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Mar Norlander

Crítica / Música

Mar Norlander

Una experiencia hipnótica

El Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón se consolida un año más como referente a nivel mundial con un desfile de propuestas vanguardistas que avanzan por donde van los tiros en cuanto a sonidos e imágenes. Las tres performance que tuvieron lugar en el Teatro de la Laboral en la tarde del sábado no obtuvieron el mismo resultado en cuanto a aceptación, aún así cada una por individual sirvió para que el público se planteara un montón de preguntas y esa es una de las finalidades de cualquier festival que apueste por la creación.

La canadiense Cadie Desbiens-Desmeules y el japonés Tetsuji Ohno presentaron “Influenced”, una performance en torno al uso de las redes sociales y el auge de la inteligencia artificial, a través de una selección de múltiples imágenes (sobre una base de sonidos abstractos) que nos invaden día a día y sobre las que es necesario hacer una reflexión. El resultado no fue tan atractivo como se esperaba.

Más éxito tuvo el saxofonista y compositor canadiense Jason Sharp con la presentación de su tercer disco “The Turning Centre of a Still World”, creado junto al cineasta experimental Guillaume Vallée. En esta propuesta apreciamos la dificultad de extraer las notas de un saxo barítono mientras Sharp experimentaba con sonidos generados por su propio cuerpo mediante mecanismos electrónicos adheridos a su corazón para generar bits sonoros. Físicamente alteraba los latidos mediante movimientos forzados que interactuaban con los sonidos acústicos y los electrónicos producidos a base de pedales, loops, sintetizadores y samplers. La performance pecó un tanto de larga pero, sin duda, una experiencia muy interesante. De hecho, parte del público llegó a sudar por empatía con Sharp.

La propuesta del estudio de investigación audiovisual “Playmodes” y su “Forms-String Quartet” fue la que se llevó la mayor ovación y la que más impacto causó. Santiago Vilanova, alma máter del espectáculo, ideó una obra visual y sonora cuyo atractivo va a la par que la dificultad. Se trata de un sistema compositivo basado en la síntesis de espectrogramas con un gran avance: permite crear partituras gráficas para instrumentos acústicos que son interpretadas en directo por músicos profesionales, en este caso un cuarteto de cuerda, en combinación con sonidos electrónicos. Todas estas ideas tuvieron que convertirse previamente en algoritmos matemáticos para poder visualizarse en una gran pantalla. Además, Vilanova tuvo en cuenta las tesituras y las características de cada instrumento para que el resultado fuera espectralmente óptimo.

Otro de los aciertos de esta obra es que, a diferencia de un concierto de estreno al uso, los espectadores saben lo que va a sonar con antelación a través de una gran pantalla, puesto que cada instrumento está representado por un color y las líneas de sonido correspondientes asoman por la derecha de la pantalla con múltiples combinaciones y formas y se hacen efectivas al alcanzar una línea vertical situada en la zona izquierda. Por lo tanto, nos anticipamos al sonido en sus cuatro parámetros. Pero para que esto ocurra con resultado óptimo hace falta que los cuatro intérpretes sean precisos y dominen su instrumento a la perfección, es decir, músicos de gran nivel. Y en esta ocasión la selección de Santiago Vilanova fue el “Ensemble 4.70”, un cuarteto de cuerda formado por Marta Martínez (violonchelo), David Roldán (viola), Gits Sapietis (violín) y Marina Gurdzhiya (violín) que ejecutaron la creación de Vilanova con precisión milimétrica. Cuatro grandes músicos afincados en Asturias con una gran técnica y una cabeza bien abierta para interpretar una partitura un tanto alejada de su modus operandi habitual.

Tan solo veinte minutos duró esta magnífica performance y durante ese tiempo todas las miradas estaban fijadas en la pantalla para seguir la experiencia sonora como si se tratara de una sesión de hipnosis. Sin duda, la propuesta de Santiago Vilanova fue un gran acierto y también, sin duda, seguir apostando por el LEV es uno de los mayores aciertos de Gijón.

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