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Andrés Ron, pediatra por Occidente

El exdiputado de Podemos se incorpora al Hospital de Jarrio: “Llegado el caso, no me iré de aquí hasta que tenga un suplente”

Andrés Fernández, “Andrés Ron”, en el exterior del centro, ante la pancarta de “Todos somos Jarrio”, con la que quiso posar. | Tania Cascudo

De diputado por el Occidente a pediatra por el Occidente. O, más bien, por el Noroccidente, ya que el allandés Andrés Fernández, más conocido por Andrés Ron, acaba de recalar como médico en el Hospital Comarcal de Jarrio. Llega después de haber sido cuatro años como diputado de Podemos en la Junta General del Principado (de 2016 a 2019), donde ejerció como responsable en materia sanitaria de la formación morada. El balance de su primer mes en el centro de cabecera del Área Sanitaria I no puede ser mejor: “Está siendo una experiencia muy satisfactoria”.

Tras estudiar la carrera en Oviedo, entre 2012 y 2015 estuvo trabajando como residente en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), centro al que se volvió a incorporar tras su paréntesis en la política. “Fue un lujo poder recuperar un año en un espacio docente valiosísimo como es el HUCA”, expone este profesional, de 34 años. Aprovechó este periodo de reciclaje para especializarse en Urgencias Pediátricas, haciendo rotaciones en el Hospital de Cruces, en Bilbao, y el Materno Infantil Sant Joan de Déu, de Barcelona.

Por el camino, el jefe de Pediatría de Jarrio, Constancio Loza, se jubiló y quedó vacante su plaza, a la que se incorporó el exdiputado. No oculta que, por su especialidad en Urgencias, su meta es regresar al HUCA, pero está encantado de pasar una temporada en un hospital pequeño como Jarrio. Eso sí, avisa: “De aquí no marcho hasta que entre otra persona por mí”.

“Para la gente joven estos hospitales comarcales son superatractivos. Tienen mucha flexibilidad de horarios, y eso te permite dedicar tiempo a estudiar y seguir formándote haciendo rotaciones con otros centros más grandes. Además, haces muchas cosas, desde atender partos a consultas o urgencias. Son puestos muy versátiles”, añade, al tiempo que destaca lo valioso de estar solo ante los problemas, pues es una experiencia que permite un gran aprendizaje. “En los centros pequeños también trabajas más conjuntamente con otras especialidades con lo que eso te permite aprender”, dice.

El exdiputado no abandona su activismo político y pide hacerse la foto junto a la pancarta del colectivo “Todos somos Jarrio”, creado para reclamar mejoras en la sanidad del Noroccidente. “Es un movimiento vital y determinante. Si la población se mueve y reacciona, a los gestores no les queda otra. Creo que, aunque Jarrio llegue a estar en una situación perfecta, debe seguir, porque es la manera de que no se duerman”, expone. En el área de Pediatría en la que trabaja la situación es buena, con tres pediatras a tiempo completo, uno más con un contrato de guardias y dos pediatras de Atención Primaria que hacen guardias. No obstante, explica que no todos los servicios están en la misma situación y cree que hay necesidades acuciantes como cubrir las plazas vacantes de profesionales o renovar el escáner.

Por la información que va recabando de sus colegas concluye que hay “una parte significativa de la plantilla descontenta” y que, “en términos globales, se está precarizando la atención y son muchas las listas de espera que crecen”.

De su experiencia como diputado le queda un buen sabor de boca. Que Podemos lograra un diputado por el Occidente fue todo un hito para su partido y considera que, con su quehacer diario, muy pegado al territorio, motivó que más políticos se animaran a tener más presencia en los concejos. “Sabíamos que era posible lograrlo, pero conseguir el diputado fue muy gratificante”, expone, satisfecho por algunos logros que atribuye a la formación morada, como la atención telemática al ictus. “Fue propuesta nuestra y hoy es realidad. Peleamos en muchos frentes cómo conseguir la UVI móvil del Noroccidente. Sigue pendiente la del Suroccidente, pero seguiremos presionando para que la haya”, añade. Aunque dejó oficialmente la política, sigue siendo combativo y ve necesidades como mejorar la política de personal, ofreciendo más puestos en la plantilla estructural de los centros hospitalarios.

“Normalizar la fala”

De esos cuatro años en primera línea política se lleva aprendizajes como saber bien por qué cauces se resuelven los problemas. También amplió sus conocimientos lingüísticos y, además del asturiano occidental, que hablaba por su origen allandés, se inició en el gallego-asturiano, que ahora usa en sus consultas. “A mis pacientes les choca que les hable en fala y después se sienten supercómodos. Creo que es muy positivo poder dar a la gente la atención en su lengua más cercana, pues tiene una repercusión muy positiva en la relación médico-paciente y ayuda a que entiendan mejor las indicaciones de salud”, dice Ron, defensor de la oficialidad. “En el buque insignia de la Administración pública en el Noroccidente, el Hospital de Jarrio, debe normalizarse que se hable el gallego-asturiano”, apunta. Quiere plantear a la gerencia que se haga una encuesta de satisfacción de los pacientes sobre el uso de la lengua. No es la única idea que tiene: junto a otra colega, quiere proponer el establecimiento de un protocolo de sedoanalgesia intravenosa para la reducción de las fracturas.

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