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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

De picos pardos

El presidente del Principado mantuvo esta semana una reunión en las alturas. A la vista de los beneficios de sístole y diástole que le propició el maratón ministerial, el Abebe Bikila asturiano, el Paavo Nurmi de Laviana decidió imitar a Juanito Oyarzábal, ejercitarse en el montañismo e irse de picos pardos al Macizo Oriental con el mandamás de Cantabria de sherpa.

Algo tiene que ver Barbón en Revilla, que más que su hermano parece su abuelo, para seguirle las chanzas hasta los puertos de Áliva y hacerle los coros en el "Xilguerín parleru". O puede que le haya dado un viento del Norte o ese airín de les castañes que es el viento de los aventados. ¿Qué réditos políticos obtiene el líder de los socialistas asturianos de esta entente cordiale persistente con quien ya ejercía el populismo cuando Maduro era un bebé de teta? Como no sea el sincero agradecimiento por la publicidad gratuita que el cantabrón hace del colega asturiano en cada periplo televisivo, poniendo al asturiano a la altura de Pedro Sánchez, no se entiende ese interés en beberle los vientos...

Esta semana hizo Barbón balance de tres años de legislatura autonómica y sorprendió a la concurrencia con una conclusión gloriosa: "Soy el político asturiano que mejor conoce la realidad de Asturias por mi condición de presidente". Tal aseveración admite diversas interpretaciones: ¿es presidente de Asturias porque conoce mejor que nadie la realidad regional; o la conoce mejor que nadie por el hecho de ser presidente? La cuestión no es baladí, pues si aceptamos la primera opción cabría pensar que para convertir a alguien en mandamás autonómico habría que someterle antes a un extenso examen de asturianía, en concurrencia con otros aspirantes. De optar, sin embargo, por la segunda posibilidad, cabría pensar que por el hecho de ser el presidente se tiene el mejor conocimiento de la región. De lo cual se deduce que, si el tonto del pueblo fuera elegido para tal desempeño, vendría ungido, en razón del cargo, de una inmensa sabiduría. Y esa posibilidad solo se explica mediante la intervención del Espíritu Santo.

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