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¿Tiene Pesoz dos banderas?

La enseña que salió del Ayuntamiento no es la que finalmente se ha hecho oficial

Quien tenga la curiosidad de consultar el boletín del Principado del pasado treinta de abril, podrá conocer la bandera oficial de Pesoz, ese entrañable concejo del occidente asturiano. Pero, si sigue teniendo curiosidad descubrirá que este municipio es también único a la hora de contar con más de un emblema local. El diseño publicado en el diario oficial no se ajusta al aprobado por el pleno del Ayuntamiento -que ya en su día censuré en estas páginas-, ni tampoco, por descontado, fue el que eligieron los expertos en aquella reunión que, hoy sabemos que no fue otra cosa que una especie de aquelarre, para sorpresa de los sabios, porque hoy nos sorprende el Ayuntamiento con un modelo ajeno al seleccionado de entre más de un centenar de proyectos.

La bandera exhibida en el BOPA no tiene escudo municipal, algo que por el contrario sí tiene (a mi modo de ver, impropiamente), el boceto ganador, el cual tampoco fue elegido entre los más adecuados por los técnicos y expertos. Es decir, no solo estamos ante una enseña discutible en propios términos vexilológicos –como decía en este diario hace algunos meses-, sino que tampoco es la bandera aprobada por el Consistorio, lo que resulta de puro evidente a la vista del propio diario oficial.

Llevado por mi inquietud, he permanecido atento a la probable publicación de una corrección de errores del acuerdo aprobatorio de la bandera oficial de Pesoz, para ver si alguien se había dado cuenta del asunto, pero a día de hoy sigue sin aparecer, de modo que Pesoz continúa teniendo dos banderas, una la oficial con las hojas de parra desiguales y sin escudo, y una segunda que es la que su alcalde y equipo de gobierno votaron, en un espíritu de contradicción, con escudo en el medio y sin faltarle las mismas y deficientes trazas.

Es sabido que el poco análisis del hombre, antes de obrar, es causa de frecuentes injusticias, sobre todo porque cualquier resolución precipitada únicamente provoca un fin desventurado. Quiero entender que en este honesto pasatiempo parece que encontraron la manera de dejar impresos sus nombres para la posteridad y la historia, haciendo gala de un diseño caprichoso, impaciente y obstinado. Ahora cabe una pregunta, ¿acaso se persiguió esta fórmula para evitar un probable varapalo por parte de la Real Academia de la Historia al tener que conocer del heterodoxo escudo municipal encajado sobre una bandera? En realidad nunca sabremos la motivación final que ha llevado al consistorio a crear este embrollo, aunque todo lo parezca indicar.

Ni que decir tiene que al fin y a la postre, la bandera que salió del Ayuntamiento no es la que finalmente se ha hecho oficial, por más que quienes han sido responsables de todo este estropicio tengan el cuajo de enarbolar una enseña que no es la que decidieron, salvo –claro está–, que icen dos banderas a la vez, para mayor regocijo popular.

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