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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La revolución en la pizarra

Anuncia el Rector una “revolución pedagógica” en la inauguración de un “aula de futuro” en la Facultad de Formación del Profesorado. Uno se imagina, al tanto, un cambio sideral en el modelo formativo del “alma mater” universitaria. La revolucionaria propuesta consiste en dos pizarras inteligentes (hay decenas de ellas ya en centros de enseñanza de la región), treinta ordenadores portátiles (¿qué colegio no dispone de alguno?) y ocho equipos de realidad virtual. ¿Cuántas pizarras, portátiles y realidad aumentada harían falta para modernizar los equipamientos docentes de una entidad cuyo presupuesto está en manos de la Administración regional?

Habitamos “smart cities”, nuestros hijos estudian en “smart universities”, nos comunicamos a través de “smart phones”, guiamos nuestras horas con la vista puesta en la esfera de “smart watches”, pero nos encontramos a una distancia sideral de formar ciudadanos que encajen en el concepto de “smart people”. Resulta loable el empeño del rector Villaverde en su propuesta de ser “revolucionarios en la forma de transmitir los conocimientos”, pero ¿no habría que empezar la obra del nuevo edificio universitario por los cimientos y no por el mobiliario? ¿Y si en vez de aulas y pizarras inteligentes nos embarcamos en una selección inteligente del profesorado, poniendo freno a la secular endogamia universitaria, y en el desarrollo de un alumnado inteligente en lugar de remesas de estudiantes adocenados?

La clave del emprendimiento de un país no pasa tanto por disponer de “smart universities” como por alentar modelos educativos que procreen ciudadanos bien formados. ¿De qué sirven las ciudades inteligentes si están gobernadas por mediocres que patrocinan leyes de educación que favorecen una ciudadanía falta de creatividad y de análisis crítico?

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