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Clave de sol

El injusto menosprecio a la defensa de valores

Sobre el presunto carácter ultra del joven Casado y su partido

Se habla mucho estos días del nuevo presidente del Partido Popular, el joven Pablo Casado, y de su pretendido carácter conservador, palabra que en términos políticos ha adquirido un cierto matiz peyorativo, sobre todo por el uso recurrente e intencionado que del término viene haciendo un amplio sector de la izquierda política.

Y lo es como pretendido sinónimo de inmovilismo y, por ello, opuesto a presuntas mejoras e innovaciones en función de los requerimientos políticos del momento. Benéfico objetivo que, por lógica deducción, se atribuye sin más a los partidos de la izquierda. Con lo cual, por exclusión, se demoniza sin más la posición contraria en el espectro político. Palo al que una derecha más bien vergonzante asiste incluso con un elemento corrector anteponiendo la palabra centro.

La simple observación de la historia de España desde el fin de la dictadura, y aún durante ella misma, junto con el privilegio -si así se puede hablar- que tenemos los mayores de haber vivido ese largo pretérito en primera fila de pista, nos mueve a pensar que los términos conservador y derecha se suelen asociar de algún modo con el egoísmo de las clases privilegiadas.

Y hasta, si se tercia, con los intereses estratégicos de los Estados Unidos. Diría más: con el franquismo puro y duro, esa obsesión necrófila de algunos por falsear y aún demonizar la historia de un ya casi remoto pasado. Este planteamiento, necesariamente esquemático, explica el extendido prejuicio de matizar el término derecha con alguna expresión de carácter paliativo.

El mismo PP es sin duda "popular" para prescindir del sambenito derechista, condición adjetiva ésta que, como dejo dicho, reduce su posible crudeza con la anteposición de la auxiliadora palabra centro. Un centro, en realidad, sin dimensión política comprobable.

El socialismo sanchista en el poder entre nosotros y sus corifeos se afanan estos días en subrayar este carácter supuestamente "facha" del joven Casado y su partido. Con el coro clásico de los medios de expresión afines y empeñados antes de tiempo en clasificar al nuevo presidente del PP como un "ultra" ¡por el afán de rescatar para la derecha los valores de la propia derecha! Es curioso que este propósito de consecuencia llame la atención a cierta izquierda como si fuera una rareza. ¿Dónde está su espíritu democrático?

Pero Casado no es un ultra recauchutado, sino un hombre de su tiempo, alejado de los extremismos, con un manojo de convicciones firmes y absolutamente respetables. Aún somos muchos los que consideramos como valores defendibles que merecen respeto la religión, la protección de la vida, de la familia, de la escuela libre, el patriotismo, la unidad de España, el mérito personal y la libertad de conciencia. ¿Por qué reciben en cambio la descalificación, el desprecio y aún la burla? ¿Qué clase de espíritu democrático es éste?

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