es a Matilde de Canosa.

Si Roma sorprende, lo mismo sucede en el Vaticano. Otro día visitaré el cementerio Teutón, que se encuentra dentro de los muros vaticanos, donde descansan príncipes y aristócratas alemanes, aunque también están enterados allí, la monja sor Pascualina, dos mendigos y un niño argentino.

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