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Haciendo memoria en el campo de Arnao

"Es muy duro", dicen los familiares de los presos del antiguo centro de reclusión

Fernando García, en el centro, junto a Eugenia Castiello y otros familiares de represaliados, ayer, en la zona de entrada a lo que fue el campo de concentración de Arnao.

Fernando García, en el centro, junto a Eugenia Castiello y otros familiares de represaliados, ayer, en la zona de entrada a lo que fue el campo de concentración de Arnao.

"Es difícil explicar lo que siento. Es muy duro, mi padre estuvo aquí siendo un niño", relata con la voz quebrada por la emoción la gijonesa Eugenia Castiello, que ayer pisó por primera vez el espacio ocupado antaño por el campo de concentración de Arnao. Hoy no hay rastro alguno

El padre de Eugenia, José Manuel Castiello, tiene hoy 93 años y todavía recuerda bien lo que vivió en Arnao, adonde llegó con 13 años. Fueron muchos los miembros de su familia, natural de Peón (Villaviciosa), los que pasaron por Arnao. "Cuando mi padre vino aquí por primera vez le dijeron que no existía ningún campo. Creo que Fernando ha hecho una labor excepcional y que queda ahí para quien la quiera conocer. Lo que existió existió", subraya Castiello. Es un sentimiento compartido por todos los descendientes de los presos de Arnao y para los que es fundamental guardar la memoria y que no se olvide lo que ocurrió.

"Si estas cosas no se cuentan, dentro de veinte años nos olvidaremos que pasó", defiende el langreano Javier García, que rememoró en Arnao los 130 días que pasó su padre, Jesús, en suelo castropolense. "No se trata de abrir heridas, al contrario, se trata de cerrarlas, porque están abiertas todavía y solo se cerrarán cuando lo sepamos todo", añade a su lado Higinio Menéndez, cuya tía, Amada Menéndez, pasó seis meses en Arnao. Este caso fue uno más en la dura represión que padeció su familia.

Fermín Pello, de Piedras Blancas, tuvo un tío y dos primos presos en el campo, aunque sabe muy poco de aquello porque en su casa, como en la de la mayoría de los afectados, "nunca se habló del tema". Es el caso de Feliciano Suárez, cuyo padre, del mismo nombre, estuvo preso en el centro figuerense, pero jamás contó nada. El ovetense Manuel López tuvo más suerte y logró que su tía y sus cuatro primas, naturales de Cangas del Narcea, le contaran sus vivencias, que plasmó en el libro "El puente de la memoria". "Es importante que no se olvide lo que pasó, para hacer justicia con las personas que lo sufrieron y sus familias", señaló.

El figuerense Fernando García detalló la ubicación de los barracones y del día a día de los presos, que, entre otras cosas, fueron obligados a trabajar en la construcción de carreteras. Insistió en la idea de que Arnao fue "un laboratorio, un campo peculiar", pues no solo funcionó en la etapa de la Guerra Civil, sino que, entre agosto de 1939 y diciembre de 1942, fue centro de reclusión de los llamados "prisioneros gubernativos", en su mayoría familiares de huidos.

A la presentación del libro, que se desarrolló por la tarde a través de un coloquio dirigido por el redactor jefe de LA NUEVA ESPAÑA Eduardo Lagar, asistió el expresidente del Principado Javier Fernández, cuyos familiares también estuvieron en el campo.

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