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Félix Martín

Si el puerto tapiego hablara

Acerca de los servicios multiusos de una emblemática construcción

“Volveremos al porto al ameicer

acarrexando el ouru nas redes ...”

Grupo Bacotexo

Cuando a finales del siglo XIX el sobrino del Marqués de Casariego construyó el puerto de Tapia, estaba lejos de imaginar que se trataría de una obra polivalente. Primero, claro, el uso portuario fue su razón de ser. La villa albergó desde el principio un incesante movimiento pesquero como empuje económico de las conserveras locales, y con una legión de abnegadas mujeres “acarrexando” repletos barreñones de pescado desde los muelles hasta las fábricas del barrio de San Martín. Muchas toneladas de hierro de las minas de Porcía, se embarcaban en el puerto tapiego que se convirtió, al tiempo, en un escenario de abrazos y despedidas, a veces, qué pena, para siempre. La pesca de bajura continuó con gran pujanza, y con una declinación paulatina hasta la actualidad.

Sin embargo, la belleza de esta construcción portuaria tal parece haber sido concebida para que la naturaleza se pose en ella cada tarde, con una puesta de sol tan llena de emociones como de sugerencias artísticas. Hay mucho más. También es una pista de baile en honor al patrono marinero San Pedro, y el lugar ideal para sellar el primer beso de amor a media noche. Es la escuela de las primeras clases de natación en Entreislas, y el espacio para regatistas de competición ante las forofadas venidas de toda la contornada. La esplendidez de esta construcción porteña la ha convertido en el eterno paseo de tapiegos y forasteros, en la pasarela de novedades, estrenos y “sabichadas”. El puerto de Tapia de Casariego es, igualmente, cada 16 de julio, una alfombra floral en honor a Nuestra Señora La Virgen del Carmen, con el reclamo de las sirenas marineras. Es un “xogaral” convertido en guardería infantil, mientras una legión de sedientos se afanan en sabores caipiriñistas.

Desde 1946 hasta la actualidad, este espacio ha sido objeto de numerosas reparaciones y equipamientos (hasta 1999). A día de hoy, y después de más de un siglo de prestaciones tan variopintas como las que trato de describir, el puerto tapiego reclama de nuevo la atención de la Administración para no entrar en la UCI. Suponemos que brillantes ingenieros titulados habrán dado el visto bueno a tales actuaciones, sin embargo, obviar la sabiduría de los viejos lobos de mar de Tapia, podrían convertir estas reparaciones en un simple maquillaje. Y no estamos en carnaval.

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