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El oso saca pecho en Asturias

La recuperación de la especie, con unos 300 ejemplares, plantea nuevos retos: desde saber tratarlos a contabilizarlos de forma más exacta

"Sali", en una foto facilitada por el Principado, en el centro cántabro donde se recupera.

"Sali", en una foto facilitada por el Principado, en el centro cántabro donde se recupera.

Los osos, alrededor de 300 ejemplares que habitan en los montes asturianos en la actualidad, son un símbolo de Asturias. Hace cuarenta años casi ni existían, pero hoy en día todo indica que la especie del oso pardo del Cantábrico se recupera gracias a la labor de muchos años en la región.

El territorio osero fue antaño pasto del furtivismo, lo que acabó diezmando a sus moradores. Entonces llegó el rescate de "Paca" y "Tola" (1989): dos crías huérfanas después de que los furtivos matasen a su madre. El Seprona (Servicio de protección de la naturaleza de la Guardia Civil) hizo una intensa labor para recuperarlas. "Paca" y "Tola" no recuperaron la especie, pero pusieron las bases y se convirtieron en un símbolo para la especie, removieron conciencias. Algo cambió. Así que 31 años más tarde la población ronda los 300 ejemplares, concentrados sobre todo en el Suroccidente y montaña central.

Pero el furtivismo, según denuncia el Fondo para la protección de animales salvajes (Fapas), sigue sin desaparecer. "Y desde la administración lo esconden e impiden a las organizaciones actuar", protesta su presidente, Roberto Hartasánchez. El Fapas explica el caso de un oso atropellado en Degaña hace tres días del que no quisieron dar cuenta. Y por ejemplo, en Quirós, Teverga y Lena sospechan que puede haber cacerías, pero no cuentan con medios para comprobarlo porque "lo impide la administración".

"Furtivismo siempre lo habrá. La cuestión es que sea mínimo. En comparación con el pasado, ahora en Asturias es irrelevante", cuenta Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo (Fop).

Para la recuperación del oso también hubo que hacer frente a otro problema: el recelo en los pueblos a la fauna salvaje, que ataca a los animales domésticos, come cosechas, destroza infraestructuras... No solo el oso está en el punto de mira, sino también el lobo. Antaño era frecuente el veneno. Como solución a este enfrentamiento de humanos y animales, se puso en marcha un sistema de comprobación y pago de daños, y la mentalidad de la población respecto al oso se revirtió poco a poco, aunque ahora con el crecimiento de la población osera hay riesgo de que rebrote el recelo.

También existía otro temor: que conservar el hábitat de las zonas oseras impidiera el desarrollo rural. Sin carreteras, sin luz, aislados. Pero el oso y desarrollo, según cuenta el alcalde de Somiedo - zona osera por excelencia-, Belarmino Fernández , han ido de la mano. Primero supuso un atractivo turístico para el entorno: que hubiera estos ejemplares era una "garantía de calidad ambiental". Y con el crecimiento de la población de los plantígrados, al encanto del paisaje se le suma poder avistar a los propios moradores, con empresas de turismo activo y visitas controladas, que suponen uno de los motores económicos del Parque Natural.

Además, los osos, por regla general, no van detrás del ganado, la segunda fuente de ingresos de los somedanos. Y tampoco son peligrosos. "En los últimos 600 años, no nos consta que ninguno que haya atacado a una persona", indica el Alcalde.

Uno de los peligros que hay con la presencia de estos animales es con los llamados "osos habituados"; aquellos ejemplares que no se asustan con la presencia humana. Y para ellos, según explica Guillermo Palomero, ya hay establecido un protocolo específico, en colaboración con los guardas del Principado de Asturias. También hay que tener cuidado al encontrarse ejemplares salvajes especialmente si están heridos o con crías,

Porque asociado al incremento de la población van ligados nuevos retos. A saber comportarse ante ello, está el contabilizarlos. Antes se medían las madres con crías, pero con la movilidad de los animales, este sistema pierde exactitud. Por eso, en la FOP, con varias universidades, se proponen la utilización de herramientas genéticas.

Por su parte, la Fundación Oso Asturias (FOA) desarrolla un proyecto para evaluar el comportamiento de los oseznos (crías hasta los 17 meses de edad) dentro de los grupos familiares mediante la grabación de los animales. "La facilidad de medios de grabación disponibles hoy amplifica la presencia de la especie en medios y redes, así como el turismo de naturaleza", señala Pepín Tuñón, presidente de la FOA.

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