Opinión

Un reto mayor que construir la Variante

Variante de Pajares.

Variante de Pajares. / Miki López

Asturias acaba de abrir una nueva puerta al exterior cuyas potencialidades, bien aprovechadas, pueden hacerla llegar muy lejos. Las grandes infraestructuras, de la carretera de Castilla para diligencias a la autopista del Huerna para coches, de la línea de vía estrecha por la costa a la autovía Transcantábrica, representaron en sus respectivas épocas un gran avance. Pero sin definición sobre los objetivos complementarios a conseguir con ellas, su aportación para revitalizar la actividad y contribuir a la riqueza regional quedará disminuida. Eso no puede ocurrir con la ­Variante.

Desde la inauguración del AVE a Sevilla, el primero de España, ninguna otra línea de alta velocidad había despertado tanta expectación como la de Asturias. La curiosidad de miles de ciudadanos por conocer el sofisticado artefacto que hace hincar la rodilla a un gigante, la cordillera Cantábrica, seguirá llenando durante muchos días los convoyes. Aunque si el impacto se reduce al final solo a esto, vivir una experiencia novedosa y viajar con mayor comodidad, el esfuerzo no habrá merecido la pena. Con la puesta en servicio de la infraestructura, los asturianos y sus dirigentes tienen ante sí un reto superior al que supuso construir la Variante: convertirla en el gran motor de la economía regional y en un aliciente fundamental para atraer talento, conocimiento e inversiones.

Los pasos de Pajares dan pie para pensar un sistema distinto de transporte que consolide un amplio radio de acción de la economía asturiana y extienda su mercado: incrementar la riqueza y el bienestar colectivo, esa es la misión

La radical transformación que representan los pasos de Pajares da pie para organizar un sistema distinto y sostenible de transporte, en especial para mercancías, que consolide un amplio radio de acción de la actividad asturiana, extendiendo sus mercados con productos más competitivos. Incrementar la prosperidad y el bienestar colectivo, esa es la misión. La continuidad de los trabajos todavía pendientes va a poner a prueba la autoridad y capacidad de influencia del Gobierno de Adrián Barbón y el grado de compromiso político con el Norte del de Pedro Sánchez. El miércoles en Oviedo todo fueron buenas palabras y guiños en esa dirección. La experiencia demuestra que en España, el reino de la improvisación, las alternativas provisionales o abiertas en precario demasiadas veces acaban como definitivas. Ahí les toca por ejemplo a los gijoneses seguir penando con una estación impropia proyectada como transitoria.

La actualización de la vía a partir de Pola de Lena y hasta el final de la línea, para adaptarla al siglo XXI, adquiere carácter de máxima urgencia. No es de recibo que, entre las dos grandes ciudades asturianas, Oviedo y Gijón, los convoyes –los de alta velocidad, pero también el resto– sigan invirtiendo casi media hora por la saturación de tráficos y deficiencias nunca corregidas. Sin resolver el problema del nudo de Villabona, en Llanera, incomprensiblemente demorado, Avilés y la Zalia quedarán descolgadas, y la conexión del área metropolitana, resentida. Y aún está pendiente en León el tramo de La Robla, paralizado por un conflicto vecinal y que obliga a los trenes de Asturias a circular muy despacio por la zona.

Los dos grandes tubos de Pajares no persiguen únicamente beneficiar a un millón de asturianos. Constituyen una obra de país y como tal, necesitan vincularse al Corredor del Noroeste para conectar con el centro de España. El modelo de transporte ferroviario combinado con el marítimo gana terreno por su sostenibilidad y menores emisiones, y va a determinar numerosas claves de la planificación de la Unión Europea durante las próximas décadas. La Variante y los puertos de El Musel y Avilés conforman en este sentido una unidad. Ambas bocas marítimas tienen virtudes con las que ganarse la condición de salida hacia el Atlántico y lanzadera logística, nexo comercial, de un área que reúne en estos momentos un vigor y pujanza extraordinarios: Madrid y alrededores.

Discusiones absurdas en el pasado fundamentadas en aspectos técnicos –anchos, traviesas o polivalencia de las vías– únicamente contaminaron la obra a costa de ralentizar su avance. Ahora, tras la inauguración, los políticos amagan con insistir en los viejos errores de utilizarla como ariete partidista. Unos, los que cortaron la cinta, mirando hacia atrás con prejuicio para resaltar de sus predecesores de signo contrario lagunas de gestión. Otros, los que la pusieron en marcha y no pudieron terminarla, desprestigiando el logro y azuzando el agravio como punta de lanza.

En vez de sentarse a debatir un plan estratégico con el que convertir muy pronto en realidad todas las actuaciones por cometer, vuelve el fango fútil de los reproches por un puñado de votos. No es eso. Una variante mental habría que construir en Asturias para abrirse a las ideas positivas cuando surgen de verdad oportunidades históricas con las que cambiar el rumbo. Menos demagogia y más altura de miras. Por el bien de los asturianos.