Opinión

Amnistía, sí; mediador, no

La democracia y sus agoreros

La amnistía a Puigdemont es una bendición para salir del atolladero electoral, la figura del mediador humilla a la democracia. Las virtudes del perdón selectivo vienen avaladas por la hostilidad de los jueces que no se escandalizaron ante los ricos amnistiados fiscalmente, pero que aventuran ahora "el fin de la democracia". La mala noticia para los conjurados es que el régimen democrático sobrevivirá a los togados que no saben defenderlo. De hecho, los miembros prescritos del Consejo General han demostrado que carecen del mínimo conocimiento del sistema que les reserva sus mejores sueldos. Dicho de otra forma, si la democracia está resistiendo a los agoreros que suspiran por su extinción, también puede afrontar una amnistía con excelentes perspectivas.

Suerte que Sánchez se ha inventado una amnistía en la que no cree como buen madrileño, porque esta vía tortuosa y excepcional impedirá que se instale la convicción de que Felipe VI es incapaz de nombrar un candidato a La Moncloa con un mínimo de posibilidades. Es Puigdemont quien se somete al veredicto de las Cortes españolas, y el perdón a los independentistas extintos camuflará de paso la incapacidad de Feijóo para encontrar un solo socio. Nadie quiere jugar con este niño.

En cambio, el pomposo mediador es intolerable, un Estado moderno no admite injerencias de pseudoexpertos. Se pueden ahorrar el sueldo de un sueco, nativo del país con más mujeres muertas por violencia de género, que se comprará un apartamento en la playa por el mérito innegable de soportar a Junts. O de un finlandés, ilustre ciudadano de la nación que compite con Estados Unidos en asesinados por arma de fuego. Aunque a menudo no lo parezca, y la investidura de Leonor de Borbón Ortiz ofrezca momentos de estupefacción, España es un país adulto a la fuerza y capaz de suturar o supurar heridas sin someterse al provincianismo de un Mister Marshall . Que negocien los españoles Sánchez y Puigdemont, dado que poseen los votos otorgados el 23J, la fecha que selló el fracaso y por tanto la derrota de la derecha. Al intermediario que lo envíen a Palestina, en primera línea a ser posible.