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Cualificación contra la frustración formativa

Una oferta a la búsqueda de un pacto social necesario para reenfocar las políticas de formación

La globalización y la transformación digital están modificando el panorama demográfico y de distribución del talento. Empresas y trabajadores deben responder al cambio, desarrollando nuevas habilidades, capacidades y conocimientos. Por ello, la formación ya no es algo que solo se da en una etapa, sino que continuará a lo largo de toda nuestra vida laboral y nuestros jóvenes ocuparán puestos de trabajo que hoy aún no existen. Por tanto, no asistimos solo a un problema de las empresas, sino de la sociedad.

En este contexto, Asturias debe transformar la formación para asegurar el camino de la recuperación tras la pandemia, acabando con la frustración derivada de la falta de cualificación para los empleos que se requieren hoy en esta transformación. Debemos devolver a los jóvenes la ilusión por el futuro.

A corto plazo, es esencial que potenciemos ya la formación profesional. Actualmente el 35% de los españoles entre 25 y 34 años abandonan sus estudios al finalizar la ESO, frente al 15 % de media de la UE; mientras, tenemos un porcentaje de universitarios similar a Francia o Alemania. Existe, además, una alta correlación negativa entre paro y nivel de formación; así, los jóvenes que solo terminan la ESO tienen una tasa de desempleo 15 puntos superior a los que cursan FP o universitarios. Una verdadera formación profesional dual, en la que se combine formación en las aulas y en las empresas, avanzaría en la solución del problema.

En segundo lugar, es imprescindible una relación más fluida entre centros educativos y empresas para que los conocimientos se completen con habilidades –comunicativas, digitales, etc.– y algún acercamiento a la experiencia laboral, que les serán muy útiles durante toda la vida profesional.

En tercer lugar, la Universidad debe ajustar su oferta a los perfiles y habilidades demandados por las empresas, hoy y para los próximos años. Una propuesta que no plantea que la Universidad pierda su esencia a una formación integral, sino simplemente que no actúe de espaldas a la empleabilidad. Muchos titulados universitarios jóvenes sienten frustración por tener trabajos por debajo de su titulación, mientras que ya hay carencia de titulados en sectores de crecimiento, fundamentalmente en torno a las materias STEM. La demanda empresarial de estos titulados aumenta un 14% anual, mientras que los nuevos matriculados en estos perfiles disminuyen en nuestro país un 3,3%. La Universidad debe ofrecer grados acordes con estas necesidades; el nuevo grado de Ingeniería de Datos de la Universidad de Oviedo es un buen ejemplo, pero necesitamos más impulso, más plazas e implantar la formación dual universitaria para que los jóvenes puedan tener mayor contacto con la empresa desde el primer momento.

También es imprescindible mejorar la orientación en los colegios, enfocada hacia las capacitaciones de cada persona hacia el empleo, reforzando la figura del orientador y completándola con experiencias empresariales y profesionales que pueda servir de modelo a los jóvenes; especialmente en profesiones donde no abundan los referentes, como en el caso de las mujeres en las áreas tecnológicas o de matemáticas.

Asimismo, la formación debe prolongarse a lo largo de toda la carrera profesional y no ser cosa solo de jóvenes. Debemos ayudar a que las personas receptoras de la prestación por desempleo o el salario social puedan recapacitarse, reincorporándose al mundo laboral. El mercado muestra que hay sectores que, por cambios tecnológicos o de demanda, necesitarán menos mano de obra y otros que la incrementarán. Es imprescindible que los trabajadores estén dispuestos a adquirir nuevas habilidades, a cambiar de trabajo o de sector. Deben tener la oportunidad y el derecho de formarse, pero también la obligación de hacerlo si están percibiendo una prestación pública, porque la finalidad ha de ser la reincorporación al mundo laboral.

En definitiva, estamos ante un momento determinante de nuestro futuro, con grandes retos por delante. En Asturias contamos con muchas cosas a favor (cultura industrial, ecosistema universidad-parque tecnológico, y un entorno natural único que nos hace un lugar atractivo para vivir), pero la competitividad dependerá de nuestra capacidad de formar, atraer y retener talento. Las empresas debemos poner de nuestra parte y ser atractivas para nuestros trabajadores –sobre todo para los jóvenes–, siendo flexibles y apostando por su formación. Es una tarea de todos lograr un pacto social para que las empresas podamos ser sostenibles y ofrecer a los jóvenes un futuro mejor. El empresariado, a través de FADE, se ofrece para alcanzar un acuerdo; pues el mayor coste de no lograr este necesario consenso es perder las oportunidades que nos ofrece el mundo que viene.

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