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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

El panadero y el barro

En una visita a Cangas del Narcea, el presidente del Principado topó con la panadería Manín, regentada por un chaval joven y su novia. El panadero le dijo a Adrián Barbón: “A mí me gusta que los políticos pisen barro”. Y Barbón, según él mismo cuenta, decidió que hay que pisar barro para no perder conexión con la realidad, que la política se hace en la calle como el periodismo en las tabernas, dos actividades esenciales que deberían huir de la moqueta. Por contar detalles como éste y alardear de seguidores, en el barrizal de la vía pública y en el río revuelto de las redes sociales, a Adrián Barbón el rival y enemigo íntimo popular le tacha de populista. El presidente del Principado, cristiano de confesión, parece preferir sin embargo encaminarse por designios vaticanos: en el libro “Papa Francisco. Latinoamérica” (Planeta 2017), Bergoglio distingue entre “popular”, el político que “logra interpretar el sentir de un pueblo”, y “populismo”, ejercicio que practican los mandatarios avezados “en la habilidad de instrumentalizar al pueblo”. Ahí surge el dilema: ¿es Barbón popular o populista? Y, es más: el acto de contrición personal en la extensa entrevista publicada el domingo en este periódico, ¿tiene su origen en el concepto de culpa heredado de la tradición judeocristiana? Si es así, conviene a Asturias que Barbón no ponga, al primer bofetón, la otra mejilla.

Como quiera que sea, al jefe del Ejecutivo regional le duele Vox, que a su partido beneficia para meter los perros en danza al PP y mantener prieta las filas, y le duele también la izquierda. La parte izquierda de la espalda, me refiero, dolor que le obligó a acudir empastillado al último debate sobre el estado de la región y a pedir cita con el fisio. La culpa –otra vez la culpa– es de la cama estrecha del apartamento de Presidencia.

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