27 de febrero de 2013
27.02.2013

El Seprona busca una pitón en Laviana

Un vecino de Boroñes halló en una finca de su propiedad los restos de la muda de piel de una serpiente de cinco metros y medio y 90 kilos de peso

27.02.2013 | 13:13
Agentes de la Guardia Civil de Laviana muestran los restos de la piel de la pitón, de unos cinco metros y medio.

Suele superar los cinco metros de longitud, come pequeños rumiantes y monos, y vive en el sudeste asiático. Ahora, la Guardia Civil busca una en Laviana. Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) registran desde el sábado cuadras y pajares en el entorno de la localidad de Boroñes para tratar de localizar a una pitón de la India (Python molurus) que ha dejado un voluminoso rastro: los restos de una muda de piel pertenecientes a un ejemplar de, al menos, cinco metros y medio y unos 90 kilos de peso. «Me llevé un susto enorme cuando me di cuenta que eran restos de piel de una serpiente. Avisé a la Guardia Civil porque tiene tamaño suficiente como para tragarse a un paisano», explicaba ayer Silvino García Hevia, el vecino que encontró la camisa del reptil.

La pitón de la India mata a sus presas por constricción ya que no es venenosa. La camisa, que fue hallada completamente extendida en una finca próxima a una cuadra, no tenía restos de tierra o palos adheridos lo que desecha prácticamente la posibilidad de que la serpiente se escapara de algún terrario y llegara reptando al lugar. Los agentes se inclinan por la posibilidad de que únicamente fuera depositada la camisa para «hacer una gamberrada o gastar una broma pesada» aunque no se descarta que la serpiente fuera abandonada en la zona y que mudara de piel allí mismo. De hecho se han realizado registros por las cuadras y pajares cercanos. En todo caso, la supervivencia del animal a corto plazo en esas circunstancias sería difícil ya que tiene que estar a temperaturas superiores a los 20 grados. Toda la zona está nevada en la actualidad.

Silvino García, vecino de Boroñes, tiene una cuadra y un corral en una zona próxima a Sierra. A principios de la pasada semana detectó la piel de la serpiente junto a una alambrada de su finca. «Al principio no le di importancia, creí que era un plástico que había arrastrado el viento». Un par de días después, cuando pasaba de nuevo por el lugar se fijó con más detalle. «Al ver las pintas me di cuenta de que era de una serpiente muy grande. Nunca había visto una de ese tamaño». Con ayuda de su nieto Jonathan y de los agentes de la Guardia Civil registró la cuadra para descartar que el ejemplar estuviera en el interior. «No creo que se trate de una broma o de dar un susto porque si quisieran hacer algo así la habría dejado en medio de Pola de Laviana y no en una finca en el monte. Allí sólo hay cuadras», argumentó Jonathan García.

Una vez pasado el susto, Silvino García reconoce que irá con tiento cuando tenga que volver a la cuadra. «Habrá que mirar bien y no meterse entre los matos. Llevaré conmigo el cayáu aunque si me la encuentro casi vale más echar a correr», precisa con humor este vecino de Boroñes.

Los agentes del Seprona, para saber a lo que se enfrentaban, llevaron la camisa de la serpiente al naturalista Ernesto Junco, director del parque zoológico de La Grandera, en Cangas de Onís. «Esta especie se identifica por el reticulado que tiene tras la cabeza, con cuadros muy marcados. La camisa está prácticamente completa, sin restos de tierra o de palos, lo que hace pensar que la pitón mudó en un terrario limpio», indicó Junco, para añadir a continuación: «Esos indicios lleva a pesar que únicamente dejaron la muda ahí. Hay que tener en cuenta que este tipo de serpientes viven con unas temperaturas superiores a los 20 grados; de lo contrario, se acatarran y mueren».

Las dimensiones de la camisa rondan los cinco metros y medio de largo y los 20 centímetros de diámetro, por lo que la pitón puede alcanzar un peso de entre 80 y 100 kilos. «En cautividad, estas serpientes son muy caras de mantener. Se alimentas de pollos y conejos y, si están bien alimentadas, puede mudar de piel cuatro o cinco veces al año. No tienen veneno, pero son peligrosas cuando tienen hambre por su tamaño. Un amigo mío que tiene un zoológico sufrió el ataque de una de ellas».

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