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Francisco García

BILLETE DE VUELTA

Francisco García

Talión en el callejero

Donde las dan, las toman. El Ayuntamiento de Madrid ordena, con el voto de la derecha variopinta, retirar el nombre de las calles de Largo Caballero e Indalecio Prieto. Para los tirios se trata de "personajes siniestros de nuestra historia"; para los troyanos, al contrario, de "defensores de la libertad y la democracia". Hombres a fin de cuentas, hijos de su época.

Cuando una ley como la de Memoria Histórica en lugar de restañar viejas heridas ayuda a reabrir las cicatrices, cabe preguntarse si es necesaria o solo enciende afrentas. En el año 82 causó enorme revuelo en Gijón que el Ayuntamiento, con mayoría de izquierda, eliminara a Calvo Sotelo y a Vázquez de Mella del callejero. La avenida de los Héroes del Simancas pasó a denominarse de Pablo Iglesias, que con Carlos Marx y Manuel Llaneza conforman una arteria principal del casco urbano. Imaginen que en las próximas elecciones se produce un vuelco en la representación municipal, y a la derecha, atendiendo los dictados de Talión, le da por rehacer a su gusto el callejero, llevándose por delante de un plumazo a los tres citados junto con Dolores Ibárruri, Rosa Luxemburgo, Julián Besteiro y las Brigadas Internacionales.

Y que cuatro años después, un alcalde ateo expulse del nomenclátor a Juan XXIII, San Ignacio, el Sagrado Corazón o Ave María; o un mandatario negacionista de la ciencia eligiera a Miguel Bosé para sustituir en los rótulos a Marie Curie. O, a mayores, que una Corporación asturianista retirara los honores callejeros a Corín Tellado. O dándole la vuelta a la tortilla ideológica, que un regidor enfrentado a la cooficialidad extirpara de las placas a Pachín de Melás.

Lo que vivimos es una prueba más de la odiosa polarización del país, camino de una batalla ideológica plaza por plaza, calle por calle.

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